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Tiempo de descuento: las marcas condenadas a desaparecer

Alfredo Sainz
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30 de agosto de 2017  • 19:53

Los asesinos de marcas

5:38
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Un buen nombre es lo más valioso que uno puede tener. El slogan noventoso pertenecía a un banco local, el Río, que al poco tiempo fue adquirido por un grupo español, el Santander. El nuevo dueño decidió avanzar en un proceso de alineación internacional que incluyó el cambio de nombre para su filial argentina que pasó a ser conocida como Santander Río.

El caso del Río es un solo un ejemplo de cómo muchas marcas que gozan de un alto reconocimiento y prestigio entre los consumidores terminan desapareciendo.

En la mayoría de los casos, los cambios responden a un proceso de alineación internacional en el que las marcas locales son sacrificadas para permitir el desembarco de una extranjera. Los ejemplos locales incluyen a los cigarrillos Derby y Jockey Club (ambos fueron reemplazados por Pall Mall), los pañales Mimito (pasaron a ser Huggies) o los celulares Movicom, que se habían convertido en un genérico pero igual terminaron siendo sustituidos por Movistar.

En otros casos, la desaparición de una marca responde a un proceso de fusión entre compañías en el que indefectiblemente al menos un nombre (o dos) pasa a mejor vida. Bajo esta lógica se explica la despedida de una marca muy reconocida a nivel local como la aerolínea LAN, que a partir de la fusión con TAM pasó a operar como Latam.

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