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El colonial capricho del euro

Martes 29 de agosto de 2017
LA NACION
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¿Es Lucas Alario un futbolista de sexta al lado del francés Ousmane Dembelé? El mercado al menos piensa que vale la sexta parte. O algo así. El Barcelona contrata al delantero francés por una cifra que prácticamente multiplica por seis –entre pase y variables– la que pretende gatillar el Bayer Leverkusen para disponer de los servicios del atacante santafecino. Una diferencia que no se advierte en el terreno de juego.

Lo que prueba el Caso Alario es que las instituciones del fútbol argentino quedaron muy desprotegidas. La europeizante cláusula de rescisión le viene de perillas a un continente opulento que se ríe a carcajadas del fair-play financiero (para muestra, la opereta PSG–Mbappé), vapuleando la inocencia de los hinchas que quieren continuar disfrutando de sus mejores jugadores.

No se trata de defender a River por ser víctima de esta operatoria, dado que en su momento el club de Núñez utilizó la misma mecánica para hacerse, por ejemplo, de Javier Pinola; en última instancia, pierde a dos delanteros en un mes y medio pero se hace de unos 40 millones de euros. Sí se trata de llamar la atención sobre un sistema que es legal pero que suena injusto. En el que los clubes, la columna vertebral del fútbol argentino, se han vuelto rehenes de la voluntad de los que trafican con mercancía humana, con la complicidad de la misma mercancía.

Nada nuevo, ciertamente. Lo que no impide volver a señalarlo.

Quienes promueven el desangramiento cuentan ahora como aliados con la voracidad del medio europeo, que adquiere jugadores como baratijas, aprovechando una desigualdad estructural. Los futbolistas parten al exterior –preocupados por asegurarse un futuro pero no siempre expresando la gratitud debida– y al instante de firmar su nuevo contrato son valuados por sus nuevos patrones a través de cláusulas que aumentan su valor de manera arbitraria: en el caso de Sebastián Driussi, el Zenit San Petersburgo casi que lo cuadriplicó fijando una opción de salida de 75 millones de euros.

Boca se blinda elevando las cláusulas de rescisión de Benedetto y Pavón, por ejemplo, una medida que necesariamente va acompañada con una mejora de las condiciones dispensadas a ambos futbolistas. Se pone relativamente a salvo de esa voracidad colonial pero, ¿cuántos pueden seguirle el tren? El capricho del euro, su intervención sobre el mercado argentino, traerá a la larga también distorsiones deportivas que pueden volverse incorregibles.

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