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Reseñas: Libertad de palabra, de Timothy Garton Ash

Periodismo en la aldea global

Domingo 03 de septiembre de 2017
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PARA LA NACION
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Timothy Garton Ash. Foto: Anna Huix/NYT
Timothy Garton Ash. Foto: Anna Huix/NYT.

Internet está cambiando todo: las finanzas, el comercio, la forma de relacionarnos, la política. Y, claro, también el periodismo. Libertad de palabra. Diez principios para un mundo conectado, de Timothy Garton Ash, representa una respuesta ambiciosa a la pregunta de cómo hacer buen periodismo en un mundo hiperconectado, “una cosmópolis virtual”, eco explícito de la “aldea global” de Marshall McLuhan.

“Todos somos vecinos ahora”, abre el juego, apuntando tanto a la facilidad de las comunicaciones como al encuentro de culturas propiciado por el turismo y las migraciones. Esta cercanía pone en tensión distintas visiones sobre la libertad de expresión y, más en general, sobre valores y modos de convivencia.

Historiador y periodista, Garton Ash (Londres, 1955) es un nombre de peso mundial. Colaborador habitual de The Guardian y The New York Review of Books, ganó reconocimiento por la cobertura de noticias detrás de la Cortina de Hierro durante la Guerra Fría. Su figura tiene el encanto un poco demodé de los espiados por la Stasi: un héroe de otras batallas.

Pero ha sido capaz de renovarse, transformándose en un historiador del presente. El libro es resultado del proyecto Free Speech Debate en la Universidad de Oxford, sostenido por una larga lista de donantes –varias fundaciones, pero también Google– y con la colaboración de estudiantes de posgrado, tanto en Oxford como en Stanford donde es profesor. Uno de los lectores del manuscrito fue el novelista Ian McEwan. Sí, un dream team anglosajón. No en vano The Economist lo destacó entre las publicaciones de 2016.

“En la historia de la humanidad jamás hubo una oportunidad como ésta para la libertad de expresión”, celebra Garton Ash, en tanto la Red permite difundir opiniones con costos mínimos. Pero no es ingenuo. También señala que las amenazas de muerte o las imágenes de pedofilia encuentran en Internet un modo fácil de atravesar las fronteras. Y, finalmente, que cosmópolis está modelada por Estados Unidos, “ese leviatán liberal”, y unos pocos países europeos. Asimismo, alerta sobre el papel de los nuevos gigantes de la comunicación, las “súper potencias privadas”: los 1700 millones de usuarios mensuales de Facebook superan la población de China. Y las redes sociales se han quedado con la parte del león del ingreso publicitario online, desfinanciando a los diarios.

De su análisis surge un manifiesto de diez principios. El primero es el más abarcador: “Nosotros –todos los seres humanos– debemos ser libres y capaces de expresarnos y de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas, sin consideración de fronteras”.

Su modelo es la Primera Enmienda de la Constitución estadounidense y, más lejos en el tiempo, la democracia ateniense. Como reconoce, la noción de libertad de expresión que maneja es de tradición occidental y está vinculada con la noción de ciudadanía. En su argumentación, entonces, debe sortear dos desafíos: justificar valores específicos en un contexto de intensa vinculación entre culturas y trasladar un modelo político de alcance nacional a la sociedad civil global.

Vale recordar un comentario publicado en The Guardian por el periodista Nick Cohen, quien sostiene que el proyecto se origina en un momento de debilidad de Garton Ash, cuando falló en otorgar su apoyo la refugiada somalí Ayaan Irsi Ali, amiga del director de cine Theo Van Gogh, asesinado por fundamentalistas islámicos, y ella misma amenazada por sus denuncias contra prácticas de la comunidad islámica holandesa.

Que el libro pudiera considerarse una compensación por una presunta falta de visión no le quita valor pero ayuda a entender ciertos énfasis. Además de aborrecer la censura, Garton Ash se detiene en el concepto de “cámara de eco” que producen las redes sociales, aislando a los navegantes de las opiniones alejadas de su credo.

Su preocupación por la polarización y falta de entendimiento derivada de estos sesgos es un aporte clave. Otro es su reconocimiento de los insiders que revelan manejos del poder, como Edward Snowden y, aunque lo quiere menos, Julian Assange. Entre el manual y el manifiesto, Libertad de palabra traza un mapa de las posibilidades y amenazas de las nuevas tecnologías. Un valioso punto de partida para seguir discutiendo.

LIBERTAD DE PALABRA

Timothy Garton Ash

Tusquets

Trad.: Araceli Maira Benitez

621 págs., $ 479

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