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La apuesta por los jóvenes: Vélez volvió a ser la fábrica de promesas del fútbol local

Un viaje a la intimidad del club que más espacio le brinda a las inferiores; cuáles son las claves del proyecto; diez jugadores del último equipo titular fueron surgidos del semillero

Domingo 03 de septiembre de 2017
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LA NACION
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El nuevo equipo de Vélez
El nuevo equipo de Vélez.

Es un enganche de salón. Pisa el área, levanta la cabeza y lanza una asistencia a lo Ronaldinho en donde menos se la espera. Matías Vargas, el Monito, es un pichón de crack: de 20 años, representa la clase del fútbol argentino y la escuela de Liniers. Un 10 como los de antes, con el sacrificio de ahora. "Vélez tiene una mística en divisiones menores. Desde los infantiles hay muy buenos profesionales; formadores, diría. Que no sólo se dedican a lo futbolístico, sino que también le dan mucha importancia a lo humano. Además, suelen no equivocarse en captar talentos en el interior del país", cuenta Vargas, luego de otro día de caños y gambetas, en la Villa Olímpica de Ituzaingó, una fábrica de jugadores. En los últimos meses, Vélez recuperó el liderazgo: es la entidad que cuenta con más futbolistas propios en el plantel de la Superliga.

De los titulares en el 3-0 contra Tigre, en Victoria, por la primera fecha, 10 fueron surgidos en su casa. De Fabián Cubero a Maximiliano Romero, de Gastón Díaz a Braian Cufré: todos son de Vélez. La excepción es Federico Andrada, el ex delantero de River. Y de los 18, apenas César Rigamonti, el ex arquero de Belgrano oficia de intruso. El viernes pasado, más tarde, ingresaron Fabricio Alvarenga, Nicolás Domínguez y Nicolás Delgadillo.

No es, Vélez, el único club que apuesta a las inferiores, por necesidad y orgullo. Banfield, Gimnasia LP, Chacarita, Rosario Central, Argentinos, Newell's y Estudiantes, en ese orden, se nutren de sus promesas. Pero ningún otro tiene esa presencia entre los 18 designados. Gonzalo Bergessio, un refuerzo de categoría, está lesionado.

Fabián Cubero es el capitán, el símbolo de Vélez. Tiene 38 años y 609 partidos: nadie llegó tan lejos en Liniers. Sabe de qué se trata. "Las inferiores de Vélez son un ejemplo para el fútbol argentino. Hay que copiar este tipo de métodos, porque este club -más allá de las necesidades económicas-, suele nutrirse de juveniles que, a corto o largo plazo, van a dar sus frutos", analiza.

Omar De Felippe, el entrenador, tuvo que insistirle a Raúl Gámez, el presidente, un gesto desde las entrañas de la tesorería. Así, se presentó Bergessio, Luis Amarilla (Libertad) y Jonatan Cristaldo (Rayados)... otro producto del laboratorio. "En realidad, nosotros somos la continuidad o el último tramo del trabajo de la cantera. Hay que estar en contacto permanente con los encargados de las divisiones menores. Lo más importante es que el último paso -el que se da de la 4ª a primera-, les cueste lo menos posible. Hay que estar siempre en contacto; sus condiciones, su vida privada, los parámetros para saber qué vamos a encontrar el día de mañana", aporta el entrenador. Sufre y disfruta: el promedio bajo de edad y el orgullo de lo propio.

El 1° de diciembre de 1994, Vélez entró en la historia con letras de molde: fue campeón del mundo, luego de superar a Milan por 2 a 0. En ese conjunto, dirigido por Carlos Bianchi, seis futbolistas surgieron en su casa: Omar Asad, José Flores, Roberto Pompei, Christian Bassedas, Marcelo Gómez y Raúl Cardozo. Todo un símbolo. Alberto Fanesi, el histórico coordinador de las divisiones inferiores, lo recuerda muy bien. "Este club salió campeón del mundo por su cantera. Es la mejor evidencia de la historia: siempre se invirtió en los proyectos. Se mantuvo una línea de trabajo seria a través del paso del tiempo. Los jóvenes se alimentan en el día a día, no es una improvisación, siempre se trabaja a largo plazo. Te doy un ejemplo: nosotros ya avizoramos qué chicos de la novena pueden dar el salto en cinco años al plantel de primera", sorprende, al espiar el futuro.

El fútbol suele ser una pasión y un déficit para los clubes con poderío recortado. La única salida es vender para subsistir. Vélez tiene mil empleados y se sostiene sobre las transferencias. Un año atrás, Hernán Toledo fue vendido a un grupo empresario en 7,5 millones de euros, con pocos partidos en primera y mucho talento.

Francisco Ortega, de la 5ª división y Thiago Almada, de la 7ª, -aseguran- son las nuevas joyas. La fábrica de promesas de Vélez no para.

Banfield y Gimnasia, en el top 3 de los semilleros

No se trata sólo de calidad: en este caso, lo que se toma en cuenta es la cantidad de jóvenes promesas de las inferiores que integran los planteles de la Superliga. La nómina es liderada por Vélez, con 27 jugadores; lo siguen Banfield, con 25 y Gimnasia LP, con 21. Emanuel Cecchini, el último gran exponente del semillero de Banfield, fue vendido a Málaga, a cambio de 4 millones de euros. Entre los grandes, Independiente es el equipo con más sangre propia: 15 futbolistas nacieron en el club.

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