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Un juego que puede ser decisivo para resolver misterios

El entrenamiento canino aprovecha su capacidad de procesar los olores

Jueves 24 de agosto de 2017
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Ayer fue día de práctica para Ringo, Lola y Tango, de la Asociación de Bomberos Voluntarios de Pilar y Marcos Paz. Con sus guías, buscaron los juguetes con que los preparan en el predio de una fábrica abandonada camino de la localidad bonaerense de Villa Rosa. En este caso, son todos perros preparados para la búsqueda de personas en catástrofes. "Cuando se selecciona un cachorrito, la primera condición es que sea juguetón", explicó Leonardo Silva, guía de Ringo, un labrador del cuartel de Pilar.

La enseñanza incluye la motivación con un juguete para que el cachorro interactúe con el aroma que el instructor quiere que busque. Después, una persona con la que juega se alejará unos metros con el juguete, para que el perro vaya a reclamarlo. A medida que avanza el entrenamiento, la persona se irá alejando cada vez más, hasta esconderse. "Ahí, el perro empieza a usar el olfato para encontrarla a medida que los ejercicios van sumando complejidad. Después, cuando está en funciones, lo mandamos a buscar y el perro, cuando encuentra a una persona, marca el sitio", dijo Silva.

Sistema único

Con 300 búsquedas en 13 años, el perito en odorología forense Mario Rosillo afirma que aún se desconoce en el país la utilidad de esta especialidad con fundamentos científicos.

"Trabajamos con los vapores que emanan de la descamación epitelial del cuerpo humano, como también se utiliza para aplicar la técnica de identificación por ADN. Es una técnica biométrica que usa un sensor, que es el sistema olfatorio del perro, y que se puede repetir en el tiempo. Las muestras se pueden guardar en un recipiente esterilizado hasta cinco años y un perro las reconocería", indicó Rosillo, que es presidente honorífico de la Sociedad Italiana de Ciencias Cinófilas Forenses.

Explicó que lo que el perro detecta son vapores (compuestos orgánicos volátiles) de las células de la piel que se desprenden. Por día, según indicó el especialista, perdemos hasta 400.000 células epiteliales.

"El perro tiene una predisposición natural a discriminar olores porque posee una gran cantidad de neuronas olfatorias, además de otras características que lo diferencian en esta capacidad. Por la aerodinamia del hocico, los olores van hacia abajo y atrás, para formar un remolino que capta todas las moléculas de olor. Con cada inspiración y espiración, se vaporizan esas moléculas y el olfato interpreta mejor los olores -explicó-. A veces, todo esto lo desconoce hasta la Justicia."

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