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Uruguay-Argentina: la tensión de afuera se trasladó al campo de juego

El público estuvo ansioso pero más bien pasivo, y pareció contagiar al juego, lento en los últimos minutos; el Centenario, repleto, terminó con alivio

Los argentinos alentaron a la selección durante todo el partido
Los argentinos alentaron a la selección durante todo el partido. Foto: Reuters / Maimiliano Luna //DPA
Viernes 01 de septiembre de 2017
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Corresponsal en Uruguay
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MONTEVIDEO.– El hincha uruguayo fue una especie de “Doctor Merengue”, un personaje antiguo de historietas del porteño Divito, que mostraba a un caballero prudente, con emociones contenidas en su imagen exterior, pero con un “Otro yo”, descamisado y eufórico, que expresaba el interior oculto del profesional. Así vivió la hinchada local el partido de anoche, disimulando nervios, expectante de una genialidad de sus goleadores, pero temiendo que ante el mínimo descuido, el mejor futbolista del mundo le arruinara la noche.

Cuando un hincha va a vivir un clásico, siempre va a ganar, pero en este caso la barra celeste llenó el Centenario con menor ambición, consciente de que el rival era un lujo de equipo, peligroso por sus habilidades y preocupante también por la necesidad de sumar puntos para asegurar su presencia en Rusia 2018.

La hincahda uruguaya llevó carteles para Sampaoli
La hincahda uruguaya llevó carteles para Sampaoli. Foto: Reuters / Andres Stapff

Nunca como ayer, los uruguayos llegaron tan temprano al Estadio. Este chico país de cercanías permite llegar en poco tiempo a cualquier lado, por lo que la costumbre es que la presencia en un partido, una fiesta o cualquier reunión, se haga sobre la hora. Pero esta vez fue diferente, como si la ansiedad por el resultado y la preocupación por el riesgo del combinado albiceleste, determinara que al llegar antes a la tribuna eso forzaría a adelantar el partido.

Un hincha argentino con su hijo, pura ansiedad
Un hincha argentino con su hijo, pura ansiedad. Foto: Reuters

La orquesta y coro juvenil oficial apenas amenizaron la previa, entonando el himno de todos los tangos, la centenaria Cumparsita, algo de candombe y poco más. Un espectáculo que no encajó dentro de la tarde y noche futbolera pero que se dio con respeto del público.

Así fue todo, una selección charrúa que respetaba a la Argentina y un elenco visitante que también respetaba a un equipo aguerrido, con Suárez y Cavani, nada menos. Uno es compañero de Messi, el otro, de Neymar.

Respeto hasta en exceso, como para determinar un aburrido final.

Las preocupaciones previas eran sobre el estado físico de Luis Suárez, que se había lesionado. Pero en los comentarios de boliche, de redes o de medios, la preocupación real era el zapato de Messi, que tiene el cordón atado a la pelota.

Los hinchas uruguayos acompañaron a su selección
Los hinchas uruguayos acompañaron a su selección. Foto: AP / Matilde Campodónico

Por eso, un Centenario que estuvo sin cantos en gran parte del partido, quedaba más silencioso cuando el balón lo llevaba Messi.

La barra argentina se hizo sentir con su clásico “vamos, vamos …”, y entonces ahí sí la reacción oriental fue con silbidos como para marcar la cancha: no habría cantos locales pero tampoco tolerancia a que el visitante se adueñara del histórico Centenario.

La tensión se mantuvo hasta el final y la hinchada celeste fue tibia para silbar los toques al costado de una Argentina que parecía conformarse con un empate. Eso, por creer que hasta el último segundo había chance de una genialidad.

Los uruguayos alentaron a su selección
Los uruguayos alentaron a su selección. Foto: Reuters / Andres Stapff

Los otros resultados de la eliminatoria dieron alivio. Y las 60.000 almas que llenaron el Centenario se fueron con la misma expresión que tuvieron durante el partido, sin gritos ni cantos. El “otro yo” no pudo hacer visible un grito de gol, ni la bronca por algo adverso, quedó encerrado en un “Dr. Merengue” que al final del espectáculo, aplaudió suave como si en lugar de estar en una cancha de fútbol, hubiera estado en un teatro de ópera.

Edición fotográfica: Fernanda Corbani

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