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Conflicto mapuche: la disputa interminable que inquieta a Chile

Los ataques violentos, que llevan dos décadas, recrudecieron en las últimas semanas en el sur del país

Domingo 03 de septiembre de 2017
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PARA LA NACION
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SANTIAGO, CHILE.- La última vez que se vio tan militarizado como ahora el sur de Chile fue hace cuatro años, después de que el empresario Werner Luchsinger y su esposa, Vivianne Mackay, fueron quemados vivos en su casa en Vilcún. El juicio por aquel crimen empezó hace dos semanas, con 11 imputados que pertenecen a la etnia mapuche.

Los ataques mapuches recrudecieron esta semana, en San José de la Mariquina
Los ataques mapuches recrudecieron esta semana, en San José de la Mariquina. Foto: Reuters

Una semana después, el lunes pasado, en San José de la Mariquina, la organización de resistencia territorial Weichan Auka Mapu incendió 29 camiones de una empresa forestal. La tensión en la Araucanía volvió a crecer y el gobierno de la presidenta Michelle Bachelet no se quedó de brazos cruzados: envió a su encargado de seguridad, el subsecretario Mahmud Aleuy, y activó los protocolos de la ley antiterrorista.

Al igual que en el epílogo de su primer mandato, en 2009, la presidenta enfrenta el recrudecimiento del ciclo de violencia del interminable conflicto mapuche, que inquieta a Chile y que en las últimas semanas se hizo más visible en la Argentina con la detención de Facundo Jones Huala y la desaparición del artesano Santiago Maldonado.

Para entender cómo el reclamo de un pueblo originario llegó a convertirse en enfrentamientos que conllevan violencia y muerte, el historiador Fernando Pairicán recomienda regresar a 1997, cuando las organizaciones mapuches en Chile decidieron cambiar las tomas de fundos y la burocracia judicial por la acción incendiaria, y de esa manera recuperar tierras ancestrales y reconstruir lo que llaman Wallmapu (país mapuche), que incluye territorio argentino (Puelmapu).

"Después de 1997, el movimiento terminó por apurar la restitución de tierras [190.000 hectáreas, según la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena]. Antes no había derechos para los pueblos originarios y no se discutían cuotas parlamentarias indígenas. Ni siquiera existía la creación de literatura indígena. De alguna manera la violencia política revirtió además el racismo que primó en el siglo XX: hoy la gente mapuche se siente orgullosa de serlo. La violencia es un diálogo asimétrico, jamás habrá consenso, pero apura los procesos", explica.

Pairicán compara la búsqueda mapuche con los procesos separatistas de catalanes, vascos y escoceses, y los aleja de bosnios o kosovares.

Los afectados por la quema de camiones y de maquinaria el lunes pasado esta vez exigen acciones fuertes desde el gobierno chileno, y amenazan con paralizar al país si no les garantizan seguridad. Según su estadística, que lleva en detalle la multigremial de la Araucanía (agrupa a gremios de ocho sectores productivos) en su barómetro de conflictos de connotación indígena, 297 camiones fueron incendiados en ataques en los últimos diez años (89 en 2017).

El presidente de la multigremial, Luciano Rivas, calificó las quemas en el Sur como "delitos de carácter terrorista, con alta violencia".

"Hay poco control. El año pasado hubo 19 iglesias quemadas en el Sur. La violencia aumenta, y con 89 camiones quemados no tenemos ningún detenido. Eso habla de la poca eficiencia de la policía y de la justicia. Es bastante triste", señaló Rivas. "Emplazamos nuevamente al gobierno a utilizar todas las herramientas que tenga a mano para terminar con el flagelo del terrorismo en el sur de Chile", reclamó.

Los mapuches ("gente de la tierra", en su lengua nativa) habitan desde hace cientos de años en Chile y parte de la Argentina. Dieron pelea a los conquistadores españoles hasta que en el siglo XIX, entre 1861 y 1883, fueron sometidos por el ejército chileno en la llamada pacificación de la Araucanía. Con 1.100.000 personas (de los 17,3 millones de habitantes de Chile), en su mayoría habitan en pequeñas comunidades en las regiones de la Araucanía y Los Ríos, a 680 kilómetros al sur de Santiago.

En cuanto a las tierras, menos del 15% del suelo de la región de la Araucanía está en manos de comunidades mapuches, y otro 20% pertenece a empresas forestales. Unas 100.000 personas, en su mayoría mapuches, carecen de agua para uso básico en diferentes zonas rurales debido al impacto de los monocultivos de las plantaciones forestales y al cambio climático, según denunció la Red de Defensa de los territorios.

La discusión sobre si los incendios y ataques deben ser calificados como violencia rural o terrorismo también se activa cuando hierve la violencia. Algo de nunca acabar, casi tanto como el conflicto mapuche. Esta vez, el Estado optó por referirse a los ataques como atentados, al igual que los empresarios madereros. Sin embargo, el historiador Pairicán no cree que exista terrorismo. "Si lo quieren hacer pasar como hechos delictivos, puede ser. Terrorismo tiene que ver con la vulneración de los derechos humanos, y quemar un camión o una máquina es un daño a la propiedad privada. Además, dentro de la agenda mapuche tampoco está matar agricultores", dice .

Mauricio Heise dirige el Observatorio sobre Terrorismo en Chile y explica que sí existe el terrorismo en el sur del país. "Es ejecutado por sectores minoritarios del pueblo mapuche, que no lo representan en términos globales. Es un movimiento nacionalista de liberación nacional y sus objetivos son la autonomía política y el territorio propio, lo que se denomina el Wallmapu, tanto en Chile como en la Argentina", señala. Y agrega que funciona con "una red de células que fueron creadas desde la Coordinadora Arauco-Malleco (CAM), con entre cinco y diez personas cada una, y llamadas órganos de resistencia territorial".

Heise detectó que Weichan Auka Mapu "está surgiendo con fuerza", que en general el movimiento mapuche se ha vuelto difuso, sin jerarquías definidas, y que existiría una suerte de "ética terrorista de no dañar a las personas".

Pobreza

La zona del conflicto es la más pobre de Chile. El 23,6% vive en esa condición, más del doble del promedio del país, pero una cosa es leer esa cifra y otra es conversar con Juan Carlos Reinao, alcalde de Renaico y presidente de la Asociación de Alcaldes Mapuches, que describió cómo viven las comunidades.

"Vivimos en casas hechas por nuestras propias manos, de latas de zinc y que por dentro están forradas con madera. Algunas tienen agua y otras no; las condiciones son muy precarias. Muchas familias emigran a trabajar a Santiago y envían remesas para que la gente viva mes a mes. Las comunidades viven en territorios muy reducidos, a veces cuatro familias en media hectárea, sin animales ni huerta", cuenta. "El analfabetismo es alto, no hay conectividad, salud ni educación y de cada diez personas, tres son indigentes. La vida es dura. Si no les diera ayuda a mi mamá y a mis hermanos, no tendrían qué comer. Tengo cinco hermanos y lograron tener lo básico con lo que les di."

Carlos Bresciani, sacerdote jesuita en Tirúa, en el corazón de la Araucanía, opina que Chile es "un país racista que niega la diversidad y plurinacionalidad al interior del Estado".

"A los mapuches en su momento se los trató de incivilizados y ahora se los trata de terroristas, violentos y ladrones", agregó. Sobre el conflicto actual, dijo que "las relaciones entre Estado y pueblos originarios, en particular con el mapuche, están en un momento crítico".

El Papa incluyó a Temuco entre las tres ciudades que visitará en Chile en enero próximo. Aunque se temen protestas y habrá seguridad reforzada, a Héctor Llaitul, líder de la CAM, le parece que se puede buscar una interlocución con Francisco, "sobre todo porque es muy consciente y muy comprometido con las luchas de tipo anticapitalista".

Los mapuches llevan 100 años en busca de la autodeterminación. Viktor Naqill Gómez, coordinador del primer partido político mapuche, Wallmapuwen, cree que mientras el Estado no reconozca la naturaleza política de esta situación y se disponga a dialogar sobre un nuevo estatuto político para el Wallmapu, el conflicto continuará. "Una solución global no se observa ni siquiera a mediano plazo", advirtió.

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