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La alerta ciudadana, un reflejo clave en momentos críticos

Martes 22 de agosto de 2017
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MADRID.- Hacía tiempo que no tenía que ejercerlos. Trece años, desde la última vez. Pero, posiblemente, décadas de terrorismo de distinto signo le dejaron los reflejos marcados en la genética social.

Lo cierto es que la sociedad española tiene dos reacciones notables ante cada hecho de terrorismo.

La primera, son marcadamente solidarios. Es un reflejo automático. Nadie tiene que pedirlo: en el acto, apenas se conoce la noticia, corre la gente a donar sangre en los hospitales. Sabe que hará falta. Es conmovedor verlo: llegan ordenados, listos, deseosos de dar algo.

La otra es la disciplina. Las consignas se acatan a rajatabla. Si hay instrucciones de la policía, se toma nota y se las respeta. Entre ellas, la de ayudar en la pesquisa.

Desde que esto comenzó, el jueves pasado, se recibieron más de 300 llamadas al teléfono de emergencia abierto para dar "pistas concretas".

Fue ese tipo de reacción la que ayer permitió la cacería del prófugo Younes Abouyaaqoub. La alerta ciudadana fue paralela al hecho de que, por coincidencia, dos policías también lo hubieran visto.

Pero para ellos también fue casual y, de no haber estado, la alerta ciudadana igual hubiese aportado lo suficiente.

Parece simple. Pero, a esta hora, los analistas coinciden en que esa respuesta ciudadana es fundamental para acotar los efectos del llamado terrorismo low cost.

Ese que se apoya en escasos recursos. En herramientas tan comunes y corrientes que hacen difícil detectarlo. En este caso, una camioneta y un conductor. Frente a cosas tan básicas, el estar alerta es casi el arma principal.

En sentido contrario a lo que ocurrió "después" de la matanza en La Rambla está lo que no se detectó "antes".

Adoctrinamiento

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Esto es, el adoctrinamiento fanatizado de un grupo de jóvenes en un pueblo pequeño. De jóvenes, además, bien integrados. Que daban toda la impresión de estar felices.

El hecho de que "nadie se hubiese dado cuenta" sigue estando entre las dudas de una operación que se da por cerrada, pero que aún tiene mucho que aclarar. La historia, al contrario de lo que podría creerse, no está completa.

A la pericia con la que fueron capaces de dar con los doce responsables inmediatos del caso, a los Mossos d'Esquadra hay que reconocerles algo más: el orden con que informaron.

Hubo un solo vocero: el jefe de la fuerza. Fue, además, un vocero técnico. Que explicó lo que ocurría en cada caso sin entrar en versiones, rumores o consideraciones políticas.

Quedará para otro debate el hecho de que diera sus informes primero en catalán.

Pero, superado con notable éxito el terreno de los hechos, llega la etapa de las otras dudas. Las más difíciles. A saber: cómo pudo pasar esto, cómo es que ocurrió, cómo es que no hubo alertas. La fase más compleja. La que intenta dar con explicaciones.

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