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Darín, el único: estrella indiscutida del cine argentino de alcance global

Con la convocatoria de La cordillera como renovada prueba de su ascendente sobre nuestro star system -mayormente masculino y sin rostros jóvenes-, también demuestra su atractivo internacional

Martes 29 de agosto de 2017
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Como el presidente Blacno, en la película de Mitre
Como el presidente Blacno, en la película de Mitre.

A pocas semanas de que reciba el importante premio Donostia a la trayectoria en el Festival de San Sebastián, se puede afirmar -en aras de la provocación- que Ricardo Darín es la única estrella latinoamericana de cine. La anterior es una afirmación que quizá suene extemporánea, y que puede y debe ponerse a prueba, y tal vez hasta ser desmentida velozmente. Pero veamos qué tan verdadera o resistente es esta hipótesis o cuánto explica: ¿Darín es conocido masivamente en toda América latina? Con diferencias de alcance, la respuesta es sí, es muy conocido, y también lo es en países europeos, empezando por España. Desde Nueve reinas, Darín ha acumulado muchos éxitos millonarios y tres películas nominadas al Oscar: El hijo de la novia, El secreto de sus ojos (lo ganó) y Relatos salvajes. Esas y otras que protagonizó se vendieron a muchos mercados, y sobre todo estas dos últimas obtuvieron mucho éxito. Darín tuvo estrenos con su protagónico en Cannes, San Sebastián y otros festivales. Y después de Nueve reinas, mantuvo una consistencia en el trabajo en la gran pantalla que lo ha convertido en eso que no es nada sencillo de encontrar y de generar, y menos en el cine latinoamericano: una presencia que irradia magnetismo, cualidad de estrella y aura de cine, como pueden serlo y hacerlo Tom Cruise o Tom Hanks , por ejemplo.

En estos momentos, el cine argentino -una industria que no supo aprovechar las grandes oportunidades abiertas en el cambio de siglo para hacer crecer a su propio público- tiene tres películas entre las seis más vistas. El podio lo ocupa La cordillera, protagonizada por Darín.

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Mamá se fue de viaje, dirigida por Ariel Winograd, con Diego Peretti y Carla Peterson como protagonistas, está actualmente sexta entre las más vistas, pero es la que tiene más entradas vendidas de las tres en cuestión (1.559.249) y muy probablemente sea a fin de año la argentina más vista. Es momento de hacer una comprobación. ¿Tanto Peretti como Peterson suman atractivo para el público? Sí, claro. ¿Son garantía de éxito con cualquier película? No, basta revisar su filmografía para encontrar ejemplos. La película argentina que disputa el podio con La cordilleraes El fútbol o yo, dirigida por Marcos Carnevale, con Adrián Suar y Julieta Díaz . ¿La presencia de sus protagonistas suma atractivo para el público? Sí, claro. ¿Son garantía de éxito con cualquier película? Suar, hasta el momento, sí. ¿Es Suar exportable al resto de América latina y a España? No demasiado. Volamos a La cordillera, de Santiago Mitre , y a su protagonista, que sin dudas encarna un fenómeno distinto que trataremos de analizar.

Se trata de un actor reconocible, una presencia inconfundible: "Es Darín", y a la vez es una máscara que se adapta a diversos papeles, con una capacidad notoria para "ser el personaje". Y ni Darín ni el personaje se aplastan entre sí, no se imponen el uno sobre el otro en detrimento del relato. Darín, si bien ha trabajado, y con éxito, en teatro y en TV, tiene hoy en día como actividad principal y como estirpe aquella del actor de cine: es una estrella cinematográfica. Ya no es alguien "de la tele" que hace cine. En todo caso, es un actor de cine que puede llegar a aparecer en TV o actuar en teatro.

¿Y no hay otros como él en América latina? Claro que hay estrellas, pero ninguna parece reunir en tal magnitud las características de Darín. Están los mexicanos Gael García Bernal y Diego Luna , pero su carrera se ha sostenido en buena medida en producciones más globales, de Neruda al cine de Michel Gondry, Star Wars y un western de y con Kevin Costner . El resto de los grandes y/o muy exitosos actores latinoamericanos son menos conocidos más allá de sus fronteras nacionales, o más allá de ciertas capas más enteradas y entrenadas: Damián Alcázar, Guillermo Francella , Oscar Martínez , Natalia Oreiro (ver aparte), Carlos Alcántara, Salvador del Solar, Stefan Kramer, Sergio Hernández, Paulina García y un largo etcétera de notables y notorios.

Sonia Braga supo ser una estrella latinoamericana en los ochenta, y hoy ha resurgido gracias a Aquarius, pero lo cierto es que las generaciones más jóvenes la reconocen poco fuera de Brasil. Nadie cumple como Darín lo de ser conocido y taquillero en todos los países en cuestión y a la vez con su trayectoria de años como actor de cine y -por ahora- en castellano. Quizá sea más lógico decir que Darín es la mayor estrella de cine latinoamericana, pero afirmar que es la única es un truco necesario para llamar la atención, para jugar el juego del star system que entendieron tan bien los surcoreanos: necesitamos más estrellas de y en la región para fortalecer el cine, para que circulen más y mejor las películas de los países cercanos, idiomática y territorialmente hablando.

El surcoreano ha sido un cine con un crecimiento extraordinario desde fines del siglo XX, un milagro -aunque tiene explicaciones racionales- industrial, cultural y autoral sostenido en una diversidad de películas, en una cuota de pantalla que fue fuerte y luego se debilitó. Aun con sus altibajos y polémicas, la industria surcoreana exhibe un dominio en su mercado como muy pocos otros cines nacionales: películas récord, géneros como la acción hechos con un nivel de espectacularidad incluso superior al promedio de Hollywood, películas de monstruos, de gánsteres, de héroes y villanos, y estrellas reconocibles como Song Kang-Ho o Doona Bae, entre otras.

El surcoreano no es solamente un cine: es un sistema cinematográfico que permite que directores que comenzaron en pequeñas producciones crear algunas gigantes y también el cine global, que haya competencia por dominar la taquilla, y que actores y actrices vean el cine como un camino posible para triunfar a lo grande.

Ser y parecer

Pero volvamos a nuestro star system. El simpático y entrador Marcos, el estafador que Darín componía en Nueve reinas, revelaba una dimensión progresivamente siniestra. En la otra película dirigida por Bielinsky, El aura, Darín sería "el bueno" del relato: un personaje sin nombre y de una oscuridad tremenda.

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Darín sabe ocultar y mostrar, mentir y decir la verdad, y poner el gesto al medio, abajo y arriba, y siempre estar convencido; Darín no trabaja de actor, de alguna manera lo es. Muta en su personaje sin necesidad del gesto excedido: ante todo, entiende la sobriedad que exige la pantalla grande en una sala oscura. Y a esas capacidades supo sumarles la de volverse convocante, una estrella provista del viejo, noble y cada vez más necesario star power. Darín es sinónimo de éxito de taquilla: versátil, eficaz, magnético.

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Directores que empezaron con óperas primas de bajo presupuesto estrenadas mundialmente en el Bafici, como Pablo Trapero y Santiago Mitre (Mundo grúa y El estudiante, respectivamente), crecieron y llamaron a Darín como protagonista. La cordillera, la película argentina estrenada con más copias en la historia del cine local, volvió a probar el poder de convocatoria del intérprete, con el desafío de encarnar nada menos que al presidente de nuestro país. Pero Darín también fue ladrón, estafador, taxidermista con sueños criminales, vengador urbano, crítico de cine, piloto, abogado, cura y más, y con cada uno de ellos nos hizo creer en su decisión de interpretarlos. Y de volverlos memorables, algunos incluso hasta míticos.

Mientras Darín suma espectadores, y los tres directores de estos tres éxitos argentinos del momento (Mitre, Carnevale, Winograd) suman más argumentos para ganarse el adjetivo de "convocantes", el cine local se da cuenta de que el star system de la TV ya no es trasladable al cine como lo era antes: los fracasos de Sólo se vive una vez y Cantantes en guerra no deberían soslayarse.

Mientras Darín suma espectadores, el cine local sigue trabajando sobre su dificultad para encumbrar estrellas femeninas, más allá de que Eugenia Suárez y Natalia Oreiro sean actualmente lo más cercano a esa categoría. Mientras Darín suma espectadores, el escaso star system local dialoga poco con otros similares, como pasa en casi todos los demás países: el público de cada país mayormente sólo reconoce a las estrellas locales y las del cine de Hollywood, con pocas excepciones.

Hay, sin embargo, algunos movimientos, y también pueden ejemplificarse con Darín: no es el cine mainstream el que más está trabajando para unir y potenciar estrellas sino el material que suele comenzar su recorrido en festivales: la nueva película del iraní Asgar Farhadi, dos veces ganador del Oscar a la mejor película extranjera (por La separación y El viajante), reunirá a Javier Bardem, Penélope Cruz y Darín.

Para terminar, y agregar una prueba más del lugar que ocupa Darín, apuntemos un par de fenómenos que pueden observarse por estos días: el actor está tan sólidamente establecido en el lugar de estrella que -entre diversas polémicas surgidas de La cordillera- se ha empezado a discutir sobre ese sitial con mayor apertura y, sobre todo, ya hay público que le recomienda el mejor modo de continuar con su meteórica carrera.

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