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La generación I, o smartphone, prefiere la seguridad al riesgo

Un estudio los diferencia de los millennials, que son más demandantes; los jóvenes que nacieron con un teléfono inteligente se sienten más cómodos en el mundo virtual

Domingo 03 de septiembre de 2017
LA NACION
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Ortega y Gasset, el filósofo español, segmentaba las generaciones en 15 años. Básicamente, describía la convivencia de personas de 20, 45 y 60, con los roces naturales que implica adherir a distintas concepciones del mundo. Si viviera hoy (murió en 1955) se vería obligado a revisar aquellos períodos, arrasados por el vendaval en los cambios de los habitantes del Occidente.

En el mismo período de tres quinquenios se ha identificado a los baby boomers, generación X, Y, Z, millennials y otras denominaciones que se van agregando, con características propias. Finalizado el abecedario, aparece otra, la Generación smartphone, o “Generación I”, en alusión al Iphone. Es el resultado de una investigación realizada a través de una encuesta a 11 millones de jóvenes en Estados Unidos, más entrevistas en profundidad.

Jean Twenge es quien condujo aquella investigación. Es profesora de la Universidad de San Diego y volcó sus conclusiones en un libro, aún no traducido al español. La síntesis del trabajo destaca que quienes nacieron a partir de 1995 no están preparados para la adultez.

Está relacionado con la cantidad de horas que permanecen conectados a Internet, chateando o jugando. Las amistades se desarrollan la mayor parte del tiempo en la virtualidad electrónica, unas 6 horas promedio por día. Los resultados se resumen como sigue: crecen más lento, son menos rebeldes, más tolerantes, menos felices, el sexo no es demasiado importante y son menos religiosos.

En una entrevista realizada en BBC mundo por Cecilia Barria, la profesora Twenge amplía los conceptos surgidos en su trabajo. Se abstiene de considerarlo una adicción, porque no fue una variable que midió en la encuesta.

Según sus palabras, “los adolescentes de la generación smartphone están creciendo más lentamente que generaciones previas. Ellos son menos propensos a conducir automóviles, trabajar, tener sexo, salir y tomar alcohol. Esas tendencias les han permitido crear un entorno seguro que los hace no involucrarse en situaciones en las que habitualmente participan los adultos. El lado negativo de eso es que ingresan a la Universidad y al mundo laboral con menos experiencia, son menos independientes y les cuesta tomar decisiones. Los de 18 actúan y se parecen a los que antes tenían 15 en generaciones previas. Lo positivo es que se exponen a menos situaciones potencialmente riesgosas relacionadas, por ejemplo, con el uso de drogas y alcohol”.

Los riesgos potenciales respecto de la salud mental son el atraso en desarrollar habilidades sociales y los niveles ascendentes de ansiedad, depresión y soledad. Surge bastante natural que otro estudio paralelo con 200 universitarios, mayores de 25 años, expresaron que preferían encontrarse con sus amigos personalmente. Otro mundo.

La pregunta clave que realiza Cecilia Barria se refiere a la influencia de esta tendencia sobre el mercado laboral. La profesora Twenge responde: “En ese sentido hay buenas noticias para las empresas. Ellos son más realistas y parecen estar más dispuestos a trabajar duro. No tienen grandes expectativas como sí las tenían los millennials. Ellos están preocupados de estar físicamente seguros y también emocionalmente seguros. Y probablemente están más físicamente seguros que generaciones previas. Ellos beben menos y no les gusta tomar riesgos”.

jorgemosqueira@gmail.com

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