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El particular destino que tuvo el primer arco del Mundial de 1930: ocupa la vereda de una calle de Montevideo

El duelo de mañana entre la selección y Uruguay se jugará en una ciudad que desborda de historia deportiva; las perlitas del museo del fútbol

Miércoles 30 de agosto de 2017 • 08:30
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LA NACION
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MONTEVIDEO.- El francés Lucien Laurent toma la pelota. La uruguaya Irma toma su cartera. Laurent avanza, esquiva a uno, dos, tres mexicanos. Irma avanza, cierra una, dos, tres ventanas. Laurent gira, deja en el camino al último defensor y queda frente al arco. Irma gira las llaves, abre la última puerta que da a la calle y queda sola frente al arco. Ambos están en la misma ubicación, pero los separan 87 años. Laurent, cuando culmine la jugada, será recordado por marcar el primer gol en la historia de los Mundiales, en el partido que Francia le ganó a México 4 a 1. Irma, en cambio, encara todos los días la escultura del arco cuando sale de su casa, pero la esquiva y sigue sin importarle que toda su vida caminará por el costado de la historia.

El arco, en el estadio de Pocitos
El arco, en el estadio de Pocitos. Foto: cdf.montevideo.gub.uy

Si bien el estadio Centenario de Montevideo se inauguró para el Mundial de 1930, una demora que no estaba prevista obligó a que dos partidos se jugaran en el estadio de Peñarol, que se había construido en el barrio de Pocitos, en 1921. A espaldas del gigante Centenario, la humilde cancha vivió siete años más y fue demolida por el avance de la ciudad y la necesidad de construir viviendas. Hoy, en el lugar donde se convirtió el primer gol de los Mundiales hay un barrio residencial. Y en una de esas veredas, firme contra el paso del tiempo, quedó la escultura de una parte de aquel arco y una leyenda a sus pies, en la baldosa: “Donde duermen las arañas”.

A veinte cuadras de allí mañana jugará la selección argentina contra Uruguay por las eliminatorias. Un duelo con mucha historia, en un estadio que guardó parte de la suya debajo de una de sus tribunas. En el museo del Centenario brilla una réplica del trofeo Jules Rimet, que la selección local ganó en 1930 y en 1950. Otro de las obras que se destacan en la muestra es un busto de Obdulio Varela, el capitán que lideró el Maracanazo. También brilla su camiseta, celeste pura, sin insignias ni escudos.

La camiseta de Obidulio Varela y su busto
La camiseta de Obidulio Varela y su busto. Foto: Prensa Museo del fútbol
La camiseta de Atlanta, en el museo
La camiseta de Atlanta, en el museo. Foto: caatlanta.com.ar

Diego Maradona también tiene su lugar en el museo. La camiseta que usó el Diez en el Sudamericano de 1979 que se jugó en ese estadio, meses antes de la Copa del Mundo que la Argentina ganó en Tokio. El otro argentino que tiene su lugar es Ricardo Bochini, ganador de cinco Copa Libertadores y dos Intercontinentales, entre otros logros. El emblema de Independiente donó una camiseta firmada. La presencia nacional más llamativa la protagoniza Atlanta. El club de Villa Crespo tiene un lugar designado en una esquina del primer piso, donde se muestra una camiseta actual del equipo, junto a una descripción de su historia. A su alrededor hay una bandera antigua de Uruguay, plaquetas locales del siglo pasado y una foto hecha gigantografía en blanco y negro de una de las primeras reuniones de la Confederación Sudamericana. Según cuentan en el museo, el espacio dedicado al club nació por una iniciativa del periodista Edgardo Imas, historiador de Atlanta, quien conoció al director del Museo, Mario Romano Alonzo, y lo convenció.

Lo cierto es que a metros de las camisetas de Atlanta, Maradona, Bochini y Obidulio Varela, y a dos kilómetros de aquel histórico primer arco, la Argentina y Uruguay jugarán un partido clave por las eliminatorias hacia Rusia 2018. Un duelo que, por donde se lo mire, respira historia.

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