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Dos hermanos unidos por un paquete de galletitas

Compartir la merienda es la forma en la que Julio Ponieman logró conectarse con Guillermo, que tiene una discapacidad intelectual

Lunes 04 de septiembre de 2017
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LA NACION
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Un paquete de galletitas. Éste es el signo visible que une a Julio Ponieman con su hermano Guillermo, que padece una severa discapacidad mental. Detrás de eso, y gracias a mucho amor y dedicación, se fue forjando una relación que va más allá de las palabras.

"No puedo explicar el vínculo con mi hermano porque yo creo que él no sabe quién soy yo. Para él soy el de las galletitas. Una vez me aparecí con un paquete de galletitas dulces y le gustaron. Y mientras dure el paquete de galletitas, dura el amor. Cuando se termina, no me conoce. Una vez probé venir sin galletitas y me echó. No lo volví a intentar. Me ve y hay una conexión visual que antes la negaba y hoy la veo", dice Julio, actual presidente de Checar, institución en la que vive su hermano desde hace 50 años y que sus padres ayudaron a fundar.

En el jardín de esta entidad ubicada en La Reja, a dos kilómetros de Moreno, Guillermo está acostado sobre el pasto, bajo un árbol. Mientras tanto, Julio hamaca a otra de las residentes del hogar que hoy recibe a 55 personas con discapacidades mentales leves, medias y severas.

Julio le alcanza una galletita a Guillermo (derecha) en la sede de Checar
Julio le alcanza una galletita a Guillermo (derecha) en la sede de Checar.

"Tengo tres hijos y soy abuelo. Cuando era chico nunca pensé que me iba a pasar eso. ¿Qué más puedo pedir? Siempre tuve mucho miedo durante los embarazos de mi mujer y eso que lo de Guillermo no es congénito, fue mala praxis durante el parto", confiesa Julio.

Nada fácil

Para él no es fácil tener un hermano con discapacidad, pero recién ahora se le está haciendo menos difícil ese camino. "Uno se siente un poco culpable. Gracias a Dios mis padres tuvieron dos hijos más, además de Guillermo y de mí. Se aprende también, te hace más sensible y entendés mejor a las otras personas. Igual mejor que no te pase. Ahora por lo menos puedo venir habitualmente a Checar. Hubo momentos en los que no podía estar acá", agrega Julio.

Cuando nació Guillermo, hace 56 años, sus padres no sabían qué hacer. No encontraban respuestas. Viajaron a ver a los mejores especialistas en los Estados Unidos, que les dijeron que no iba a superar el año de vida. "En ese entonces no sabíamos nada sobre la discapacidad. Pero fuimos aprendiendo. Y no nos resignamos. Junto a un grupo de padres comprometidos abrimos este lugar en 1972, para darles a nuestros hijos la contención y el tratamiento que nosotros no podíamos ofrecerles", dice Ernesto Ponieman, fundador de Checar.

Allí, Guillermo aprendió a agarrar solo la cuchara, tiene contacto permanente con la naturaleza y hasta pudo viajar a conocer las montañas y el mar. "Ver fotos de él sonriendo en el mar es algo que me parece increíble. La mayoría de los que estamos hoy dirigiendo la organización somos hermanos, padres o cuñados de las personas que viven acá", agrega Julio.

En un terreno de 5000 metros cuadrados, con cocina, gimnasio, pileta y hasta huerta, funciona el hogar todos los días del año.

"Nuestro sueño es que este lugar siga funcionando y que haya muchas instituciones como ésta. Hace falta que esto sea una política nacional y no un problema de los padres que tuvieron a su hijo con una discapacidad", concluye Julio.

Checar, una entidad modelo

En Checar viven 55 personas, 10 asisten durante el día y son cerca de 70 las personas que trabajan allí para poder darle vida al lugar, entre las tareas de limpieza, cocina y los profesionales.

En términos monetarios, precisan de un presupuesto cercano a los 2.000.000 de pesos por mes para seguir funcionando. "Con lo que la obra social nos da por cada interno vivimos bien, se come, se duerme y los chicos están bien. Ahora, si se rompe algo, no lo podemos solucionar. Tenemos que arreglar el techo, la humedad y los baños. Tampoco tenemos cloacas ni agua corriente", agrega Julio.

Se atiende a jóvenes y adultos, de ambos sexos con discapacidad intelectual profunda, severa y moderada, sin componente psiquiátrico.

"En este lugar están cómodos, no son raros y los tratan bien. Los avances que logra cada uno son gracias a la enorme paciencia y apoyo que reciben del equipo que los atiende", dice Guillermo Balzi, integrante de la comisión directiva, y que tiene un hermano viviendo allí.

Cómo colaborar

Checar

www.checar.org.ar

(0237) 4624-044

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