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La hermana del piloto no descarta un sabotaje al avión

Mientras continúan las tareas de remoción de las partes del Mitsubishi LV-MCV, familiares de los ocupantes no se resignan a la teoría del accidente

Miércoles 23 de agosto de 2017
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LA NACION
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Lo que más les duele es la espera. Por un mes vivieron buscando y con el miedo a no encontrarlos nunca. Ahora que ya saben dónde están, tendrán que esperar otros 15 días para saber si esos restos son los de sus hijos, esposos, hermanos. El duelo de las familias de los ocupantes del avión que cayó al delta del río Paraná está lejos de terminar. No pueden planificar un entierro ni una despedida. También hay que esperar al menos seis meses para saber por qué cayó el avión. "Tenemos que seguir esperando para poder llorar", dice con la voz quebrada Pía Ronzano, la hermana de Matías, el piloto de la aeronave. "¿Qué va a ser? ¿Un mes más? Estamos destruidos", contó.

Durante el tiempo de búsqueda, la familia de Ronzano rezó en Lincoln
Durante el tiempo de búsqueda, la familia de Ronzano rezó en Lincoln. Foto: LA NACION / Santiago Hafford

Al dolor se le suma el cansancio de su familia, la desconfianza, la impotencia y bronca por el tiempo que se demoró en encontrar al avión. "A mi hermano no lo voy a volver a ver y eso me destruye. Pero quiero saber la verdad. Yo no creo en el accidente ni en la falla humana. Estoy convencida de que hubo un sabotaje. Las tres familias vimos los videos del aeropuerto de San Fernando en el juzgado y en la Fiscalía, y allí se ve muy claro que hay una cuarta persona que se acerca al avión, después de que fue chequeado y cuando los pilotos y el pasajero (Matías Aristi) estaban adentro. Esperamos que se siga investigando esa pista, porque si no no hay explicación para que el avión caiga en picada a minutos de salir", dice Pía Ronzano.

LA NACION consultó a la jueza federal de San Isidro, Sandra Arroyo Salgado, que impulsa la investigación si se está analizando la pista del sabotaje, pero la magistrada no confirmó esta teoría que impulsa una de las familias. Aunque anteayer, durante la conferencia de prensa en el aeropuerto de San Fernando había pedido que no se pusiera en tela de juicio la honorabilidad de los tres ocupantes.

"Investigamos todas las hipótesis. Incluso la de que ellos pudieran haber sido víctimas de un ilícito", aunque no aclaró si actualmente se continuaba esa línea de trabajo. Al ser consultadas, las autoridades de la Junta de Investigación de Accidentes en la Aviación Civil (Jiaac) negaron hacer ningún comentario respecto de la denuncia de un cuarto pasajero y su posible intervención en la caída del avión, porque las causas solamente podrán determinarse una vez concluido el análisis de los restos del aparato, que todavía ni siquiera fueron removidos en su totalidad del lugar.

Ayer, liderado por la jueza Arroyo Salgado, el equipo de rescate de las partes del avión y los antropólogos forenses estuvieron toda la jornada trabajando en el área de los ríos Paraná Guazú y Barca Grande donde fue hallado el Mitsubishi LV-MCV.

LA NACION consultó a las otras dos familias y a sus abogados sobre la teoría del sabotaje, aunque no se pronunciaron al respecto. De hecho, los allegados al copiloto Emanuel Vega no han efectuado declaraciones al periodismo en estos días, aunque ayer pudo saberse que en la escuela donde se formaba como guardavidas, se decretó un día de duelo.

Mientras se investigaba la desaparición del avión, el Juzgado 2 de San Isidro, a cargo de Arroyo Salgado, los convocó para ver un fragmento del video en el que se ve a los tres ocupantes subiendo al avión. A pedido de las familias, los videos completos pasaron a manos de la fiscalía y allí fueron convocados para ver la totalidad del material.

Imágenes antes de despegar

"Estuvimos más de dos días viendo una y otra vez esas imágenes, que tienen muy mala calidad. El monitoreo de las cámaras se hace de forma manual y me da la sensación de que todo el tiempo evita mostrar el avión completo. No se ve cuando carga combustible. Después de que suben primero Emanuel Vega (el copiloto), mi hermano y Aristi, el avión es chequeado y posteriormente se ve que una cuarta persona se acerca a la puerta por delante de la nave y llega hasta abajo del ala. No sabemos si sube o baja, porque no se ve. Lo que no queda dudas es que se acerca al avión. Y no se sabe nada de quién es esa persona y por qué estaba allí", relata Pía Ronzano.

Cuando se le pregunta si abona la teoría del sabotaje, la hermana del piloto insiste. "No puedo decir que fue un atentado. Pero estoy segura de que no fue un accidente o una falla humana. En San Fernando le hicieron algo o le pusieron algo para que el avión cayera de golpe, luego de haber volado desde Lincoln sin problemas", dice.

El dolor del hallazgo del avión encontró a las familias en el aeropuerto de San Fernando, el sábado por la noche. Los habían convocado porque les dijeron que se esperaban novedades. La mamá de Ronzano se preparaba para ir al programa de Mirtha Legrand cuando llamó Arroyo Salgado al teléfono de Pía y le dio la noticia. "Levanté la mirada y vi a los Aristi y a los Vega, hablando por teléfono, abrazados llorando. Para nosotros, desde el momento en que encontraron el avión supimos que estaban todos muertos", cuenta.

La incertidumbre había terminado, pero la espera no. Después fueron interminables horas hasta que les confirmaron que los restos humanos estaban en el avión. Los padres de Emanuel Vega quedaron destrozados cuando recibieron la llamada del juzgado. Hace un año había muerto el hermano menor de Emanuel, que tenía una discapacidad. Ahora les confirmaban que su único hijo estaba en ese avión.

El dolor era infinito. Emanuel era muy deportista. Nadaba en el club Rivadavia, había hecho el curso de guardavidas y practicaba triatlón. Trabajaba como contratista forrajero para una empresa de Lincoln, por eso se había mudado desde Bahía Blanca. Como estaba de vacaciones, aceptó la propuesta de Ronzano de volar el avión de los Aristi hasta Las Lomitas.

La familia de Ronzano cuenta que para poder volar el avión, Ignacio Aristi le pidió que hiciera un curso de cinco meses para estar habilitado para ese porte de nave. Después, cuenta Pía Ronzano, el propio dueño de la empresa lo hizo volar de copiloto por varios meses para familiarizarse. Quien piloteaba era el propio Aristi. "Cuando nos enteramos de que habían desaparecido, Ignacio nos dijo: «Quédense tranquilos que Matías es un excelente piloto. Es mejor que yo. Si no, no le hubiera confiado la vida de mi hijo»", apuntó Pía Ronzano.

Aclaración de la prefectura sobre un testigo

La Prefectura Naval Argentina informó ayer que el testigo de la caída del Mitsubishi LV-MCV, Miguel Roscio, no pudo oportunamente aportar precisiones sobre el hecho y recordó que 35 kilómetros separan el lugar que había señalado y el punto donde finalmente se supo que cayó el avión.

En un comunicado, la fuerza de seguridad detalló que "el 3 de agosto, el señor Roscio se acercó a la sede de la Prefectura Escobar para comunicar que había visto caer una avioneta cerca de una guardería náutica en la que él se encontraba realizando tareas; de inmediato fue acompañado por el jefe del destacamento, prefecto Enrique Mariano Franco, hasta dicha guardería con el fin de observar el lugar y la zona indicados". Al regresar pusieron en conocimiento al Comité de Crisis conformado para afrontar la emergencia.

Dos días después, según la versión oficial, "una comisión de la Policía de Seguridad Aeroportuaria le tomó una declaración testimonial a Roscio y lo llevó, junto con personal de esta Prefectura, a bordo de un guardacostas hasta el supuesto lugar donde se habría precipitado la aeronave; se efectuó un intenso patrullaje fluvial y terrestre, y se entrevistó con lugareños que no aportaron datos".

También, agregó el comunicado, se dispuso un patrullaje aéreo del que participó Roscio para conseguir el aporte de mayores datos; durante el recorrido, no se avistaron elementos. Finalmente, el sábado pasado, "fue hallada la avioneta siniestrada, a unos 35 kilómetros del lugar mencionado por Roscio".

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