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Los vencedores y los vencidos

Pablo Gianera

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LA NACION@gianera
Miércoles 23 de agosto de 2017
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Foto: AFP / Mladen Antonov

No miran los celulares -como todos los que viajan en colectivos, subtes y trenes-, pero tampoco miran por la ventanilla. A veces es mejor no mirar en ninguna dirección. El paisaje urbano es en cierto modo un espejo: según en qué punto (en qué pared, en qué afiche, en qué fetiche de papel) se fije la mirada resultará un autorretrato del que va de un lado al otro. Hay días en los que miramos las paredes de fachadas gangrenadas y vemos un reflejo de quienes somos en ese minuto, o más bien, con un perfil optimista, aquello justamente que no somos entonces. Pero los que van en el tranvía de Rostob-on Don, ciudad del sur de Rusia, prefieren no mirar por la ventanilla. La felicidad de los que promocionan en la pared el próximo Mundial de fútbol (de resultado incierto, como debe ser) se ve como el negativo de la grisura del viaje al lugar conocido, demasiado cierto. Pero ya lo dice el tango: la propaganda manda cruel en el cartel.

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