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Una voz que llega desde el fondo de la tierra

Víctor Hugo Ghitta

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LA NACION
Domingo 03 de septiembre de 2017
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Un censo realizado hace una década en los Estados Unidos indicó que en ese territorio viven unas 3700 personas de la tribu tuscarora. Los tuscaroras vivían originariamente en la zona de la actual Carolina del Norte. Eran una tribu poderosa, pero a comienzos del siglo XVIII quedaron extremadamente debilitados tras la llegada de los conquistadores. La población tuscarora está hoy en volumen muy por debajo de otras etnias amerindias. Esa lista la encabezan los cherokees (281.000), los navajos (269.000), los sioux (108.000), los chippewas (105.000), los choctaws (87.000) y los apaches (57.000). Aunque una ley de 1975 les concede la soberanía, los pueblos nativos siguen reclamando una verdadera autonomía mientras ven mermar sus tradiciones, entre otras, sus lenguas, que caen inexorablemente en desuso.

Esta semana, el colega David Marcial Pérez publicó en El País de Madrid una reseña de Rumble. The Indians Who Rocked the World, un documental del canadiense Steve Salas que busca develar la influencia que ejerció sobre la música rock norteamericana la tradición indígena. Los etnógrafos han prestado siempre especial atención al influjo de la música africana, algo que está fuera de discusión, pero el realizador (él mismo músico y miembro del Smithsonian National Museum of the American Indian) ha querido hacer justicia señalando la presencia, en algunos casos más evidente que en otros, de esa raíz musical en la obra de Bob Dylan, Eric Clapton o John Lennon. "La música norteamericana -concluye el autor- también bebe de los canales subterráneos de las tradiciones indígenas nativas que sobrevivieron, marginadas en reservas, al exterminio de la colonización blanca, protestante y anglosajona."

El texto es acompañado por una lista de canciones que ilustran musicalmente esa idea. Todo estaba bien, hasta que escuché a Pura Fe, la cantante tuscarora, una de las 3700 sobrevivientes de esa tribu y en cuya voz perdura la tradición de ese pueblo originario. Pura Fe nació en Nueva York, hija de una cantante lírica (que llegó a intervenir en los Sacred Concerts de Duke Ellington) y de un puertorriqueño con sangre taína (tribu asentada en el Caribe). En su familia hubo ocho generaciones de mujeres dedicadas al canto. Creció rodeada de música y supo abrir sus oídos a artistas que fueron enriqueciendo su lenguaje artístico. Según reconoce, algunas de sus influencias fueron Buffy Sainte-Marie, Aretha Franklin, Joni Mitchell y Taj Majal. Comenzó su carrera en varios musicales de Broadway, pero nunca olvidó a sus ancestros. En 1987, formó Ulali, un trío de mujeres que cantaba a cappella y recuperaba la tradición de la música indígena. El grupo cobró cierta notoriedad, y Pura Fe terminó actuando junto a músicos como Chuck Berry y Sting. Hasta que sintió la necesidad de emprender su propio camino y editó dos discos solistas en los que las tradiciones indígenas se mezclan con el folk y el blues.

Cuando se le pregunta cómo comenzó todo, Pura Fe no devela grandes misterios: "Simplemente sucedió -dijo en 2007, en ocasión de su primera visita a Buenos Aires, cuando se presentó en un show junto a Botafogo-. De pronto, me encontré viviendo en la comunidad donde había vivido mi abuela y allí empecé a expresarme a través del canto y la guitarra y a escribir sobre mi hogar, sobre mi lugar, sobre mi historia. Sentí la necesidad de difundir la música de nuestras comunidades y encontré la forma de hacerlo a través de la música tradicional, el blues norteamericano, el folk. Quería mostrar la parte indígena del blues". Y vaya si lo consigue.

Su último álbum es Sacred Seed (2015), en el que el repertorio amerindio se expande gracias a una serie de arreglos exquisitos en piano, banjo y guitarra. La artista se da, además, un gusto personal: ofrece una versión muy personal de "In a Sentimental Mood", el clásico de Duke Ellington.

Están, además, los textos. Aunque el ropaje musical pueda volverse más o menos sofisticado, las ideas nunca llegan a ser sofocadas. Activista confesa de las causas indigenistas (y también de las ambientalistas), Pura Fe canta con el compromiso de siempre y en su voz resuenan las injusticias a las que durante tantos años fueron sometidos sus ancestros. La suya es la voz portentosa de esa otra América, profunda y a menudo silenciada, que casi nunca queremos ver. Es una voz cargada de urgencia y de verdad.

Es la voz de la tierra.

PLAYLIST

Mientras escribí este texto escuché: Sacred Seed, Pura Fe; Mahk Jchi, Ulali; The Natch'l Blues, Taj Majal

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