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Gérmenes en el museo: el caldo de cultivo de los aparatos interactivos

Las salas de exposiciones nos acostumbraron a tocar pantallas y usar audioguías, pero esa costumbre trae tantas soluciones culturales como problemas para la salud

Sábado 26 de agosto de 2017
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Aunque los museos limpian los dispositivos todos los días, eso no es suficiente
Aunque los museos limpian los dispositivos todos los días, eso no es suficiente. Foto: Smithsonian Institution

Si usted toca las pantallas interactivas de un museo, después lávese las manos. Eso es lo que aconsejan los expertos en una época en que a los visitantes se los alienta cada vez más a manipular los iPad y otros dispositivos interactivos actualmente presentes en los museos. Los científicos descubrieron que a pesar de que el personal de limpieza las higienice al menos una vez por día, las pantallas digitales pueden albergar más bacterias que un inodoro.

"Se han documentado infinidad de casos de infecciones probablemente transmitidas por objetos como pasamanos, teléfonos y ropa", dice Jonathan Eisen, profesor de Microbiología e Inmunología de la Facultad de Medicina Davis de la Universidad de California.

Aunque muchos exageren el peligro de contraer gérmenes a través del contacto con objetos de uso común ricos en patógenos, según Eisen "es importante entender que el riesgo no es nulo". Después de tocar una pantalla, los visitantes del museo tendrían que lavarse las manos con agua y jabón antes de volver a tocarse la boca, la nariz o los ojos. Y además deberían procurar evitar que otras partes de su cuerpo entren en contacto directo con las pantallas. "Esto quiere decir que no hay que pasarles la lengua a las pantallas o los iPad del museo", explica Eisen.

A los padres de los niños más pequeños -que no dejan de tocarse la boca, la nariz y los ojos- les convendría evitar que estuvieran en contacto con objetos llenos de gérmenes. Y durante la temporada de gripe, según Eisen, "los museos quizá deberían hacer limpiar los objetos con más frecuencia".

"En el Newseum de Washington D.C. se limpia todo, especialmente durante la actual exhibición interactiva y en realidad virtual del Muro de Berlín", dice Scott Williams, el director ejecutivo de operaciones.

A Christopher Mason, profesor adjunto de la Facultad de Medicina Weill Cornell de Nueva York, que estudió los subterráneos y espacios públicos de alto tránsito de un gran número de ciudades, no se lo ve tan preocupado. "De hecho -sostiene- es como darle la mano a más gente." Y Anthony Fauci, director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas (Niaid, por sus siglas en inglés), entidad adscrita a los Institutos Nacionales para la Salud, advierte acerca de "esa ansiedad que se genera uno mismo" al preocuparse por cosas como los picaportes de las puertas de los hoteles. "Todo eso se puede evitar lavándose las manos todas las veces que sea posible", dice Faucy.

"Los que asisten al Museo Nacional de Historia Natural pueden llegar a manipular alrededor de 50 pantallas interactivas", comenta Elizabeth Musteen, la directora de producción de exhibiciones. Musteen, que lleva 21 años trabajando en el museo, ve que muchas veces los padres sacan a sus hijos de las presentaciones interactivas. "La gente no se puede resistir a tocar una pantalla", afirma. Y algunos están tan condicionados a hacerlo que hasta se los ve tocar los monitores que no son interactivos.

Musteen calcula que casi un 30% de los 7 millones de visitantes que recibe el museo cada año tiende a interactuar de alguna manera con las pantallas táctiles, y casi un 10% las usa el tiempo suficiente como para tener una experiencia significativa. Esto quiere decir que por año hay 700.000 personas que tocan las pantallas, así que habitualmente las limpian todas las mañanas.

"Tratamos de paliar el problema de los gérmenes -explica Musteen-. Creo que hay mucha gente que ni siquiera piensa en eso, como no lo piensa cuando se prueba un par de lentes en un negocio."

Según Anabeth Guthrie, la vocera de la Galería Nacional de Arte, las audioguías se limpian después de cada uso y el equipo de medios hace una ronda diaria para limpiar las pantallas táctiles de la exposición, además de una limpieza semanal exhaustiva cada vez que se considera necesario.

"El equipo del Museo del Espionaje no tuvo mucha suerte con los iPad y hace poco se vio obligado a retirar una exhibición", cuenta su directora de educación para la juventud, Jacqueline Eyl. "La gente quiere llevarse una experiencia que no se pueda comparar con ninguna otra cosa que hagan en su tiempo libre, especialmente con el precio que tienen hoy las entradas." Debido al tema de los gérmenes, Eyl se muestra escéptica respecto de la interacción por medio de realidad virtual en los museos. "No quiero tener que limpiar los visores -dice-. Los auriculares pueden usarse por cuenta (y riesgo) de cada uno?, pero en momentos de mucha afluencia de público es inevitable sentir un poco de asco y rechazo."

En ese museo, los cambios en la rutina de limpieza durante la temporada de gripe brillaron por su ausencia. "Supongo que tendríamos que haberlos implementado", dice Eyl.

Pero los microbios siguen haciendo que Williams, del Newseum, se pregunte si los museos no deberían alentar a sus visitantes a descargar los contenidos extras directamente a sus teléfonos. "De ese modo estarían usando sus propios dispositivos", dice.

Varios empleados de los museos cuestionaron el sentido práctico de limpiar las pantallas después de cada uso. Sin embargo, eso es lo que se hace con los iPad que los empleados del Instituto de Artes de Detroit les entregan a los visitantes del Rivera Court. Y en cuanto a los demás elementos de uso compartido, la vocera Christine Kloostra sostiene: "Nuestro personal es famoso por limpiar meticulosamente esos dispositivos durante los momentos de menor afluencia de público, a media mañana o en mitad de la tarde".

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