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Exigen al Estado que busque a una joven que desapareció hace más de dos años

Diana Colman, de 25 años, vivía en Guernica; su familia afirma que la Justicia nunca avanzó con la investigación; acompañados por organizaciones sociales, sus allegados marchan el 19 de cada mes

Lunes 04 de septiembre de 2017
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LA NACION

Marita Verón desapareció hace 15 años, en abril de 2002, en Tucumán. Florencia Penacchi tenía 25 años cuando fue vista por última vez, el 15 de marzo de 2005, en Palermo. Se cree que una y otra fueron víctimas de la trata de personas. Érica Soriano se convirtió en un fantasma el 21 de agosto de 2010; estaba embarazada y quien era su pareja, Daniel Lagostena, está preso y va camino al juicio oral, acusado de haberla matado y haberse desecho del cuerpo.

Cientos de personas se concentraron el 19 de agosto pasado frente a la municipalidad de Presidente Perón, en Guernica
Cientos de personas se concentraron el 19 de agosto pasado frente a la municipalidad de Presidente Perón, en Guernica. Foto: Archivo

Detrás de esos nombres, algunos de los más conocidos, hay muchas más mujeres desaparecidas. En Guernica falta Diana Estefanía Colman. La última vez que se la vio fue el viernes 19 de junio de 2015. Ese día, salió temprano de su casa para encontrarse con su ex pareja, pero antes avisó que volvía para la hora del almuerzo. Tenía muchas razones para cumplir su promesa: la principal era su hijo de 10 años, que debía someterse a una operación compleja.

Desde entonces la familia de Diana, con el apoyo de organizaciones sociales, repite cada 19 el reclamo frente al municipio y el juzgado. Así lo hicieron en medio de las marchas por la desaparición de Santiago Maldonado; así lo harán dentro de un par de semanas. Denuncian que a más de dos años de la desaparición la causa está paralizada, sin sospechosos ni detenidos y sin señales de que alguna vez los haya.

"La verdad es que pienso que el Estado no está haciendo nada por el caso de mi hija. Para encontrar a Anahí [Benítez, la chica de 16 años que apareció enterrada en una reserva natural de Lomas de Zamora] movieron cielo y tierra, no sé si porque estaban cerca las elecciones o porque nosotros somos migrantes y pobres y no les importamos. Sea lo que sea, no voy a dejar de romper las pelotas. Yo la quiero encontrar, viva o muerta", avisa, con convicción de madre, Isabel.

Diana tenía 25 años y trabajaba vendiendo ropa en una feria de Constitución. En Paraguay nació, se crió y tuvo un hijo, pero al separarse viajó a la Argentina con el chico; se instalaron en la casa de Isabel. Lo último que se sabe de ella es que subió al colectivo 385 y se bajó en la ruta 210, donde se encontró con Juan Sardina, un ex novio con el que había convivido dos años.

"Esa misma tarde lo llamé porque Diana no había vuelto y me dijo que hacía una semana que no la veía. Al mes, cuando tuvo que declarar ante la fiscal, reconoció que se habían visto ese día y dijo que fueron hasta Olmos a buscar plata, porque ella le había pedido prestado, y que después la dejó otra vez en la ruta", explicó Isabel.

La causa ya tuvo tres fiscales. La primera fue Cristina La Rocca, que al hacerse cargo del expediente se tomó dos semanas de vacaciones, pese a que los primeros momentos de cualquier investigación son claves. A los cinco meses se apartó de la causa en medio de críticas y escraches por parte de organizaciones civiles que apoyan a la familia de Diana.

La misma decisión tomó su colega Juan Cruz Condomí Alcorta, a cargo del expediente desde diciembre de 2015, quien tampoco había ordenado medidas concretas para dar con el paradero de la joven. Ahora la causa está en manos de Karina Guyot, pero la sensación de Isabel no cambió: "Nuestro caso no tuvo la repercusión de otros y eso es lo lamentable, porque Diana también es persona, también merece ser buscada".

La otra María Cash

Buscar a una hija y no encontrarla es una experiencia límite. En 2016, Isabel, que tiene 44 años, tuvo dos infartos. El último le provocó una trombosis en el pie derecho que sólo pudo superar con la amputación. "El cardiólogo me dice que el riesgo de muerte siempre está porque mi corazón sigue nervioso".

Hoy vive con dos hijos y su nieto, de quien debió hacerse cargo. "El padre del chico ni siquiera llama para preguntar si tenemos para comer", dice.

Cuatro días antes de su desaparición, Diana llevó a su hijo a realizar las pruebas médicas previas a una operación: se había electrocutado en un accidente doméstico y había perdido tres dedos de una mano. "No era una pavada, por eso digo que es imposible que mi hija se haya ido por propia voluntad", remarca Isabel.

Mientras lucha, lo más doloroso sigue siendo no poder darle ninguna respuesta a su nieto: "Hay días en que de la nada se pone a llorar porque extraña a la mamá. Si me dicen que la mataron y me entregan el cuerpo, yo le puedo explicar lo que pasó y podemos ir todos los meses a llevarle flores al cementerio, pero así es una tortura. Me siento abandonada por el Estado; el expediente tiene 12 cuerpos, pero para mí es la nada misma. Diana es otra María Cash, porque nadie sabe dónde está. Con una diferencia: a mi hija nunca la buscaron".

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