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Re-lecturas, el ciclo que le pone el cuerpo a la literatura

En el CCK, directores y actores montan espectáculos íntimos y no convencionales sobre ficciones argentinas actuales

Domingo 03 de septiembre de 2017
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LA NACION
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El museo del viejo correo. La sala de ensayo del coro. El pasillo que conduce al Salón de los Escudos. La hemeroteca del séptimo piso. Cuatro espacios del edificio del CCK devenidos en salas teatrales para alojar cuatro obras breves creadas por directores argentinos a partir de libros de autores contemporáneos. El ciclo Re-lecturas propone un interesante cruce de teatro y literatura en escenarios no convencionales, un recurso que permite al público conocer lugares escondidos que no suelen estar abiertos para visitas.

Los directores convocados para la primera etapa, que concluye hoy con dos funciones (a las 19 y a las 20), eligieron los títulos para adaptar a escena y los lugares donde montar sus obras. Agustín Mendilaharzu y Walter Jakob releyeron Mi libro enterrado, de Mario Libertella, donde el escritor se despide de su padre, Héctor Libertella. A partir de ese texto, crearon Libro para la tierra, un exquisito montaje de 15 minutos en el segundo subsuelo del CCK. En ese sector se conservan muebles originales del correo central como gran cantidad de cajas de seguridad de bronce de diversos tamaños. Cuentan que, en algún momento no preciso, se inaugurará en ese sitio el museo del correo. La pieza se desarrolla en un corredor, con el público sentado en sillas o de pie. Como en las siguientes propuestas, a las que el grupo llegará siguiendo a un guía que marca por dónde subir o bajar, la puesta es netamente teatral. El espacio se utiliza como escenario; no interviene en la trama. Tampoco hay escenografía ni gran despliegue de vestuario. No es necesario: se destacan las voces, los cuerpos de los actores, la música y los textos literarios.

En otro recoveco del segundo subsuelo está la sala de ensayo del coro. Tiene butacas y un escenario en altura, además de una especie de tribuna de madera. Sentados de frente a los espectadores, dos actores representan escenas de Ladrilleros, novela de Selva Almada, dirigidos por Santiago Gobernori. En esta segunda parada se entiende por qué los organizadores sugieren que la actividad es apta para mayores de 18 años. Hay diálogos cargados de violencia y de sexo que no espantan a los adultos, pero podrían incomodar a un chico. La tercera estación del recorrido queda en el segundo piso, en el hall de ingreso al Salón de los Escudos. Los espectadores se ubican de un lado del pasillo; del otro, a una distancia considerable, hay una escalera detrás de una pared vidriada. Ese espacio vertical y alejado del público es el que eligió Laura Paredes para montar Acá todavía, de Romina Paula. Protagonizada por dos mujeres, la acción sucede a la distancia y las voces de las actrices se escuchan por un parlante. Es la puesta más arriesgada de las cuatro y, al mismo tiempo, la menos íntima.

Para llegar a la última parada, la hemeroteca sin uso del CCK, hay que subir al séptimo piso. La sala tiene el techo y las paredes semicirculares, que siguen la curva de la cúpula, recubiertas de paneles de madera móviles. Cuando se abren, en medio de una escena, se puede ver el cielo y los edificios cercanos. Es un lugar para leer un libro, escuchar música, conversar, esconderse. También, para disfrutar del teatro. Lo eligió Jimena Anganuzzi para Opendoor, basada en la novela de Iosi Havilio.

Cada obra dura unos 15 minutos y el recorrido, en total, lleva una hora y media. La actividad es gratuita y es necesario reservar entrada. El punto de encuentro es el hall central, debajo de la Esfera Azul donada por Julio Le Parc.

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