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Preguntas y respuestas

Sergio Suppo

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LA NACION
Jueves 31 de agosto de 2017
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A Susana le sobró espacio. En su cuenta de Twitter utilizó apenas 103 caracteres para escribir, ayer por la tarde: "De ninguna manera voy a recibir a la ex presidenta CFK, sería como traicionar mis principios y mis ideas".

La diva cerró rápidamente una discusión plural e insólita que había detonado al comenzar la semana. ¿Le convenía a Cristina sentarse en el living más visto de los domingos a la noche? ¿Debía exponerse a preguntas incómodas o mantenerse al amparo de amigables charlas con comunicadores partidarios?

Susana, que recibió al "presidente Mau" y trató con dulzura a Carrió, Vidal y Ocaña en el final de la última campaña electoral, se dio el lujo de cerrarle la puerta. Pero lo más importante no es ese rechazo.

De tanto naturalizar lo extraordinario, parece normal que la mujer que ejerció más poder en la historia nacional tenga dificultades para salir de su propia caparazón y responder, dar explicaciones, asumir el simple juego de las entrevistas que todos los hombres públicos disfrutan y padecen como parte inevitable de su acción política. Por lo mismo, está a punto de ser una noticia que Cristina enfrente y derrote el miedo que tiene a responder lo que difícilmente pueda contestar.

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