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Reseñas: La casa de los eucaliptus, de Luciano Lamberti

Cuando el terror inspira

Domingo 03 de septiembre de 2017
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PARA LA NACION
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Luciano Lamberti (San Francisco, Córdoba, 1978) ahonda y amplía en La casa de los eucaliptus la pertenencia de la mayoría de sus tramas al género del terror y la fantasía.

Como en sus dos libros de cuentos anteriores (El asesino de chanchos y El loro que podía adivinar el futuro), Lamberti cruza temas clásicos (la posesión, la crueldad y la violencia extremas, los "lugares" magnéticos o "portales") con un manejo a la vez directo y refinado de los detalles de la vida cotidiana popular. Una mujer, por ejemplo, habla con la voz de "Adriana Brodsky en No toca botón". La mezcla de cultura alta y baja de los kioscos de diarios y revistas, la televisión y el cine son fuentes repetidas en sus libros.

El relato que da título al libro, "La casa de los eucaliptus", es uno de los más logrados por el modo en que se evita lo obvio o repetido en favor de saltos sucesivos, más convincentes cuanto más eligen la escritura de la frase o el párrafo con una mecánica de desborde de lo real en mente sin explicarla. Otro de ellos, "Acapulco", lo protagoniza un trío de amigos que creen rastrear al demonio en una maestra. En este caso el escalón sorpresivo de caída lo constituye el fracaso (o el error). Tampoco se explica: lo transmite una cama común a la que, en el momento del deslizamiento al sueño, la metáfora convierte en un tenebroso "ser vivo que abre la boca y engulle un bocado y la vuelve a cerrar".

En "Carolina baila", una mujer se convierte en centro escalofriante y romántico a la vez. La atracción subyugante y a la vez el miedo pánico a la "histérica" son elementos fuertes del relato. En "Muñeca" se extrema el género, con el descontrol del horror sanguinario, y una voz que quiere ayudar, pero que elige la fuga. "La ventana" vuelve a visitar el sitio mágico que chupa personas, con una sólida construcción exterior de su sistema, que incluye una cuerda. "El tío Gabriel", por su parte, elige el muerto-vivo, en realidad es un muerto-muerto que, sin embargo, sigue en pie inmóvil. Tíos, padres, madres, maridos y mujeres, hermanos, primos: la familia suele ser el blanco preferido de Lamberti.

Dos cambios de registro importantes son la metáfora simbólica relatada en "El Espíritu Eterno" (con el supuesto centro subterráneo de legitimación de la política argentina) y, en particular, "Santa". Allí el cuento se convierte en una larga nota periodística, donde Lamberti viaja con nombre y apellido a una manifestación de lo sagrado, con intención informativa pero consciente de que el trabajo remueve zonas propias.

El libro funciona como una maquinaria orgánica e intensa que genera un interés a veces morboso y enfermizo de seguir adelante, cumpliendo con el juego que está en la base misma del terror: el de querer ver, y no ver, qué sucede.

LA CASA DE LOS EUCALIPTUS

Luciano Lamberti

Random House

187 págs., $ 249

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