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¿Macri es De la Rúa, Menem o Videla?

Diego Sehinkman

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PARA LA NACION@diegosehinkman
Domingo 03 de septiembre de 2017
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Bienvenidos al show de la etiqueta mal pegada: Macri es De la Rúa. Macri es Menem. Macri es Videla. Macri gato. Como en el gallito ciego, el kirchnerismo tira palazos al aire tratando de pegarle al gobierno con una caracterización que, a la luz de los resultados de las PASO, todavía no encuentra. ¿De qué se trata este gobierno? Veamos: 1) La hipótesis de la “debilidad radical” quedaría descartada. Se desconoce cuánta serotonina le faltó a De la Rúa, pero los análisis de Macri alarmaron a muchos: tiene altas dosis de peronismo en su neurotransmisión, traducidas en el dudosa votación para suspender al dudoso Freiler en el Consejo de la Magistratura y los desplazamientos de los funcionarios cercanos a los gremios como represalia a la última manifestación sindical. (Nótese cómo el término “peronista” funciona como atributo negativo o positivo según la conveniencia) 2) La hipótesis del “ajuste salvaje” del que hablaba la oposición durante 2016, ya entrado el 2017 perdió el adjetivo y pasó a llamarse “ajuste”, a secas. Basta googlear y observar las declaraciones. La recuperación económica es demasiado lenta, pero a la vez demasiado evidente. Por eso en La Plata Cristina ya no subió a “las víctimas del ajuste” sino que le dedicó largos párrafos a la desaparición de Santiago Maldonado. Si se confirmara que Gendarmería tuvo que ver con la desaparición de Maldonado –al momento de escribir esta columna eso no había sucedido- el kirchnerismo podría encontrar la etiqueta que tanto busca: “Macri es la derecha que por primera vez asume sin un golpe militar”.

El vértigo de los sucesos hizo olvidar que el gobierno, con el muy buen resultado de las PASO, logró ahuyentar varios fantasmas: confirmó que no fue una casualidad la victoria en provincia de Buenos Aires en 2015 y entendió que puede quedarse con el voto peronista de sectores muy humildes; obligó a ciertos sectores golpistas a plegar y guardar el helicóptero de cartón; se frenó el nerviosismo del dólar y el miedo al estallido –así lo decía cierta oposición- de “la bomba de los 540 mil millones de Lebacs” que vencían al martes siguiente.

Pero siempre puede haber un cisne negro. Dentro del propio gobierno acusan a Patricia Bullrich de hacer una defensa demasiado cerrada de Gendarmería porque esta fuerza es clave en la lucha contra el narco, casi la máxima bandera de la ministro. El tiempo dirá si Patricia, que tanto combate contra la droga, tuvo una sobredosis letal: sobredosis de confianza. Como el adicto a la sustancia, Patricia y el gobierno también pueden quedar pegados.

Hoy Cristina no tiene la receta mágica para vencer definitivamente a Cambiemos en octubre. La arquitecta egipcia tiene un problema de planos: tocó un techo del 34 por ciento. Techo alto para cualquier dirigente, techo bajo para quien aspira al regreso al poder. Esta realidad le plantea al kirchnerismo una pregunta dolorosa: ¿Cristina está más cerca de volver o del Canal Volver?

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