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Historia de un amor, un accidente y un no te olvido

Después de enamorarse por mail, se fueron a vivir juntos; Su amor fue idílico hasta el día en el que su auto, junto a sus sueños, cayó 200 metros al vacío

Señorita Heart

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PARA LA NACION
Viernes 01 de septiembre de 2017 • 00:05
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Para Anabella, él es único en su especie; lo fue desde el primer instante y nunca dejará de serlo. Todo lo que él decía y cómo lo decía, lo convertían en el ser más bonito que la vida pudiera regalarle. Su mirada y su personalidad avasallante, la cautivaban por completo; le resultaba casi un pecado que él anduviese así, como si nada por el mundo, sin saber hasta qué punto le provocaba emociones tan extremas y una química que revolucionaba sus sentidos.

Lo conoció porque él le pidió su mail a una amiga y, sin haberla visto jamás, comenzó a escribirle. En un principio Anabella, un tanto reticente, le respondía algo distante y bastante convencida de que seguro sería uno de esos atrevidos efímeros que sólo buscan diversión. Pensó así, hasta el día en el que despertó tan envuelta, tan ansiosa, tan emocionada y dependiente de sus mensajes, que se sentía como una mosca indefensa frente a sus palabras. Ese saludo de cada mañana, se había convertido en la energía indispensable para poder enfrentar el resto del día con una sonrisa infinita y con la esperanza del amor.

El encuentro

Las semanas transcurrieron encendidas por las charlas. Anabella, ya deseosa de escaparle a lo virtual, se animó y lo invitó a una muestra de teatro. Él la iba a conocer viéndola bailar y cantar. "¿Y si no le gusto?", se dijo Anabella, pero la bolilla había sacado su tema, ella supo lucirse y, después de aquella primera cita, quedaron en volver a verse.

Para el siguiente encuentro, él pasó a buscarla por su casa. Se había puesto su jean favorito, los tacos, el maquillaje y ese perfume que la hacía sentir tan sensual. ¡Perfecta! Mientras bajaba por el ascensor, toda ella tambaleaba de los nervios sobre sus stilettos; la vida, que no la había agraciado con la altura, le estaba pasando factura por querer verse hermosa ante la mirada de aquel hombre magnético. Abrió la puerta, le dio un beso bastante cercano a la comisura de sus labios y su cuerpo se estremeció, extasiado.

Ese día fueron a un barcito lindo de lucecitas azules y las burbujas hicieron su efecto; al poco tiempo, ya se encontraban viviendo juntos. Para ella, cada día fue de un disfrute extremo; lo quería demasiado y lo cuidaba también. Juntos viajaron mucho: fueron al norte y al sur; a cualquier rincón que las vacaciones les deparara. Todos eran mágicos.

Un viaje hacia las culpas

Un febrero emprendieron un nuevo viaje. Los días prometían abrirse a la aventura, la complicidad y el encanto. Todo fue perfecto hasta la llegada de ese domingo fatal en el que su fórmula, que parecía indestructible, sufrió daños severos. Ese día Anabella estaba cansada y él era el que estaba tras el volante. El camino los estaba llevando hacia a las Leñas, pero el destino les viró el rumbo y el auto cayó 200 metros al vacío. Sus sueños quedaron deshechos.

Después del accidente, Anabella, que estaba gravemente herida, tuvo un período muy largo de internación; fueron días en los cuales las familias, e incluso los amigos de ambos, se entrelazaron en interminables disputas sobre las culpas. Mientras ella luchaba por su recuperación él estuvo presente, pero las presiones y los reproches constantes de terceros, colmaron su capacidad de resistencia. Sobrepasado por las circunstancias, dejó a Anabella apenas le dieron el alta.

No te olvido

Con secuelas y discapacidades físicas, hoy la vida de Anabella es de un constante renacer. "Lo importante es que a él salió ileso del accidente. Prefiero que me haya sucedido a mí, porque la verdad es que no hubiera soportado que a él le pase algo", cuenta Anabella. "Quisiera decirle una vez más que no hay culpables, que fue un accidente. Pero de él no supe más nada y él tampoco sabe que secretamente jamás lo olvido. Su sonrisa y su mirada jamás se perdieron de mi corazón. A veces, el dolor me recuerda que no lo tengo, pero la esperanza de volver a verlo sigue intacta."

Desde la última vez, pasaron 12 años.

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