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Candida Höfer: retratos de la ausencia

La artista alemana, célebre por sus fotos de sitios vacíos y majestuosos, será la invitada de honor de una nueva edición de BAphoto. "Los espacios tienen diferentes modos de ser", asegura

VILLA BORGHESE. Parte de una serie realizada en Roma durante 2012, en la espléndida galería de uno de los parques urbanos más grandes de Europa
VILLA BORGHESE. Parte de una serie realizada en Roma durante 2012, en la espléndida galería de uno de los parques urbanos más grandes de Europa.
Domingo 27 de agosto de 2017
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PARA LA NACION
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La llaman "la fotógrafa de los espacios vacíos". Sus fotos a color, de gran formato y minuciosa composición, son como ventanas por las que Candida Höfer -representante destacada de la Escuela de Dusseldörf y una de las fotógrafas alemanas más internacionales- se asoma al interior de estaciones de trenes, hoteles, iglesias, librerías, museos, palacios, salas de espera, teatros y otros edificios públicos o semipúblicos en diferentes ciudades de Europa y del continente americano.

Desde 1979 se ha concentrado en las construcciones arquitectónicas, para explorar la estructura, ornamentación e influencia del espacio, si bien no se considera una fotógrafa de arquitectura, sino que ve sus obras como "retratos de espacios". En realidad, primero quería capturar cómo se comporta la gente en determinados ambientes, pero después de un tiempo se le ocurrió que lo que las personas hacen en estos y lo que estos les hacen a ellas, queda más claro cuando no hay nadie. "La gente se hace más visible al estar ausente de un espacio", asegura Höfer, quien es la invitada de honor de la 13a. edición de Buenos Aires Photo -desde el 7 al 10 de septiembre en La Rural-, encuentro que se ha convertido en un punto de referencia de la fotografía latinoamericana. Para la ocasión, la fotógrafa exhibirá obras que ha producido en los últimos 15 años -a través de la galería alemana Thomas Zander, con base en Colonia, ciudad en que ella reside-. Además, ofrecerá una conferencia magistral en el auditorio de la feria y brindará una entrevista pública en el Malba.

Sobre Buenos Aires, donde Höfer ya fotografió teatros como el Colón y el Cervantes, dice que "desde el nombre", la ciudad siempre ha estado llena de asociaciones para ella. "Cuando vine por primera vez me sorprendió su fuerza y su poder o, más bien, la fuerza y el poder aún presentes, sin caer en la trampa de la nostalgia. Esta presencia del pasado vigente en el presente, a pesar de todas las adversidades que sus habitantes han vivido en el pasado y están experimentando en el presente, la he encontrado y todavía la encuentro fascinante", comenta a La Nación revista.

Si bien sus fotos -deslumbrantes, precisas, majestuosas- no suelen incluir a personas, sí contienen vestigios de actividad humana, al incorporar, por ejemplo, un grupo de mesas de lectura de una biblioteca o una serie de bancas para el público de un museo. Según un artículo de The New York Times, sus obras son un "catálogo de la cultura occidental vista a través de la arquitectura". Esto, porque al capturar de forma permanente las bibliotecas y los museos -archivos de información y arte, respectivamente- como "contenedores de cultura y conocimiento", su trabajo se convierte a su vez en un nuevo archivo.

En Buenos Aires Photo, que se realizará del 7 al 10 de septiembre en La Rural, Höfer expondrá fotografías de los últimos 15 años, dará una conferencia magistral y brindará una entrevista pública. A la izquierda, la biblioteca de Augustiner Chorherrenstift Sankt Florian, en Austria
En Buenos Aires Photo, que se realizará del 7 al 10 de septiembre en La Rural, Höfer expondrá fotografías de los últimos 15 años, dará una conferencia magistral y brindará una entrevista pública. A la izquierda, la biblioteca de Augustiner Chorherrenstift Sankt Florian, en Austria.

Höfer captura los ambientes con la luz disponible en el momento. Le interesan, especialmente, "las relaciones visuales que hay dentro de cada espacio y las capas de uso visibles en dicho espacio". Por ejemplo, en Zoological gardens, una serie tomada en zoológicos europeos que le llevó años, explora cómo la gente es conducida por los diferentes ambientes -el rol que las instituciones juegan al definir la mirada del público-. "Tiene que ver con lo que la gente construye para otra gente y lo que esto hace por la gente y a la gente: en este caso, el mirar a animales vivos compartimentados", explica.

Para capturar la simetría, la proporción y los detalles de un espacio, Höfer utiliza una cámara fija con una lente gran angular. Y, en algunos casos, hasta ha debido usar andamios, para realizar tomas desde puntos muy altos. Ya sea que se trate del Teatro Comunal de Bolonia, del Teatro Municipal de Río de Janeiro o el Colón de Buenos Aires, la artista dice que se aproxima a su objetivo disparando desde el escenario hacia la audiencia o al revés, de un costado al otro, y luego moviéndose hacia cualquier otra área que descubra en el proceso. Esta decisión obedece a limitaciones de tiempo, ya que tiene que aprovechar la luz con que cuenta. Además, como se trata de lugares donde hay escenarios que se modifican y ensayos agendados, siempre están a la espera técnicos y personal de limpieza.

Entre los numerosos sitios que ha retratado, figuran The British Library en Londres o el Teatro Bibbiena de Mantua, Italia, donde Mozart tocó cuando tenía 13 años. ¿Qué espacios arquitectónicos le han resultado más significativos? "Hay una respuesta clásica, aunque tal vez no muy satisfactoria y, sin embargo, es cierta: siempre es el espacio que estoy fotografiando en el momento -afirma-. Los espacios que he fotografiado se han convertido en imágenes. No los recuerdo todos todo el tiempo, pero ellos guían mi aproximación de forma subconsciente en cada espacio nuevo. Y cada nuevo espacio demanda toda mi concentración, cuando me enfrento a él para descubrir su carácter. Los espacios tienen diferentes modos de ser, algunos pueden parecer un poco banales, otros actúan más bien poderosamente, otros sólo se entregan a la función para la que han sido creados. Sea lo que sea el caso, trato de abrirme a su carácter sin juzgar demasiado el espacio e intento evadir compararlo con espacios que he fotografiado en el pasado".

Fue en la prestigiosa Kunstakademie de Düsseldorf, donde acudió, desde 1973 hasta 1982, a las clases que impartía el matrimonio de fotógrafos Bernd y Hilla Becher, que Candida aprendió "la importancia de la ciudad como tema de reflexión artística". Ahí, al igual que otros reconocidos integrantes de su generación, como Andreas Gursky -quien, en 2011, batió un récord al vender una copia de su obra Rhine II, la fotografía más cara de la historia hasta entonces, en 4,3 millones de dólares-, Axel Hütte, Thomas Ruff y Thomas Struth, tomó contacto la importancia de la luminosidad, la simetría y la proporción.

La fotógrafa retrató en 2006 edificios célebres porteños. "Cuando vine por primera vez a Buenos Aires, me sorprendió su fuerza y su poder o, más bien, la fuerza y el poder aún presentes, sin caer en la trampa de la nostalgia"
La fotógrafa retrató en 2006 edificios célebres porteños. "Cuando vine por primera vez a Buenos Aires, me sorprendió su fuerza y su poder o, más bien, la fuerza y el poder aún presentes, sin caer en la trampa de la nostalgia".

Los Becher fotografiaban edificios industriales con un afán documental, para examinar diferencias y similitudes -las torres de agua se cuentan entre sus trabajos más conocidos-. Su forma de unir arte y documento -mediante conceptos como distancia, objetividad y realismo- fue clave para la definición del arte contemporáneo, caracterizado por la estética deadpan (impasible, plana y sin dramatismo visual). De acuerdo a los expertos, su registro frontal también fue una forma de ignorar la historia reciente del nazismo y el arte meloso que surgió tras la guerra. Utilizaban una cámara de cajón de gran formato, con negativos de 8 x 10, igualmente distintivos en sus trabajos.

Bernd y Hilla no eran docentes tradicionales. Invitaban a sus alumnos a estar abiertos a las experiencias y a valorar el arte en general. Sobre ellos, Höfer ha dicho: "También nos enseñaban a no limitarnos sólo a la fotografía y a mantener los ojos abiertos, así como a debatir y a tener conciencia política". De los estudiantes, Thomas Ruff y ella fueron los primeros en hacer uso del color, si bien toda esa camada es reconocida por sus trabajos con un estilo personal determinado.

CRIADA ENTRE RUINAS

Nacida en 1944, en Eberswalde, provincia de Brandenburg, Candida Höfer creció en la Alemania de la posguerra, ¿Qué imágenes recuerda de ese período? ¿Influenciaron su futuro trabajo? "El hecho de haber crecido en Alemania justo después de la guerra no sé si tuvo un efecto consciente sobre mí", responde. "Como muchos niños alemanes de mi generación, crecí entre ruinas, pero si mi memoria no falla, experimenté eso más como una aventura, aunque las historias que hemos oído son más bien oscuras. Sin embargo, cuando vivís en una ciudad que ha sido reconstruida de forma más bien constante, pienso que uno desarrolla una curiosidad por la arquitectura", agrega.

Candida también se crio cerca de las salas teatrales que acostumbra retratar, ya que es hija de Elfriede Scheurer, quien fue bailarina del teatro Cologne Opera. La figura de su padre es más polémica: Werner Höfer fue un periodista que perteneció al partido nazi y firmó artículos propagandísticos en el semanario Das Reich, que fundó Joseph Goebbels. En 1987, cuando era el conductor veterano de un programa de TV, se hizo público que, en 1943, había mostrado satisfacción por la muerte del pianista Karlrobert Kreiten, detenido por la Gestapo en pleno concierto, para ser colgado, y a quien el chileno Claudio Arrau consideraba uno de sus alumnos más dotados. El hecho obligó a Höfer al retiro.

Quizá motivada por la profesión paterna, Candida comenzó su carrera a los 24 años como fotógrafa de periódicos. Entonces hizo una serie de retratos de las calles de Liverpool y sus personajes. Poco después estudió daguerrotipos y fue asistente de Werner Bokelberg, fotógrafo que se hizo conocido en los 60 y 70 por sus imágenes de Romy Schneider, Brian Jones, Salvador Dalí y Andy Warhol.

Desde 1973 hasta 1978 "los cambios visuales de la sociedad alemana, a través de los inmigrantes turcos" fueron objeto de estudio de la fotógrafa, a quien, por lo visto, le incomodaba importunar a las personas. "Aunque ellos me recibieron con simpatía, con el tiempo me di cuenta de que aún me sentía muy cohibida con la gente. También me di cuenta de la importancia del espacio, por la forma en que los turcos habían recreado sus ambientes de origen en sus departamentos, restorantes y tiendas. Entonces decidí pasar a los espacios, explorar para qué los había hecho la gente y qué le hacían los espacios a la gente".

Desde entonces, ha expuesto numerosas veces, en sitios tan diversos como la galería Konrad Fischer de Düsseldorf, el Museo del Louvre de París, Francia; el Museo Reina Sofía de Madrid y el Guggenheim de Bilbao, en España; el Museum of Contemporary Photography de Chicago, Estados Unidos, el Centro d'Arte Contemporanea de Turín, Italia; y las bienales Documenta y de Venecia.

A los 73 años, Höfer -"una perfeccionista impaciente"- sigue transitando por la soledad de los edificios, para explorar la particularidad y la universalidad de los espacios y subrayar la forma en que los atraviesa la experiencia humana.

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