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Empieza un nuevo tiempo en las escuelas

Viernes 01 de septiembre de 2017
PARA LA NACION
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Los gremios docentes decidieron que querían contarle a la sociedad sobre la desaparición de Santiago Maldonado y convocarla a participar del reclamo. Ellos mismos decían: "Muchas otras veces editamos cuadernillos similares". De hecho, una dirigente explicaba este argumento en la televisión mostrándose extrañada al no entender por qué esta vez, la reacción social era distinta.

En las redes empezó a sumarse gente al hashtag #ConMisHijosNo para mostrar su disconformidad con la decisión sindical. Así plantearon la idea de que no estaban de acuerdo con el criterio y la práctica del gremio.

El ministro de Educación de la Nación, Alejandro Finocchiaro, condenó las prácticas propuestas por el gremio, y los dirigentes sindicales le dijeron que tenía que convocar a la paritaria para discutir estos temas y los salarios. Como si el reclamo en Twitter no existiera: "Este tema lo arreglamos nosotros y el Estado".

¿Qué pasó? ¿Quién se equivoca? La dirigente sindical puede decir que siempre lo hizo y nunca le dijeron nada, y no cae en un error. Lo cierto es que Ctera viene de años de cogestionar el sistema con los funcionarios. Por eso piden que el ministro los convoque para definir salarios, reglas y contenidos de trabajo.

Pero parece haber aparecido un nuevo actor. Hace algunos años, los dirigentes de los ministerios se hubieran llenado de bronca y no hubieran podido actuar. Hoy, en cambio, se encuentran con una sociedad que quiere participar, desea que "la escuela pública sea pública" y no cree ni quiere que sea un tema que resuelvan los sindicatos con el Estado. Es más, le reclaman a este que actúe, que tome decisiones y los proteja.

Estamos en una situación nueva para el mundo educativo. Parecería que cuando la sociedad se indigna pide la palabra, quiere que se la considere y se tome en cuenta lo que está diciendo. Se asemejan a actores parados frente a un situación proponiéndose una nueva actitud. No parecen pensar que esto pudiera continuar así, con ellos mirando este escenario.

Si esta práctica continuara, si los padres y la sociedad asumieran su responsabilidad en la educación de sus hijos, si se decidieran a ser actores, nuestra escuela empezaría a recorrer un nuevo camino. Se volvería democrática en serio.

Debería desaparecer esta idea que a alguien se le puede ocurrir lo que hay que enseñar y que puede incluir contenidos porque quiere transparentarlos o inducirlos. Así empezaríamos a entender formatos de acuerdo, modos de presentar las ideas y de trabajarlas. Es decir, un orden que nos proteja.

No se trata de, delante de alumnos del nivel inicial, tomar lista y decir que Maldonado no está, que es la dictadura y que la ministra de Seguridad se debe ir.

Si la sociedad entiende que lo que hizo debería ser una conducta habitual, sería muy bueno para nuestro sistema y nuestra escuela.

Más o menos de acuerdo, existen responsabilidades y maneras de comportarse en una institución pública, que nos ayudan a vivir juntos, fijan reglas y modos de convivencia.

Aparentemente empieza un nuevo tiempo. La sociedad civil ha aparecido y parecería querer jugar un rol. Se trata de un mejor modo de gestionar el sistema y de crear modos de convivir en esta sociedad que nos respeten a todos, que nos permitan debatir y llegar a los mejores acuerdos.

Los maestros y directores deben ser respetados. El resto de los actores deben articularse para poder educar mejor a nuestros chicos y garantizarles que todos vamos a protegerlos.

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