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1 de cada 10 estudiantes tiene sexo con sus maestros

Una encuesta de Collegestats realizada entre 2000 estudiantes universitarios de Estados Unidos reveló que el 14,4 % tuvo relaciones íntimas con algun docente

Lunes 04 de septiembre de 2017 • 00:50
LA NACION
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Foto: Shutterstock

Al fin Brigitte Macron habló sobre los más de 20 años que le lleva a su marido el presidente de Francia, aunque en los comentarios que hizo durante una entrevista reciente dió a entender que entonces, tanto como la edad, le pesaba el estatus profesional, pues cuando se conocieron ella estaba casada y el menor era su alumno. Tres grandes factores en contra. Convengamos que el suyo es de los poquísimos casos que han sobrevivido a un semestre, pues si bien es cierto que el "romance académico" es una de las fantasías eróticas más recurrentes y humanas, cuando se concreta suele ser un vínculo efímero, con pocas chances de prosperar fuera de los claustros, si es que no acaba muy mal (presos, o expulsados de la institución, salvo que el amor se dé en Arkansas, donde es legal)

Casualmente en una encuesta realizada un año atrás entre 2000 estudiantes de los Estados Unidos, el 14,4 % confesó haber tenido relaciones sexuales con un profesor o miembro del personal académico. El 45,5 % dijo que la iniciativa había sido del docente, según datos recogidos por el sitio collegestats.com, que reúne información de las principales casas de altos estudios de aquel país. Los resultados del sondeo revelaron que el 52,57% de los consultados había fantaseado con alguno de sus profesores (por lo general el de ciencias y matemáticas) y si bien el 64% de los estudiantes coincidió en que la atracción fue mutua, la mayoría dijo haber tenido sexo solo entre una y tres veces, es decir, el hechizo duró poco. Contrariamente a lo que se podría pensar, el 4% lo hizo por placer y no para aprobar un examen, razón por la que el 80 % no se arrepintió ni se avergonzó al mencionarlo (aunque no lo contaron a nadie).

Sin dudas el cerebro humano es un órgano para el diván. El individuo menos agraciado e inteligente, alguien que quizá en la parada del colectivo o en un cumpleaños pasaría totalmente inadvertido, puede convertirse en objeto de deseo por simple hecho de ocupar una posición de poder en nuestras vidas, como en el caso de los docentes, el jefe, el piloto, la enfermera, etc. etc. Yo me enamoré platónicamente de Cristina, mi maestra de primer grado, en la secundaria estaba muerta por el profesor de Educación Fisica y más tarde por del ayudante de cátedra, pero en ningún caso los bajé del limbo.

El goce que produce hacer realidad las fantasías es muy corto, y a veces ya antes de intentarlo sobreviene el desengaño. Así es que quién no quiere un amor como el de los Macron, a prueba de todo.

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