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El árbol y el bosque

Pablo Gianera

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LA NACION@gianera
Miércoles 30 de agosto de 2017
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Foto: AFP / Mladen Antonov

Sin correr demasiado riesgo de equivocarse, uno podría decir que el árbol es el mejor amigo del hombre, y el bosque, una gran reunión amistosa. Es probable entonces que la mujer que camina con su perro (el otro mejor amigo, si no fuera porque los superlativos no permiten comparación) cerca de Yantarny, en Kaliningrado, se sienta más acompañada por los árboles que por el perro. ¿Qué nos dan los árboles? Sombra, que es la frescura que no hiere de frío. Sombra, que nos depara la ilusión de que estamos por un momento fuera del mundo. Sombra, y altura, sobre todo altura. En su maravilloso y clásico libro sobre los signos y los símbolos, el ilustrador y tipógrafo Rudolf Koch nos enseñó para siempre que la línea vertical representa la fuerza de arriba que cae sobre los hombres, o bien, por el contrario, el anhelo del hombre de elevarse hacia lo alto. El árbol es el emblema de esta fuerza que nos empuja a salir de la tierra, pero con las raíces en ella.

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