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Grecomanía. El largo camino desde la calle al museo

Después de la atención que generó la obra de Alberto Greco en la feria madrileña ARCO, una parte crucial del legado del artista argentino pasó a integrar la colección del MoMA de Nueva York

Alberto Greco ¡Qué grande sos! Varias fotos que registran la performance de 1961, tomadas por Sameer Makarius, pasaron a la colección del MoMA
Alberto Greco ¡Qué grande sos! Varias fotos que registran la performance de 1961, tomadas por Sameer Makarius, pasaron a la colección del MoMA. Foto: Gentileza Del Infinito
Domingo 03 de septiembre de 2017
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PARA LA NACION
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En 1961, acompañado por un ayudante anónimo y el fotógrafo Sameer Makarius, Alberto Greco recorrió la avenida Corrientes a la altura del microcentro munido con unos afiches encargados a una imprenta. En ellos se podía leer la frase "Alberto Greco: ¡Qué grande sos!" y "Alberto Greco, el pintor informalista más grande de América". Ni Greco ni Makarius, ni mucho menos el anónimo empapelador, pensaron que aquella rutina de autoficción que emulaba las pegatinas comerciales y políticas tendría futuro en la historia del arte.

Cincuenta y seis años después, las ocho fotografías vintage que registran aquella marca de Greco en la vía pública pasaron a formar parte de la colección del Museo de Arte Moderno (MoMA) de Nueva York como documento de una de las primeras performances en América Latina. Junto con esta serie, el museo faro del arte moderno y contemporáneo adquirió doce fotografías de otra performance -nadie lo llamaba así entonces- o acción de Greco en la localidad serrana de Piedralaves (España) y el manifiesto original del Vivo Dito (ambas de 1963), uno de los documentos más relevantes del arte argentino.

Registro de Alberto Greco en Piedralaves, realizado por Montserrat Santamaría en 1963
Registro de Alberto Greco en Piedralaves, realizado por Montserrat Santamaría en 1963. Foto: LA NACION / Gentileza Del Infinito

El camino de Greco hasta el Departamento de Media y Performance del MoMA empezó a trazarse en la feria ARCO Madrid, en febrero del año pasado, donde la galería del Infinito presentó un Solo Project del artista argentino que incluía estas series de fotos y el manifiesto. El stand llamó la atención del venezolano Luis Pérez-Oramas, entonces curador de Arte Latinoamericano del museo neoyorquino, que se interesó por el conjunto. Este año, la misma galería volvió a dedicarle al artista el stand entero, visitado por los reyes de España, en el marco del programa Argentina Plataforma ARCO.

"Desde siempre he sido un admirador de la obra de Greco. En 2005, cuando me iniciaba como curador en el MoMA, recuerdo haber visto en arteBA una selección impresionante de sus dibujos y pinturas. Lamenté no haber podido encontrar entonces consenso en el museo para proceder a una adquisición", comentó Pérez-Oramas a LA NACION desde Brooklyn. "Entendía que el Reina Sofía posee en comodato una amplia selección de obras, y por ello me sorprendió ver en ARCO una edición cuidada e integral de las acciones en Piedralaves, así como el original del Manifiesto Vivo Dito, sin duda uno de los documentos más significativos del arte latinoamericano de la segunda mitad del siglo XX."

La idea de la galería porteña era gestionar la incorporación del Manifiesto Vivo Dito a una institución pública. Pérez-Oramas quiso saber entonces si estaría disponible para el MoMA, y pidió información sobre todo el stand. Al día siguiente volvió acompañado por el comité de adquisiciones del museo. Según Pérez-Oramas, las circunstancias habían cambiado desde 2005. "El museo tiene hoy curadores mucho mejor informados sobre arte latinoamericano que en el pasado, especialmente en el Departamento de Media y Performance -explicó-. Se han hecho adquisiciones clave para documentar la historia de la performance y del happening, y la presencia de Greco era una necesidad curatorial histórica."

Las series de registro de acciones de Greco tienen una historia aparte. Su obra conocida como "¡Qué grande sos"! (un guiño sardónico al peronismo proscripto en ese entonces), de 1961, era patrimonio de la leyenda Greco hasta que Karim Makarius, hijo del fotógrafo, encontró en 2006 un rollo perdido. Casi medio siglo más tarde, dos series en gelatina de plata fechaban el origen del arte performático en Buenos Aires.

Alberto Greco, Manifiesto Vivo-Dito, 1963
Alberto Greco, Manifiesto Vivo-Dito, 1963. Foto: Gentileza The Museum of Modern Art, New York. Latin American and Caribbean Fund

La serie de Piedralaves marca un antes y después para el arte de España. Siguiendo el dictum duchampiano del Vivo Dito, donde el artista señala la obra de arte en la vida cotidiana, Greco recorrió esta pequeña localidad de Ávila con un rollo de papel enorme con el cual, literalmente, envolvió al pueblo. Su amiga madrileña Montserrat Santamaría lo acompañó y fotografió los señalamientos del artista. Esas imágenes permanecieron sin revelarse hasta la investigación que Quico Rivas hizo para el catálogo de la muestra organizada por el IVAM de Valencia, en 1991. Hoy forman parte de la iconografía de Greco y han convertido a Piedralaves en una insólita meca de los connaisseurs que se acercan a cotejar las fotografías con la realidad de este pueblo detenido en el tiempo. A tal punto que en el documental inédito Alberto Greco, obra fuera de catálogo, la argentina Paula Pellejero entrevista in situ a algunos de los niños, hoy sexagenarios, que siguieron a Greco en su recorrida y aparecen junto a él en aquellas fotos.

El Manifiesto Vivo Dito, una avalancha de pensamientos sobre la muerte del arte contemplativo, pasó por varias colecciones privadas hasta llegar al Solo Project. Ninguna institución o colección argentina se interesó en preservar esta pieza medular, que ya había sido exhibida por Del Infinito en Buenos Aires Photo 2014.

Para Pérez-Oramas, el valor de estas obras es enorme: "Se trata del registro de uno de los gestos fundacionales del happening a nivel mundial. El manifiesto y estas acciones son un momento culminante del arte como acción nominal inaugurado por Duchamp. Esa potencia deíctica, que se traduce en el arte siendo lo que señalamos como tal, implica la última comunión entre arte y vida y, sobre todo, una exasperación de la inminencia del arte: el arte está siempre, todo el tiempo, imprevisiblemente por venir. No es sólo lo que conocíamos, lo que ya habíamos nombrado. Lo de Greco es un gesto inmensamente radical. Se entiende así que su suicidio sea o haya sido parte de la obra o del proyecto".

La historia es conocida: Greco dejó el mundo con la palabra "fin" escrita en uno de sus brazos.

Tras la visita de Pérez-Oramas, las obras de Greco salieron de la venta y fueron desde Madrid directamente a Estados Unidos. La incorporación llevó un proceso de casi seis meses. "Las piezas fueron adquiridas por absoluta unanimidad en las dos instancias en las que se discutió su incorporación: el Fondo Latinoamericano y del Caribe y el Comité de Media y Performance. En este caso fueron presentadas al Fondo para garantizar el financiamiento de la adquisición y luego al Comité del Departamento específico que las adquiere, Media y Performance, para sancionar efectivamente su incorporación al museo", explica Pérez-Oramas que, paradójicamente, dejó de ser parte del staff del MoMA durante este proceso.

Fotografías de estas series fueron cedidas por el museo para ser vistas en la muestra Fotografía en Argentina, 1850-2010: contradicción y continuidad, que abrirá al público a mediados de este mes como parte del ambicioso proyectoPacific Standard Time LA/LA en Los Ángeles. El mundo entendió al fin el mensaje de aquella pegatina por el centro del Buenos Aires: Greco es grande.

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