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La familia del piloto anticipó que iniciará acciones legales

Niega que Matías Ronzano haya tenido la culpa de la caída del avión; cuestiona el trato de las autoridades

Martes 22 de agosto de 2017
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PARA LA NACION
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Ángela Barbero, la mujer del piloto
Ángela Barbero, la mujer del piloto. Foto: LA NACION / Santiago Hafford

LINCOLN.- Los familiares de Matías Ronzano, el piloto del avión que fue hallado el sábado tras 26 días de búsqueda, no se quieren callar. Aseguran que llegarán hasta las últimas consecuencias. Su abogado, Mariano Lizardo, les adelantó que iniciará acciones legales contra quienes se dictamine que fueron los responsables de la caída de la aeronave.

"El abogado nos planteó desde un primer momento que, si esto era un accidente, hubo mucha negligencia", explicó a LA NACION Ángela Barbero, la mujer de Ronzano. Ella sabe de aviones. Dice que no es posible que porque se rompa el transponder el avión se caiga. Muchas veces acompañó a Matías en los vuelos. Ahora, no quiere salir de la casa.

Come poco, duerme poco. Su madre empieza a hablar y se indigna. Hay teorías que no puede creer. Llora y fuma, intentando aliviar algo de tanto dolor. Se fue a vivir con su hija y su nieta estos días. Falta poco para que la beba cumpla un año. Quieren festejárselo igual, porque es lo que Matías querría.

"Todo el mundo está diciendo que el avión se cayó porque Matías no sabía manejarlo. Y no es así. Vamos a llegar hasta las últimas consecuencias para limpiar el nombre de mi cuñado", insistió Franco Barbero, hermano de Ángela.

"Lo que me dijeron es que sacaron una montaña de fierros, que no se puede distinguir nada. No creo que haya ningún rastro de nada. Uno la esperanza igual no la pierde", agregó. Lo cierto es que aún no recibieron ningún comunicado oficial sobre el hallazgo de los cuerpos de los pilotos. Lo leyeron en los medios. Hasta ayer les seguían llegando mensajes de videntes al celular en los que dicen que los ven vivos. A Matías; al copiloto, Emanuel Vega, y al pasajero e hijo del dueño del avión, Matías Aristi.

Todavía sospechan sobre la presencia de un cuarto tripulante; les parece extraño que no funcionara nada en el avión de repente. "Es muy raro que les haya fallado todo. ¿Cómo hacés para que te falle todo en 15 minutos? Es demasiado para creérselo", insistieron los familiares. Y aseguraron que alguien va a tener que hacerse cargo.

Ángela llegó anteayer a la mañana con su hija de 11 meses a la casa de su hermano. No fue al aeropuerto de San Fernando, desde donde despegó el avión LV-MCV el 24 de julio, ahora devenido en base del operativo que lidera la jueza federal Sandra Arroyo Salgado. Allá quedaron el padre y el tío de Matías.

Antes del hallazgo del sábado, recordó, toda la información se transmitía por "papelitos", es decir, comunicados. Hasta que anteayer "pusieron todos la cara, los del comité de crisis, Pamela Suárez [presidenta de la Junta de Investigación de Accidentes de Aviación Civil] y Juan Irigoin [director de la Administración Nacional de Aviación Civil], pero antes nunca salieron a decir: «Estamos buscando de esta manera». Eran todos papelitos", contó, enojada, en la casa de Franco.

Cambio de actitud

Y ahondó: "Todos los familiares estaban desde el día uno en el bar del aeropuerto y de repente ayer le ofrecieron a cada familia un hangar, estaba la policía controlando quién entraba y quién no. Nunca lo habían hecho. De repente era otro mundo: un aeropuerto controlado".

Tampoco le gustó la forma en que le comunicaron el hallazgo del avión, cerca de la confluencia de los ríos Paraná Guazú y Barca Grande. El secretario del juzgado la llamó una hora y media después del hallazgo del avión y le dijo: "¿Te enteraste? Lo siento mucho". A los familiares que estaban en San Fernando, supo después, les dijeron que si lo hubieran encontrado a los tres días quizá los hubieran encontrado vivos. Ángela pidió "un poquito de tacto". La familia hablará hoy con el abogado para determinar qué acciones legales iniciarán.

En la entrada de la casa hay una foto de su marido con su beba. El cuarto tiene la luz apagada y una vela blanca ilumina el retrato de Ronzano. Estuvo así, prendida, desde el primer día. "Todo este tiempo que pasó a uno le fue incrementando la esperanza de encontrarlos con vida. El día que se cayó el avión, yo me vine de Córdoba con la idea de que venía a buscar a mi hermana y nos íbamos para Buenos Aires a ver los cuerpos. Y desde ese momento hasta hoy pasaron 28 días", contó el cuñado de Matías. Ahora, sólo desea que su hermana pueda hacer el duelo.

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