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Caso Maldonado: el puestero agredido por el RAM descarta haber herido de muerte a alguien

Evaristo Jones, atacado el 21 de julio pasado, afirmó que la cuchillada que le propinó a su agresor no fue mortal; es una de las hipótesis de la investigación

Jueves 24 de agosto de 2017 • 15:27
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LA NACION
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El BOLSÓN.- No fue una herida profunda. Apenas un corte o un puntazo, quizás en una mano o en una axila. Pero definitivamente no fue una puñalada en el estómago capaz de comprometer órganos o de matar al agresor.

Afuera del puesto incendiado, sobre la estepa cubierta por 15 centímetros de nieve, no había rastros de sangrado ni señales de que alguien hubiera sido herido de gravedad, socorrido o arrastrado por sus cómplices en la huida. Sólo había pisadas que indicaban que los tres o cuatro atacantes huyeron a pie a campo traviesa, por el mismo lugar por donde habían ingresado con sigilo aquella madrugada.

Este es el relato de Evaristo Jones, de 44 años, el puestero del cuadro Los Retamos, ubicado en una de las estancias de Benetton en Epuyén, sobre el ataque que padeció en la noche del 21 de julio y que cimentó una hipótesis que él descarta de plano. La que podría explicar la desaparición de Santiago Maldonado. Aquella que sindica a Maldonado como un presunto miembro ocasional de Resistencia Ancestral Mapuche (RAM), que en uno de sus sabotajes al núcleo productivo del enemigo, murió por una estocada agravada por la falta de atención médica. La familia de Maldonado descarta esta explicación y acusa a la Gendarmería. El juez Federal de Esquel, Guido Otranto, tiene a la fuerza de seguridad como primera hipótesis de la investigación. Dos declaraciones testimoniales de mapuches afirmaron que Maldonado fue detenido por la Gendarmería durante el desalojo del predio ocupado por los mapuches.

Otra evidencia reforzó desde un comienzo la hipótesis de que Maldonado podría haber sido herido de muerte en el ataque a Jones: uno de los tres celulares de Maldonado había cesado en su actividad el 21 de julio, en coincidencia con el ataque. Las nueve llamadas al mismo teléfono ese día por parte de un número registrado a nombre de una militante del Frente de la Victoria robustecían esta sospecha.

Pero nada de eso puede ser posible para Jones, emparentado de forma lejana con el líder de RAM, Facundo Jones Huala. De origen mapuche, orgulloso de ser argentino y peón rural asalariado, Jones es hábil con el cuchillo. Creció faenando animales y ha visto más de una vez gente apuñalada en el estómago: "El sangrado es intenso y el herido suele caer al suelo y grita de dolor", afirma en una entrevista con LA NACION en su casa de El Maitén, el paraje andino más asolado por RAM.

Nada de eso observó aquella madrugada dentro de su puesto. Apenas vio unas gotas de sangre en el piso, que también podría ser de él, ya que en el hospital donde lo atendieron, le descubrieron dos o tres cortes en la rodilla que no sabe cómo fueron provocados.

Mientras lo maniataban boca abajo sobre el suelo y lo apuntaban con una escopeta, Jones no escuchó quejidos ni serias recriminaciones o represalias por algún daño severo que hubiera provocado su arma blanca: una hoja afilada de 25 centímetros. Alertado por sus perros ante el "operativo comando" cerca de las 2 de la madrugada, saltó de su cama, fue hasta la mesada del living y como un acto reflejo empuñó en alto su cuchillo. Cuando los encapuchados tiraron la puerta, uno se abalanzó sobre él sin notar el arma.

Con tono pausado, puntilloso en los detalles de su relato, dice Jones: "Sé lo que provoca una puñalada: es difícil que una persona herida con un arma blanca pueda irse por donde vino. Se hubiera caído ahí mismo, digo yo. Hubiese gritado, dicho algo, y sus compañeros hubieran interrumpido lo que hacían para ir a socorrerlo. Por la forma en que yo tenía el cuchillo y ellos me atropellan, es muy posible que el cuchillo lo haya rozado en un lateral. Por eso creo que la herida no fue profunda. Calculo que el hombre se puede haber cortado en la mano, o en la axila, qué se yo.".

Jones infirió que alguno de sus atacantes podría haberse cortado -como declaró ante la Justicia- cuando escuchó: "¿Por qué reaccionaste así?". Enseguida, le arrancaron a tirones la camisa y completamente desnudo lo introdujeron en su vehículo, con las manos atadas por atrás y una frazada, mientras su hogar ardía con todas sus pertenencias.

"El problema no es con vos"

"No te preocupes que tus cosas no las vamos a quemar", lo consolaron en un principio. "El problema no es con vos, sino con la estancia. No debés trabajar para los Benetton", lo conminaron. Y tras rociar con combustible también su caballeriza, celebraron con cánticos mapuches el éxito de su operación.

Un trozo de su camisa a cuadrillé negra y blanca quedó manchada con sangre en el suelo, afirma Jones a LA NACION. Cuando la policía lo socorrió, alertada por las llamas, a unos 500 metros de la ruta 40, y ya recuperado de la hipotermia, Jones recorrió el terreno junto a los efectivos. Analizaron las pisadas, y el trayecto de sus agresores a campo traviesa. Cerca del puesto, recogieron el género manchado con sangre, como evidencia, junto un trozo de cinta adhesiva, con la que lo habían maniatado, y otro pedazo de tela, presumiblemente del puño de su camisa.

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"Un animal puede avanzar y correr por una herida en la panza. Pero un cristiano, con una herida en el estómago, yo digo que no. Porque el cristiano no tiene la resistencia que tiene el animal", compara.

A más de un mes de aquel ataque, Jones continúa traumatizado. No duerme bien de noche y sólo agradece que, su mujer y sus hijos hubieran dormido en El Maitén el día del ataque.

Según fuentes del ministerio de Seguridad, el trozo de género manchado de sangre está siendo peritado, para obtener de allí un patrón genético. Los investigadores esperan que el juez Otranto ordene los cotejos genéticos con el ADN de Maldonado.

Consultada una alta fuente ministerial sobre el relato de Jones ante LA NACION, el funcionario le restó importancia a sus dichos. "Jones aportó tres versiones diferentes. Nosotros queremos descartar esa hipótesis", señaló.

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