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Crónica de una sanción anunciada

Cristian Mira

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LA NACION@cgmira
Sábado 26 de agosto de 2017
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El exorbitante aumento de los aranceles para la importación de biodiésel de origen argentino que estableció el gobierno norteamericano bajo la acusación de prácticas distorsivas al comercio no es otra cosa que la crónica de una sanción anunciada.

Cuando Donald Trump triunfó en las elecciones presidenciales de noviembre de 2016 con la promesa de proteger los empleos de su país y priorizar las empresas locales sobre las extranjeras, quedó en claro que la política comercial proteccionista iba a ser uno de sus pilares. Y lo está cumpliendo. El Departamento de Comercio de los EE.UU., en los primeros siete meses del mandato de Trump, informó que tomó 27% más de medidas antidumping que en el mismo período del año pasado, bajo la administración Obama. Entre ellas, se cuentan las del biodiésel contra la Argentina e Indonesia. Es un dato oficial de Washington, no es un brote nacionalista o antiimperialista.

Esta política comercial toma a la Argentina en un movimiento inverso. El gobierno actual entiende que para atraer inversiones y generar mano de obra el país debe comerciar con el mundo, lo que implica comprar y vender, no sólo exportar. Después de 12 años de comercio administrado, en el que unos pocos funcionarios decidían cuánto y cómo se debía exportar e importar, el tránsito a un esquema más abierto provoca sobresaltos.

Tras la visita al país del vicepresidente de los EE.UU., Mike Pence, la Casa Blanca anunció la apertura del mercado argentino para la carne porcina de origen norteamericano tras haber estado prohibida por la presencia del síndrome respiratorio y reproductivo porcino (PRRS), que no se registra en la Argentina. Aunque algunos especialistas consideran que el riesgo de transmisión es bajo, este anuncio, que provocó el rechazo de los productores porcinos locales, se realizó antes de que el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) enviara una misión a los EE.UU. y estableciera los protocolos correspondientes a la autorización de la importación.

En cambio, Estados Unidos sigue sin autorizar el ingreso de carne vacuna argentina pese a que el país obtuvo una decisión favorable en la Organización Mundial de Comercio (OMC) y aceptó visitas de los técnicos del Servicio de Inspección de Plantas y Animales (Aphis, por su sigla en inglés) que depende del Departamento de Agricultura de los EE.UU. para constatar que el estatus sanitario de país libre de fiebre aftosa con vacunación no presenta riesgo alguno para consumidores y ganaderos norteamericanos. "No hay ninguna razón para demorar la apertura", dicen los exportadores argentinos.

El mismo día que la Casa Blanca informó sobre la apertura argentina para la carne de cerdo, la cancillería argentina anunció que Estados Unidos aceptaba los limones de origen argentino. Pareció un anuncio repetido: el 1° de mayo pasado el Aphis ya había comunicado oficialmente que se levantaban las barreras para el cítrico. Y lo hizo tras una exhaustiva inspección a los campos y las plantas de empaque del NOA para certificar que las condiciones sanitarias argentinas son sólidas. De hecho, autorizó que las primeras exportaciones se concreten vía tres puertos de la Costa Este de los EE.UU. Por ahora, los mercados de la Costa Oeste, de donde partió el pedido de restricción a la Argentina en 2001, están vedados para los limones de origen argentino.

En otras palabras, para jugar en las grandes ligas del comercio mundial no sólo hay que conocer el reglamento y respetarlo, sino tener en cuenta que del otro lado hay quienes quieren darle su propia interpretación y expandir sus límites, de acuerdo con su propia conveniencia. Van quedando pocos ingenuos en este juego.

Mientras tanto, los perjuicios de la medida norteamericana sobre biodiésel se extenderán más allá de los propios exportadores del biocombustible. "El efecto es nocivo en su conjunto", explica Gustavo López, analista del mercado de granos de Agritrend. La eventual sobreoferta de aceite les agrega un factor bajista a los precios de la soja en un contexto de por sí negativo para la oleaginosa.

La posible recuperación del mercado europeo para el biodiésel argentino y el anuncio del Ministerio de Agroindustria de la reanudación de compras de aceite por parte de China podrían mitigar el daño que implica el cierre de un destino que importaba biodiésel por US$ 1200 millones. Lo que no parece que cambie en el corto plazo es la morosidad que tiene el gobierno argentino para propiciar un aumento del corte de biodiésel del 10 al 12% o llevarlo al 20% para el transporte. "Hay resistencias por parte del Ministerio de Energía", afirma Claudio Molina, de la Asociación de Biocombustibles.

El impacto negativo sobre los precios de la soja reactualiza el reclamo de acelerar la baja de los derechos de exportación. Al final del mandato del presidente Macri, en 2019, quedarán en 18%, tres puntos porcentuales más que lo prometido en la campaña electoral de 2015. Son pocos los que han recogido el guante hasta ahora.

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