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Una princesa no se viste así: cinco transgresiones de Lady Di

Bautizada por muchos como "la princesa rebelde", Diana es recordada por haber cambiado la imagen de la realeza; repasamos pequeños gestos de su imagen que fueron enormes a la hora de marcar este cambio

Martes 29 de agosto de 2017 • 17:44
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LA NACION
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Que la corona británica haya intentado proponer una imagen de mujer sumisa para la flamante prometida del príncipe Carlos es un hecho indiscutible. Miren sino el peculiar detalle de las primeras fotos que se dieron a conocer de la pareja real, allá por 1981, y el sello postal que pasó a la historia en conmemoración de su compromiso: Carlos parece siempre mucho más alto que Lady Di , aunque técnicamente eran de la misma altura.

La estampa postal conmemorativa del compromiso real se veía así
La estampa postal conmemorativa del compromiso real se veía así.

Diana Spencer tenía 19 años cuando se anunció al mundo que se casaría con el heredero al trono británico. Podía parecer sumisa, tímida y retraída, pero en el fondo tenía su carácter, un carácter que pocos años después causaría una revolución en la corte, y que comenzó a mostrarse en breves pero contundentes gestos fashion de la princesa. Repasamos algunos de ellos.

1. El escote no está prohibido y el negro no es luto

Lady Di impuso el little black dress y no le temió a los escotes
Lady Di impuso el little black dress y no le temió a los escotes.

Uno de muchos vestidos icónicos de Lady Di es el que usó para su primera aparición en público desde el anuncio de su compromiso. El diseño, de la misma dupla que creó su vestido de novia, David y Elizabeth Emanuel, era de tafetán negro y tenía un escote strapless con forma de corazón que a su prometido no le gustó nada. "¿No vas a ir vestida así, cierto?", le espetó. Lady Di no se dejó amedrentar y, tal como contó en el documental Diana: in her own words, consideró que el look era absolutamente adecuado: "Llevaba los hombros descubiertos, lo que estaba bien para mi edad", explicó. Sobre el uso del color negro, que según Carlos las mujeres de la realeza sólo usaban para el luto, ella decidió reivindicarlo. Su armario, de entonces en adelante, abundó en todo tipo de vestidos negros, a cuál más elegante y sensual.

2. Sin guantes

El protocolo de toda casa real suele indicar que sus Altezas Reales deben usar guantes en los compromisos públicos, como símbolo de estatus. Si bien es cierto esta costumbre en la actualidad está en desuso, en los 80 todavía era un requerimiento muy estricto. Sin embargo, poco le importó a Lady Di romper este código real. Cuando comenzó a emprender sus viajes en misiones humanitarias decidió que no podía saludar a la gente con un guante de por medio. Necesitaba estrechar sus manos, tener contacto directo con aquellos a quienes quería ayudar.

En su visita a la Argentina, recorrió distintas instituciones de beneficencia y estrechó manos con todos, sin guantes
En su visita a la Argentina, recorrió distintas instituciones de beneficencia y estrechó manos con todos, sin guantes.

3. Pionera del "power dressing"

El vestido de la venganza, un ícono en la historia de sus looks
El vestido de la venganza, un ícono en la historia de sus looks.

Después de tener a sus dos hijos, y ante el constante rechazo que sentía de parte de su marido, Diana comenzó con su activismo humanitario y su agenda se llenó de compromisos. Fue entonces que vio la necesidad de armarse un "uniforme de trabajo", un estilismo que le sirviera para cumplir con su rol y al mismo tiempo diera un mensaje. Que la definiera a los ojos de la opinión pública como una autoridad y no sólo una figura para la foto, algo que hoy se conoce en comunicación política como "power dressing". Cada uno de sus vestidos tiene un mensaje y es por eso que su armario es tan simbólico.

Quizás el look más icónico en este sentido es el que los medios bautizaron "The Revenge Dress" ("El vestido de la venganza"). Lo usó en una fiesta en 1994 en la Serpentine Gallery, la misma noche en que el príncipe Carlos daba una entrevista por primera vez desde su separación, en la que admitía su affair con Camilla Parker Bowles. Mientras la entrevista, con la que Carlos pretendía reivindicarse luego de que todos los medios hablaran de sus infidelidades, no fue bien recibida por la opinión pública, el vestido de Lady Di, firmado por Christina Stambolian, negro, corto y con un escote muy sensual, provocó ovaciones en toda la prensa internacional.

4. El taco sensato

Los 80 fueron los años de las plataformas y los tacos aguja. Un taco nunca era demasiado alto. Siempre se podía más. Hasta que Lady Di decidió que la elegancia tenía que ser una actitud y no una cuestión de altura. Uno de los ítems que formaron este "uniforme" fueron los tacos de no más de cuatro centímetros. Los stilettos que cumplieran con las características de ser elegantes, cómodos y que pudieran usarse de todos los colores, eran los zapatos perfectos para Lady Di. Como todo lo que usaba la princesa, se convirtieron en tendencia y en el presente fueron reivindicados por la búsqueda de lo más saludable. Un taco de cuatro centímetros es mucho más recomendable para cuidar los pies y la espalda. Por eso hoy se define como "taco sensato".

5. Las princesas también bailan

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Como toda hija de la nobleza europea, la formación de su niñez y juventud estuvo colmada de disciplinas artísticas. Lady Di tocaba el piano y había estudiado danzas clásicas. Sin embargo, nunca pudo convertirse en bailarina. Una vez que se casó con el príncipe Carlos, decidió dar rienda suelta a su pasión, algo que no fue muy bien recibido por su marido, pese a que a él también le gustaba demostrar sus dotes para el baile (en su primera gira oficial por Australia junto a Diana, hizo gala de ello).

El día en que bailó con John Travolta en la Casa Blanca
El día en que bailó con John Travolta en la Casa Blanca.

Diana rompió el protocolo nuevamente en la cena de gala que se ofreció en honor a su visita en la Casa Blanca en 1985. Enfundada en un vestido azul firmado por Victor Edelstein, aceptó la invitación de nada menos que John Travolta, el bailarín del momento tras el furor de Grease y Fiebre de sábado por la noche, a sumarse a la pista de baile. "Traté de que se sintiera cómoda; puse mi mano en su espalda y la llevé de tal forma que se sintiera segura. El baile fue fantástico gracias a ella... En ese momento fui como su príncipe azul", recordó Travolta sobre ese momento cumbre. Pero fue su presentación en un evento de la Royal Opera House cuando realmente se pasó de la raya: con un vestido lencero color blanco, se animó a subirse al escenario e interpretar una coreografía de danza jazz junto al gran bailarín Wayne Sleep, ante la mirada azorada de su marido, quien, según contó Diana en una entrevista, nunca la felicitó por su encantadora performance.

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