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Perseverancia y coraje, las virtudes que había que tener para triunfar

El potrillo The Great Day y la potranca Atómica Oro ganaron las Pollas, en Palermo, tras superar distintos avatares

Domingo 03 de septiembre de 2017
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LA NACION
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Foto: LA NACION

Había que perseverar para festejar en el comienzo de la Triple Corona. Fue el denominador común ayer en Palermo, donde los Pollas regalaron finales vibrantes después de situaciones de carrera que hicieron dudar seriamente de la suerte de los que luego serían sus vencedores.

Entre potrillos, The Great Day fue el que salió a flote tras quedar ajustado entre dos rivales en plena definición, y le dio el primer Grupo 1 a su jockey, Luciano Cabrera. Entre potrancas, Atómica Oro resolvió la prueba como si no se hubiese enterado de las complicaciones que padeció Fabricio Barroso, su jinete.

The Great Day es el caballo que estuvo en las gateras porque Juan Carlos Bagó, su criador, tuvo una premonición en enero. Después de pasar por el ring de ventas y salir de perdedor por 15 cuerpos con la chaquetilla del stud De Galera, llegó una tentadora oferta desde los Estados Unidos para llevarse al potrillo. Pero el dueño de Firmamento convenció a Miguel Fabricio de que no lo vendiera. Desde entonces, ellos son socios del zainito y ocho meses después se abrazaron por una conquista soñada. Hasta ayer, Bagó nunca había visto sus colores en este clásico y Fabricio se sacó una espina, la que le quedó hace tres años cuando fracasó Seattle Mat, que había llegado invicto a la cita.

El entrenador Carly Etchechoury manejó la ansiedad para diseñar la mejor campaña posible para The Great Day, aunque eso implicara darle el descanso que le dio durante gran parte del verano y del otoño. Y levantó su sexta copa en este cotejo, como si fuera rutina.

Cabrera fue un iluminado. A diez días de cumplir los 27 años, se regaló su mejor obra. Fue el delantero que estaba en las inferiores y marcó el gol del campeonato cuando le tocó ser titular. Ni lo imaginaba hasta hace un mes, cuando por primera vez se subió al caballo y quedó al hocico, en un final con roces. "Agradezco que me hayan respetado la monta. En pista firme me gustaba; hizo la diferencia guapeando en los últimos 200 metros", aseguró Luciano a la nacion.

Dejó segundo, por tres cuartos de cuerpo, a Puerto Real, con el que se trenzó en lucha en el derecho. La diferencia estuvo en ese puñado de metros que los separó en el disco y en cómo resolvieron las complicaciones en el desarrollo. Para entonces, fue como si Fabricio Barroso, jinete del escolta entre los potrillos, ya hubiera gastado toda su buena fortuna del día en el clásico que ganó una hora antes con Atómica Oro.

"Ganó la yegua sola. A mí me salió todo mal. Cuando empezaba a atropellar pasamos ajustados y quedé desestribado del pie izquierdo. Al lograr reacomodarme, le quise sacar los tapones que llevaba en los oídos y se me cayeron las riendas? La verdad que lo que hice bien fue no caerme", describió, sonriente. En rigor, eso último fue clave. Tuvo serenidad y equilibrio para afirmarse, buscarle un andarivel libre a la potranca y hacerla rematar de manera brillante. Fueron dos cuerpos y medio sobre Positive Mind, y la emoción de ver ganar a La Biznaga, una cabaña histórica en plena etapa de liquidación total.

Roberto Bullrich, cuidador de la potranca, recordó todo lo bueno de la etapa con el haras y escapó a la nostalgia. "Les digo que hasta hoy había hecho todo bien Fabricio. Cuando perdió el clásico Güiraldes [en julio] me alertó de que a la yegua le dolían las manos. Tratando de acomodarla me equivoqué yo y no pudimos correr el Luis María Campos [el mes pasado]. Creo que ganamos ahora porque llegó más descansada a esta carrera", dijo Coco. Había mucho más para confesar, pero era tiempo de celebrar.

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