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En 25 de Mayo, las paredes "hablan" de Santiago Maldonado

Las pintadas que piden por la aparición con vida del joven desaparecido desde el 1° de agosto contrastan con el hermetismo de los vecinos de la localidad bonaerense

Viernes 25 de agosto de 2017 • 20:55
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LA NACION
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Pintadas y carteles pidiendo por la aparición de Santiago, en 25 de Mayo. Foto: LA NACION / Ricardo Pristupluk
Mural pintado para homenajear a Santiago, en 25 de Mayo. Foto: LA NACION / Ricardo Pristupluk
Mural pintado por Santiago en 2014, en la ciudad de 25 de Mayo. Foto: LA NACION / Ricardo Pristupluk
Mural pintado por Santiago en 2014, en la ciudad de 25 de Mayo. Foto: LA NACION / Ricardo Pristupluk
Pintadas y carteles pidiendo por la aparición de Santiago, en 25 de Mayo. Foto: LA NACION / Ricardo Pristupluk
El frente de la escuela en la cual Santiago estudió hasta tercer grado. Foto: LA NACION / Ricardo Pristupluk
Pintadas y carteles pidiendo por la aparición de Santiago, en 25 de Mayo. Foto: LA NACION / Ricardo Pristupluk

25 de Mayo.- En 25 de Mayo, las paredes hablan. O al menos, dicen lo que los vecinos callan. El lechu, el Brujo, Ardilla, o Santi. Los nombres con los que lo conocen sus amigos a Santiago Maldonado empezaron a ocupar los muros de la ciudad. Las pintadas que piden por la aparición con vida de Santiago contrastan con el hermetismo de los habitantes de esta ciudad para hablar de su vecino más buscado. Una y otra vez, los amigos y conocidos de Santiago cuentan su historia, pero terminan anteponiendo su militancia política como argumento para pedir que no se publique su nombre en LA NACION. Aunque también reconocen que otros medios con los que se sienten más afines no viajaron hasta estas tierras para conocer cómo es Santiago Maldonado como amigo, vecino, compañero.

"Si, lo conozco. Es el lechu. La mejor persona", contó un joven de unos 30 años en la plaza Mitre, la principal de este pueblo de 35.000 habitantes. Se conocían de andar juntos en la calle. "Pero por favor no me nombres", pide. Esta es una ciudad muy tradicional, justifica otro joven, amigo de la familia Maldonado. En la esquina de la plaza principal, en la vidriera del partido Unidad Ciudadana, hay un cartel que busca a Santiago. También hay un afiche en una pared del Banco Nación y un par de autos con carteles en los parabrisas.

En las afueras, cerca de la casa de la familia Maldonado, hay un grafiti que dice "Lechu vive". Y otro que grita "Aparición Ya!". Cerca del polideportivo, a pedido de la familia, el muralista de La Renga, Javier Quintana, que el sábado pasado llegó al pueblo, pintó una pared con la cara de Santiago. También la cara de un aborigen y una especie de robocop verde con una mano ensangrentada, en referencia a la Gendarmería.

Tatuajes y skate

Las paredes cuentan lo que otros callan. Incluso aquellas en las que Santiago dejó marcados sus propios murales. Como en la esquina de 11 y 28, donde pintó un joven andando en skate con la A de anarquía tatuada en el brazo. Y con la bandera mapuche y la leyenda "Huetel Mapu". Huetel significa mulita en mapuche y en el nombre que le daba a la zona antes de que se fundara 25 de Mayo. Está firmado por El Brujo, con fecha 2014.

Los amigos cuentan que cuando Santiago vivía en 25 de Mayo siempre llevaba libros en la mochila. Que era malo jugando al fútbol. Aprendió a hacer tatuajes y lo adoptó como medio de vida. Que a quien no tenía para pagar o le había pasado algo importante, como perder a un padre o tener un hijo, le regalaba un tatuaje. Se había hecho vegetariano y le gustaba comer lo que daba la tierra, por eso le decían El Brujo.

Algunos lo recuerdan como el primero en andar en patineta por las calles del pueblo. Emmanuel Sofi lo conoció de chico. "Cerca de un kiosco del barrio. Era muy sabandija, me tiraba piedras. Y así nació la amistad. Jugábamos, nos metíamos a la pileta, merendábamos, jugábamos al fútbol, él era pata dura pero jugaba igual. Jugábamos a la play, andábamos en bici. Después fuimos creciendo, de más grande, me hizo ver el mundo de una forma diferente, me hizo creer y dejar de creer en cosas. Él no cree en el gobierno, en la política ni en la iglesia. Está en contra del sistema. Pero él respetaba la creencia del otro. El miraba el interior", publicó el joven en su Facebook.

"Él se iba mucho de viaje porque explicaba que acá, en 25, se aburría. Le gusta moverse. Siempre decía que el pueblo era la vuelta al perro, la laguna y no había nada más", asegura Emmanuel.

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