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La tormenta Harvey rompe el récord de precipitaciones y se agrava el desastre

Rompió una marca histórica: cayeron 1318 milímetros, más de lo que llovió en Buenos Aires durante 2016; Trump viajó ayer a la zona; ya son 19 los muertos y advierten que la reconstrucción será larga

Miércoles 30 de agosto de 2017
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LA NACION
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WASHINGTON.- Nunca llovió tanto. Harvey, el huracán devenido tormenta tropical que azota al sur de Texas desde el viernes y ayer golpeaba también a Luisiana, ingresó en la historia al registrar la mayor precipitación para un único ciclón en el territorio continental de Estados Unidos, informó el Servicio Meteorológico Nacional.

Un grupo de evacuados deja sus hogares al norte de Houston
Un grupo de evacuados deja sus hogares al norte de Houston. Foto: AFP / Win McNamee

Mientras aún caía agua del cielo, ayer por la tarde, una estación meteorológica al sur de Houston registraba una precipitación de 51,88 pulgadas, equivalente a 1318 milímetros. Un punto de comparación: en la ciudad de Buenos Aires, en 2016, las lluvias de todo del año sumaron 1224 milímetros. A la espera de las últimas mediciones, Harvey quedaba a tiro de superar el récord histórico de precipitación para todo Estados Unidos, registrado en Hawai, en agosto de 1950, cuando el huracán Hiki dejó 52 pulgadas de agua, o 1321 milímetros.

Atento a la devastación, y a evitar a toda costa la deficiente respuesta del gobierno de George W. Bush al huracán Katrina, 12 años atrás, el presidente Donald Trump viajó junto a la primera dama, Melania Trump, y parte de su gabinete a Texas, donde aterrizó, primero, en Corpus Christi y luego, en Austin, para apuntalar los esfuerzos de rescate y prometer toda la ayuda necesaria para la recuperación.

"Queremos hacer lo mejor que nunca antes", dijo Trump, en su primera parada, en Corpus Christi.

"Probablemente nunca ha habido nada tan costoso en la historia de nuestro país. Nunca ha habido nada tan histórico en términos de daños y en términos de ferocidad como lo que hemos visto con Harvey. Suena como un nombre tan inocente, ¿verdad? Pero no lo es, no es inocente", insistió Trump, ya en su segunda parada, en Austin, donde visitó uno de los centros de emergencia donde se coordina el operativo de rescate.

Las imágenes mostraban a Houston, la cuarta ciudad del país, paralizada, tapada por el agua. Las autoridades locales confirmaron 19 muertes vinculadas a la tormenta. Cientos de miles de personas comenzaron a poblar los albergues habilitados por la ciudad, colapsados: el más grande, el centro de convenciones George R. Brown, tenía una capacidad prevista para 5000 personas, y ayer ya había acogido a 9000. La Cruz Roja informó que más de 17.000 personas habían buscado refugio. Una pizarra blanca en el centro de operaciones de emergencia de Austin, al que Trump visitó, ofrecía otra cifra, escrita con un marcador: "Población en albergues, 22.000". El dato tenía hora: las 9 de la mañana.

"Todavía estamos en una misión para salvar y sostener vidas", dijo el director de la Agencia Federal de Gestión de Emergencias (FEMA, según sus siglas en inglés), Brock Long. "La recuperación va a ser frustrante. Vamos a estar aquí con ustedes para ayudarlos, va a ser difícil navegar todos los programas disponibles, pero estamos aquí para ayudar", insistió.

En medio de la devastación, la ciudad buscó brindarle garantías a los casi 600.000 inmigrantes indocumentados, al asegurar que no se solicitarían documentos ni estatus migratorio en ningún albergue, e incluso el alcalde, Sylvester Turner, un demócrata, prometió defenderlos personalmente si alguien intentaba deportarlos.

"Si alguien viene, y por alguna razón alguien intenta deportarlos, yo mismo voy a representarlos", afirmó Turner. Por la tarde, Turner anunció que el Toyota Center, un estadio de básquetbol en el centro de la ciudad, había sido abierto para albergar a más víctimas.

Mientras la tormenta aún castigaba al sur de Estados Unidos, expertos coincidían en que la recuperación demandará años.

Gavin Smith, del Centro de Resiliencia Costera de la Universidad de Carolina del Norte, dijo a LA NACION que las tareas de recuperación y reparación del daño provocado por la tormenta demandarán un esfuerzo coordinado de largo plazo, sobre todo por el tamaño del territorio golpeado por la tormenta, y la cantidad de ciudades. Un desastre similar al que provocó Sandy, en 2012. El subte de Nueva York, por ejemplo, aún arrastra daños. "Va a durar varios años. De hecho puede durar décadas. En Nueva Orleáns todavía se están recuperando de Katrina", afirmó. La cruzada irá desde las tareas de limpieza y reparación de la infraestructura básica hasta la reconstrucción de casas, puentes y rutas. A eso se suma la reconstitución de la economía. Houston, recordó Smith, "está muy atada al petróleo y el comercio".

Harvey aún no había terminado de golpear. Un dique de una reserva de agua cerca de la ciudad rebalsó por la lluvia, y las autoridades esperaban que otro comenzara a hacerlo hoy, volcando más agua en la ciudad. Con todo, el cierre del día traía algo de alivio: el cielo comenzaba a despejarse, la tormenta se disipaba y Houston, de rodillas, intentaba ponerse de pie.

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