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Pudor

Víctor Hugo Ghitta

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LA NACION
Martes 22 de agosto de 2017
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En las redacciones se aguardó hasta última hora, anteanoche, una fotografía del avión hundido en el Delta. Era el testimonio gráfico del tema del día. Los editores tienen un olfato invencible: sabían (saben) que una imagen de la tragedia iba a satisfacer la sed del lector. A veces, esa voracidad -la de lectores y editores, que a fin de cuentas comparten ese sentimiento tan humano que es la morbosidad- traspone todo límite razonable.

Curiosamente, en las horas que siguieron el descubrimiento de los restos de la nave en un pantano, un absoluto hermetismo rodeó ese hallazgo. La jueza a cargo de la investigación, Sandra Arroyo Salgado, decidió que no se distribuyera ninguna foto de los trabajos de peritaje. Hay en ese gesto de sobriedad una marca autobiográfica. Cuando, en enero de 2015, se conoció la noticia de la muerte de Alberto Nisman, ciertos medios multiplicaron imágenes que lesionaban su intimidad al mostrar el cuerpo ensangrentado del fiscal; después, en tren de desprestigiarlo, se distribuyeron fotos de su vida íntima en situaciones inesperadas para su investidura. Arroyo Salgado es la ex mujer de Nisman y madre de sus hijas, y en esa condición cuestionó públicamente esa impudicia. El pasado, casi siempre, nos acecha.

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