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Carpintería chic: un oficio que crece con la sensibilidad de las mujeres

Al aprendizaje, ellas suman el carácter terapéutico de los talleres y una posible salida laboral

Sábado 02 de septiembre de 2017
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PARA LA NACION
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 Melina Belluzzo, en Experimento Casa, asegura que aprendíó sola a trabajar la madera
 Melina Belluzzo, en Experimento Casa, asegura que aprendíó sola a trabajar la madera. Foto: Gentileza

Hay olor a aserrín, ruido de máquinas cortando y martillos clavando. Un taller en acción es definitivamente un lugar vivo. Pero este universo que para muchos puede remitir a lo masculino parece no serlo tanto. Al menos así dan cuenta los espacios de la ciudad de Buenos Aires en donde funcionan talleres de carpintería que convocan al público femenino cada semana. ¿Qué motiva tanto a las chicas de veintipico como a las abuelas de 60 a trabajar con la madera? En la mayoría de los casos, buscan cortar con la rutina de la semana, encontrar un espacio terapéutico e incluso adquirir conocimientos para dar un giro a sus vidas profesionales.

Virginia Escribano fundó la escuela de oficios Aires de Bohemia hace una década. Al principio era un local de venta de muebles que ella misma restauraba, pero al poco tiempo se empezaron a dictar ahí talleres de reciclado de muebles, tapicería para amateurs y carpintería. "Fuimos muy pioneros en el tema. Nos dimos cuenta de que podíamos llevar los oficios tradicionales a un nivel y lenguaje simple para darle a cualquiera las herramientas necesarias para intervenir sus objetos", dice Virginia, que el año pasado compiló su experiencia en el libro Muebles recuperados, editado por Albatros.

En esta escuela de Colegiales se dictan dos módulos de carpintería básica los sábados, de tres horas y media cada uno. El sistema de cursos es complementario y flexible. Se puede empezar por un módulo y luego ir sumando otros, como el de reciclado y restauración, técnicas decorativas, tapicería, iluminación o enmarcado. El taller de los sábados está a cargo de Oscar, carpintero de oficio desde los 17 años. "La idea es enseñar a construir un mueble desde cero", explica el maestro. "Con esos dos módulos se puede armar cualquier mueble sin demasiadas herramientas, con lo que se tiene en casa." Los talleres son cortos porque hay niveles de ansiedad muy grandes y falta de conciencia del proceso que demanda trabajar la madera. "Es la manera que encontramos de acercar a la gente. Si ofrecés cursos de mil clases, no viene nadie", dice Virginia. Las alumnas llegan desde todas partes, incluso desde el interior. Por lo general se trata de mujeres que trabajan, activas, que no tienen mucho tiempo. Pero hay diferentes motivaciones: algunas están atravesando un cambio laboral o se quedaron sin trabajo; otras ya tienen hijos grandes y encuentran finalmente el momento de hacer "lo que les gusta", y están también las que quieren arreglar los muebles de su casa sin contratar a nadie.

En un mundo corporativo con jornadas de alta exigencia, que se suman a las rutinas de la familia y las tareas hogareñas, estos espacios parecen ser un refugio, un lugar para el slow down. "Yo digo que estos talleres son meditaciones activas, que nos invitan a dejar de pensar. Y haciendo también podemos encontrar salidas laborales y trabajar de lo que realmente queremos", dice Virginia. Para ella hay algo muy terapéutico en la carpintería que no sucede en otros oficios: "Algo pasa cuando trabajás la madera. Una emoción. Es un elemento muy poético. Su olor, sus colores, sus texturas, las capas que van apareciendo cuando son maderas viejas. Supura resinas, se oxida con el sol, envejece. Tiene una calidez que conecta con lo natural. Tocar la madera te conecta con la tierra, con la esencia. Hay una conexión invisible con la vida".

Los talleres también enseñan mucho sobre autoexigencia, la ansiedad y el perfeccionismo. En el local de Aires de Bohemia cuelga una silla cortada por la mitad, a modo de decoración. Le recuerda a Virginia todas las cosas por las que hay que pasar hasta saber algo: "Era parte de un juego de sillas que compré por Internet y que no pude vender porque estaban apolilladas. Por eso la colgué como adorno y como recuerdo de la experiencia". Es que los objetos artesanales, a diferencia de los industriales, son imperfectos y únicos: nunca uno es igual al otro. Construirlos es, para ella, "un gran ejercicio del manejo de la ansiedad y de aceptar que en el proceso del aprendizaje uno se va equivocando y es lo mejor que puede suceder. El error es parte del aprendizaje; el éxito no te enseña nada".

En tiempos de tutoriales en YouTube, ¿qué diferencial ofrece el aprendizaje con un maestro? Según Oscar, "ver trabajar a un alumno en vivo te permite enseñar sobre la experiencia, sobre el hecho, corregir errores en el momento. Esa es la ventaja crucial frente a un libro o un tutorial".

En una casona del barrio de Núñez funciona otra de las escuelas de carpintería orientada a mujeres, Experimento Casa, que en Instagram se promociona con el hashtag #chicascarpinteras. El emprendimiento surgió como un blog que armaba Melina Belluzzo, de 29 años, con tutoriales de decoración y carpintería. Melina es autodidacta y desde chica aprendió sola a trabajar la madera: "En mi casa siempre hubo herramientas para lo que se necesitara, un taladro, una caladora, una amoladora. Era algo accesible y natural usarlas. En principio yo armaba piezas para que mi mamá pintara. Ella me transmitió desde chica el hacer y la curiosidad. Primero tuve carpintería en el patio de casa, luego en el garaje. Llegué a proveer a tres artísticas de Pilar, donde yo vivía. Fue más tarde que empecé a enseñar".

Experimento Casa tiene la energía de un centro cultural, es común el movimiento de gente saliendo o entrando. Todos los ambientes de la casa convergen en una sala central en donde se puede tomar un café o sentarse a charlar en los "recreos". Es el lugar de encuentro entre los diferentes talleres que conviven allí (el espacio se comparte con talleres de tapicería y costura, por ejemplo). La modalidad de cursada para carpintería incluye talleres trimestrales, workshops diarios de tres o cuatro horas, y un taller libre para quienes ya tienen conocimientos.

"En el taller de carpintería exprés, que dura tres meses (una vez por semana, dos horas cada clase), se completa un total de seis proyectos que las alumnas se llevan a su casa o venden", explica Melina. "El taller libre es indeterminado. Hay gente que viene hace dos años, hay quienes lo usan como espacio terapéutico y regalan todo lo que construyen. Hay otras mujeres que vienen para armar los muebles de su casa o para reciclarlos y venderlos."

La escuela cuenta con 90 alumnos de carpintería actualmente, entre ellos, 10 hombres. Melina opina que "las chicas son más precavidas y perfeccionistas que los varones para este tipo de oficios. Y tienen una motricidad fina que ayuda mucho".

Melina dicta los cursos junto a sus dos socias, Paola Reymundo y Agustina Zunino. Ella coincide con el carácter terapéutico de los talleres: "Solemos decir entre risas que esto es terapia ocupacional y que muchas veces terminamos oficiando de psicólogas. En mi caso, después de estar años sola en un taller, estar rodeada de gente que te escucha, que disfruta de hacer lo mismo que vos, es genial. Hay muchas que aprovechan el momento de martillar para liberar tensiones de su vida cotidiana. Es una linda descarga".

Más info

Los talleres incluyen materiales y cuestan entre $ 1400 y $ 1900 por mes.

Los workshops de un día varían entre los $ 1400 y los $ 2500, dependiendo de la complejidad del objeto que se trabaja.

Web: airesdebohemia.com.ar; experimentocasa.com

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