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La desconfianza aflora entre la policía nacional y la catalana tras el atentado

En Madrid consideran que falló la valoración del estallido del chalet que tenía bombas; toman declaración a los detenidos

Miércoles 23 de agosto de 2017
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LA NACION
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MADRID.- "Yo no quería hacer daño a nadie. Pero el imán nos decía que inmolarse es bueno."

Eso dijo ante el juez uno de los integrantes de la célula terrorista que causó muerte y destrucción en Cataluña y cuyos principales sobrevivientes ayer quedaron en prisión tras haber confirmado que la idea era un ataque "mucho más devastador".

Al cumplirse casi una semana del feroz ataque que dejó 15 muertos, la exitosa desactivación del comando derivó en un inusitado cruce de reproches entre la policía nacional y la autonómica de Cataluña.

"Por cuestiones políticas se puso en riesgo la seguridad nacional", denunció la principal agrupación de la Guardia Civil y de la Policía Nacional.

El duro comunicado pone en duda la escenificación de la unidad y de la colaboración de la que hablan los gobiernos nacional de España y autonómico de Cataluña, y reflota, del peor modo, la tensión separatista entre ambos. "Si se hubiese investigado bien, se debería haber llegado a la conclusión de que se preparaba un ataque terrorista", pero no nos dejaron pasar, sostiene la asociación que defiende los derechos de las fuerzas nacionales.

Los policías aportan grave evidencia en aval de lo que es uno de los principales reproches: si los catalanes hubiesen valorado correctamente el estallido del depósito donde los terroristas guardaban su explosivo, la matanza que le siguió "se hubiese evitado".

"Estamos ante un problema serio. La colaboración no ha funcionado correctamente. Hay que establecer protocolos claros", reclamó el titular de la asociación policial, Juan Fernández.

Lo que subyace es el celo entre Barcelona y Madrid, y la desactivación del comando fue un logro que la policía autonómica se puso en el pecho y no comparte con nadie.

"Se quiso mostrar la imagen de un Estado catalán autosuficiente y de no haber sido así la matanza se hubiese evitado", aseguraron policías y guardias civiles.

La acusación apuntó, sobre todo, a la errónea valoración que la policía catalana hizo del estallido del chalet donde el comando almacenaba su explosivo.

Fue después de perderlo cuando los terroristas optaron por un atropello masivo. Pero, pese a que era un arsenal, los Mossos no sospecharon.

"Hacer ese reproche es miserable", había anticipado días atrás el jefe de los Mossos, Josep Trapero.

Más de una vez se le preguntó cómo pudo ocurrir que su fuerza confundiera el estallido de semejante arsenal con un caso de narcotráfico y que no encendiera la más mínima alerta terrorista. El debate cobró ahora fuerza institucional.

"Es injusto excluir a otras fuerzas que también se juegan la piel por la seguridad de todos", dijo la vocera regional de Ciudadanos, Inés Arrimadas, al cuestionar el hecho de que el Parlamento catalán haya honrado ayer exclusivamente a los Mossos.

El cruce de reproches no cuadra con la idea de unidad que se quiere transmitir desde las dos instancias de gobierno, la nacional y la regional, y abre interrogantes sobre la evolución de todos los flecos y puntos oscuros que aún pesan sobre lo ocurrido.

Por lo pronto, el juez de la Audiencia Nacional, Fernando Andreu, dispuso la prisión preventiva de dos de los detenidos.

Se trata de Driss Oukabir, que fue el primero en ser identificado, y de Mohammed Chemlal, el joven español que sobrevivió al estallido del chalet de Alcanar. Su testimonio viene siendo vital en la pesquisa.

A los otros dos, el dueño del Audi negro con el que se quiso cometer el segundo atropello, en Cambrils, y el dueño del locutorio al que acudían los terroristas, los mantiene libres, pero a disposición.

De todo lo que viene contando el español Chemlal, sobre todo, se sabe ahora que el comando había aprendido a armar bombas por Internet y que, incluso, quiso copiar las que usaron los terroristas en la maratón de Boston, donde sumaron clavos como metralla para hacer más daño aún.

Entre todo lo que falta determinar figura el sentido del fugaz viaje a París que el comando hizo poco antes del ataque del jueves pasado. Tampoco hay pista aún sobre qué sucedió en los cuatro días en que Younes Abouyaaqoub, el autor de la masacre, estuvo prófugo.ß

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