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Controlaba desde la cárcel de Junín la distribución de droga

A través de dos celulares coordinaba la provisión de cocaína en puntos de venta sobre la ruta provincial 188; la sustancia era trasladada en ómnibus por la región mesopotámica

Jueves 24 de agosto de 2017
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Seis kilos de cocaína fueron detectados con el apoyo de dos perros antidrogas
Seis kilos de cocaína fueron detectados con el apoyo de dos perros antidrogas.

El encierro en prisión no parece bastar para evitar que jefes narcos mantengan intactas sus líneas de comando y su capacidad de liderazgo de las bandas. Celular en mano, un preso de la penitenciaria de Junín impartía órdenes para continuar con la cadena de abastecimiento de drogas en esa ciudad bonaerense y en las cercanas Lincoln y General Pinto. Las autoridades requisaron ayer su celda y encontraron dos teléfonos cuyas líneas aparecían en las escuchas que sirvieron para dar con los cómplices.

La presencia de celulares en las cárceles bonaerenses es un problema que aún no pudo ser solucionado, pese a las múltiples incautaciones de aparatos en los presidios. En los primeros seis meses de este año fueron decomisados 12.000 celulares en las unidades penitenciarias, según reveló LA NACION el mes pasado.

Esa facilidad para asegurarse las comunicaciones permite, en muchos casos, sostener intacta la red de logística narco. En el caso desentrañado ayer por la policía bonaerense se trataba de una organización que abastecía de cocaína los puestos de venta a la vera de la ruta provincial 188. Su estructura era bastante compleja, ya que "movía" la droga por las rutas nacionales 14 y 12, un eje del transporte abierto al tráfico de cocaína hace pocos años. En general la ruta de la cocaína local se inicia en Bolivia y se dispersa hacia los centros de acopio tras el cruce por Salta, sea por tierra o por avión.

En este caso se utilizó como punto de partida Posadas, tras el ingreso de la cocaína desde Paraguay, una ruta natural para los cargamentos de marihuana. El transporte elegido eran ómnibus de larga distancia. Justamente en uno de estos vehículos se descubrió ayer la carga ilegal.

La investigación había determinado que la banda narco tenía previsto despachar un embarque rumbo a la terminal de Retiro. El ómnibus fue interceptado en un control policial en el peaje de Zárate, en la ruta nacional 9. Con el aporte de dos perros rastreadores se verificó que en la carrocería del vehículo se habían escondido unos 6,5 kilos de cocaína.

Los dos choferes fueron arrestados, sospechosos de ser parte de la banda. De las escuchas surgió que ambos solían pedir que les asignaran esa ruta y la recorrían dos veces por semana.

Tras ese primer operativo y el secuestro de la droga, los detectives fueron al punto donde se haría la entrega del estupefaciente: una vivienda en la calle Baradero, en la localidad de Villa Fiorito, partido de Lomas de Zamora. Allí fue detenido José Luis Barijho, hermano de Antonio, el ex jugador de Huracán y Boca, entre otros clubes.

Curiosamente, en el comunicado en el que se informó oficialmente del tema se tituló: "Cayó la banda del hermano del Chipi" Barijho" y se señaló que aquél "tenía una participación clave en el funcionamiento de la banda, ya que era uno de los proveedores de droga".

Concretamente, en la casa de José Luis Barijho fueron secuestrados teléfonos y unos 150.000 pesos que, sospechan los investigadores, estaban destinados al pago del cargamento que fue decomisado en el peaje de Zárate. Los detectives del caso creen que él se encargaba de llevar la droga a la zona de Junín y la zona adyacente a la ruta provincial 188.

Según surge del análisis de los teléfonos incautados en la Unidad 49 de Junín, el jefe de la banda se comunicaba con su mujer, La Pato, que era la encargada de coordinar extramuros la logística de distribución de la droga. Está prófuga.

Las autoridades municipales y nacionales que están al tanto de las informaciones sobre consumos de drogas consideran que, en los últimos años, hubo un fuerte incremento del mercado de sustancias ilícitas en las localidades bonaerenses alejadas del área metropolitana. Esa situación se repite en zonas similares de Santa Fe y de Córdoba. El consumo de drogas creció en todo el país en los últimos diez años, pero empezó a expandirse en localidades más pequeñas.

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