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Una nena de cuatro años, su perro y la lucha argentina en Indomit Bombinhas

Entre playas y piedras, entre trillas y morros, detrás de cada zancada asoma una historia que nos explica porque corremos, porque soñamos; un viaje distinto por los secretos que nacieron en Brasil

Miércoles 23 de agosto de 2017 • 16:09
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PARA LA NACION
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Acelera, mira hacia atrás, se frena, vuelve a buscarlo, otra vez despliega la zancada y apunta al arco de llegada; el locutor vocifera en un portugués mezcla de partido de futibol y carnaval carioca: "¡Aqui vem o vencedor da prova!", y el público delira ante los últimos metros del conquistador de los 42k de Indomit Bombinhas; en tanto que él lanza otro pique y demuestra que no le pesan en sus cuatro patas morros, playas, piedras, subidas y bajadas que fatigaron a mil corredores; ya bajo el arco de llegada, Marley le gana a todos: se lo ve feliz mientras ladra y mueve la cola.

Hace tres años Marley vivía en las calles de Bombinhas, hasta que Maite Pinheiro lo adoptó y se lo llevó a su casa. Su familia no estaba tan de acuerdo, pero ¿cómo negarle una mascota a una nena de 4 años? Así que Marley inició una vida de perro burgués, de cucha seca y comida balanceada. Justo cuando podría haber sucumbido a la obesidad, descubrió el trail running, junto al mayor campeón de la ciudad: Giliard Pinheiro.

Pues Giliard, papá de Maite, no solo le dio comida a Marley sino también se lo llevó a entrenar. De lunes a lunes, Pinheiro agota la exuberante y abrupta geografía bombinense con zancadas ligeras y Marley a la par. A decir verdad no a la par, sino adelante, luego se rezaga, lo vuelve a alcanzar; son cuatro patas derrochando energía.

En los 42 kilómetros de Vila do Farol Indomit Bombinhas, Giliard volvió a demostrar porque es casi imbatible en casa -ganó siete de las pasadas ocho ediciones-, y se llevó la novena acompañado de Marley. Su esposa, Carol, lo define así: "Es nuestro perro atleta".

Marley marca el camino, detrás Giliard lucha contra Fernando Beserra, quien terminara 5to
Marley marca el camino, detrás Giliard lucha contra Fernando Beserra, quien terminara 5to. Foto: Santiago José Asef

La posta la tenían en la posta

Giliard y Marley no fue la única pareja en esta carrera. Pues había 42k pero también la opción de la posta 2x21k: muchos desafiaron el circuito, una mitad cada uno. "Ale hace la primera parte porque es más rápido", explica Carlos Balor "y Carlos la segunda porque es más fuerte", aclara Alejandro Barri. La dupla argentina de Carlos y Alejandro, subiendo al segundo escalón del podio (en la categoría más de 120 años), demostraron que la alegría no es solo brasilera. Quintos en el 2015, cuartos en el 2016, "este año el podio de la general se nos escapó por muy poquito", exclama Carlos mientras expone entre sus dedos índice y pulgar una separación de dos centímetros.

Llevan muchos tiempo corriendo juntos, repiten que vuelven cada año porque la organización de Indomit es estupenda y la carrera, muy dura. Ante los comentarios de que quizás el año que viene se cambie por primera vez el circuito, no dudan: "si lo hacen más difícil, ¡acá nos tienen de vuelta!".

Carlos Balor y Alejandro Barri, posta cien por ciento argentina
Carlos Balor y Alejandro Barri, posta cien por ciento argentina.

Paliza a periodista argentino (relato en primera persona)

Debo decirlo, si vamos a hablar de los 12k, yo logré ser el argentino mejor clasificado: ¡Pero qué paliza me dieron!

La punta de la tercera distancia que ofrece Vila do Farol Indomit Bombinhas largó quemando la arena. Me acomodé como pude el primer kilómetro cerca de Giliard, mientras la playa pasaba bajo nuestros pies -y Marley nos seguía moviendo la cola-, yo pensaba "¡¿este loco va a correr toda la maratón a este ritmo?!".

Un argentino colado en la punta de la largada
Un argentino colado en la punta de la largada. Foto: Santiago José Asef

Al salir de la playa y tomar una de esas subidas de asfalto que hay acá, donde lo autos ponen primera y van despacito, nos dividieron en los de 12k y 42k. Saqué la cuenta: iba tercero, los dos de adelante iban bien lejos y yo bien cansado. Meta subir y bajar, al rato largo pude alcanzar al segundo que venía boqueando como asmático en crisis. "Acá pasamos a uno", pensé y lo pasé. Iba contento, hasta que agarramos la primera trilla. ¿Sabén lo que es una trilla? Son senderos que surcan los morros, muy trabados por raíces, piedras, ramas, rodeadas por una vegetación muy densa y generalmente muy empinadas. En fin, la cuestión es que subiendo el morro me pasó, y bajando me puso en ridículo. Este muchacho, Max Moreira Da Silva Junior -pero que aquí llamaremos Max-, se largó como a la pileta, y yo parecía la momia negra bajando la escalera mecánica: ¡pero era la escalera que subía!

Cuando al fin salimos de esa tortura llamada trilla (que sin duda Dios creó para castigarme por mis múltiples pecados), pisamos otra de las 39 playas que tiene Bombinhas, en este caso "Cuatro Islas", y lo vi bien lejos a Max.

Mas no está muerto quien pelea y lo superé antes del final de la playa. Sería kilómetro siete u ocho. Tomamos una subida de asfalto, extremadamente empinada, donde apenas lograba despegar los dos pies del suelo y en eso: veo que Max camina. "¡Ahora sí!", pensé "a rematar la perdiz". ¡¡Ma' qué perdiz?! ¡Al ratito nomás llegó otra trilla!

Como el juego de la Oca: retrocede tres casilleros y pierde el turno y tira el compañero. Perdí el turno y el puesto, Max me pasó como Belén Casetta a un obstáculo y yo lo saludé como novia olvidada y con cara de "¿te vas sin darme un beso?".

Final del cuento: después de pelear cabeza a cabeza, en los últimos trillados cuatro kilómetros Max me sacó siete minutos; tercer puesto y mejor argentino en los 12k. Por favor que esto quede entre nosotros, no me gustaría que todos se enteren que me dieron una paliza.

Final del circuito de 42 y 12k, antes y después de feroces trillas
Final del circuito de 42 y 12k, antes y después de feroces trillas. Foto: Santiago José Asef

Meninos e meninas y el último en llegar

Y ya luego de los 42, los 2x21, los 12, los podios y las marcas, que los grandes transpiraron el sábado; el domingo los chicos salieron a divertirse. Con distancias desde 300 a 2000 metros, cientos de mininos e meninas estamparon sus huellas en la arena.

Runnig kid Indomit Bombinhas.
Runnig kid Indomit Bombinhas.. Foto: Santiago José Asef

Minutos antes de que el último cruzase la meta, Juan Carlos Asef, ya pensaba en el próximo desafío, el 27 y 28 de octubre: "Quiero que Costa Esmeralda ", revelaba el creador de la serie Indomit "sea la mejor carrera del año en Brasil". Después de lo que demostró en Bombinhas, hay que tomarlo muy en serio.

Carlos, Alejandro y medio centenar más de argentinos ya se despedían de un fin de semana inolvidable, donde mil corredores demostraron su espíritu Indomit. Ahora sí, el último nene se acercaba a la meta, había quedado muy rezagado y tenía vergüenza. Pero el público lo aplaudía y alguien lo acompaña alentando. ¿Quién es el acompañante? Me parece distinguirlo. ¡Pero sí es el octuplecampeon, Giliard Pinheiro! Caminando la par, juntos cruzaron últimos la meta. Para ser sinceros el último fue Marley, que pegó un salto y escarbó la arena, poniendo el cierre a Vila do Farol Indomit Bombinhas. En tanto aparece Maite, le acaricia el lomo y él mueve la cola.

Giliard y Marley prometen volver en 2018 a defender el título
Giliard y Marley prometen volver en 2018 a defender el título.

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