Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Relato de un festival que no se privó de nada

Hugo Beccacece

SEGUIR
PARA LA NACION
Domingo 27 de agosto de 2017
0

El Festival Alfredo Arias, que se desarrolló durante el mes de agosto en el CCK, llega a su fin. Hoy todavía puede verse la exposición Aventuras compartidas, y el martes próximo se presentará en La Cúpula la historieta de José Cuneo basada en El Tigre, un libreto de Airas y René de Ceccaty.

El 10, 11 y 12 de agosto se ofreció en concierto Tres tangos, en realidad, tres óperas breves, con música de Axel Krygier y libreto de Gonzalo Demaría y Arias. El título puede prestarse a malentendidos, porque el tango sólo se escuchaba en el primer panel de ese tríptico. En el segundo, la música era italiana, con textos notables que recordaban las tradicionales canzonette, pero con un giro moderno; el último panel estaba dedicado a la techno pop francesa.

En esa última sección, el delirio de los personajes y argumentos de las dos anteriores era superado por el surrealismo, el espíritu gótico, los monstruos, el lirismo y el espanto desbordante de humor de esa historia que desafiaba el sentido común y la verosimilitud. Los cantantes fueron (por orden alfabético) Carlos Casella, Marcos Montes y Alejandra Radano. Si hubiera que elegir un solo de cada uno de ellos, mencionaría la bellísima "Balada de la sirena", que cantó Carlos Casella; en "Salamandre", Marcos Montes, con voz muy suave, nitidez y dicción perfecta, creó un clima de intimidad y melancolía del que era difícil arrancarse; Alejandra Radano, experta en recrear el arrabal porteño con una matiz, brilló en "Rojo bemol". Alfredo Arias era el relator que, antes de cada número, resumía su contenido con mucha gracia. Cuando comentó las peripecias desaforadas del episodio francés, dijo: “En este, no nos privamos de nada”.

Arias tampoco se privó de nada el domingo de la semana pasada, cuando leyó su texto inédito "Soy Ya Ya" junto a la hermosa Fanny Bianco. La historia está basada nada menos que en la vida casi inverosímil de Zsa Zsa Gabor, la famosa actriz húngara de familia judía (Bianco inventó un acento muy eficaz). Zsa Zsa emigró a Hollywood, huyendo de los nazis, y se hizo famosa en Estados Unidos y también en Europa por la lista interminable de sus amantes millonarios, así como por las joyas que le regalaron durante su vida casi centenaria. Fanny Bianco recreó el personaje con dos vestidos de soirée de grandes escotes, puro glamour, como se usaban en las décadas de 1950 y 1960. El peinado era una especie de pirámide rubia con una pequeña tiara de brillantes alrededor del vértice.

El texto no podía ser sino muy divertido porque, en la vida real, Zsa Zsa fue una mujer de mucho humor y nueve maridos riquísimos. Por supuesto, Arias citó varias de las frases célebres de la actriz. Tienen alto valor educativo y parecen haber sido dichas por las libertinas cultivadas del siglo XVIII o del XIX. Aquí van algunas enhebradas:

“Para una chica lista los hombres no son un problema, sino la respuesta.”

“A un hombre no lo conoces de verdad hasta que te divorcias de él. Divorciarte sólo porque ya no lo amas es casi tan estúpido como casarte porque lo amas.”

Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas