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Retiro: aprietes y trampas en la licitación para operar la terminal

Mañana se abren los sobres para conocer las ofertas; Otero, el actual concesionario procesado por pagar dádivas, en medio de una puja para desalentar competidores

Lunes 04 de septiembre de 2017 • 16:50
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LA NACION
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La terminal de Retiro
La terminal de Retiro. Foto: Archivo

La terminal de ómnibus de Retiro, uno de los rincones más sucios y abandonados de la infraestructura de servicios públicos porteños, empezará a transitar por un camino de renovación.

Mañana se abrirán los sobres de una esperada licitación para operar como concesionario uno de los principales puntos de ingreso y egreso de viajeros en la Ciudad de Buenos Aires. Atrás quedará un complicado proceso licitarorio teñido por cambios en los pliegos, anulaciones, redacciones sospechadas y presiones a grupos oferentes.

"Todo empezó en octubre del año pasado, cuando se conoció la iniciativa de un próximo llamado a licitación para remodelar y dar en concesión el predio porteño, de siete hectáreas"

Desde principios de año, cuando se presentó la licitación, el clima en torno a esta iniciativa del Ministerio de Transporte se enrareció. Por un lado quedó el ministro, Guillermo Dietrich . Por el otro, el actual concesionario Néstor Otero, un empresario procesado por haber pagado durante años el alquiler al departamento donde residía Ricardo Jaime en Buenos Aires, que durante estos meses jugó fuerte para quedarse con el millonario negocio.

Todo empezó en octubre del año pasado, cuando se conoció la iniciativa de un próximo llamado a licitación para remodelar y dar en concesión el predio porteño, de siete hectáreas. Las cifras de la principal terminal del país le dan magnitud al interés que suscitó el proyecto. A diario, circulan unas 50.000 personas, de las cuales, según los cálculos de quienes se interesaron por el negocio, alrededor de 25.000 son pasajeros. Cada 24 horas, entre los ómnibus que ingresan con viajeros y los que parten desde allí, hay unos 1000 servicios diarios. Esa operación, que se llama toque de dársena, actualmente se paga 48 pesos más IVA, aunque el valor, seguramente, será otro con las nuevas ofertas.

Terminal de ómnibus
Terminal de ómnibus. Foto: Archivo

El negocio de los locales

Pero claro, el negocio hace tiempo dejó de ser el servicio a los transportistas. Los millones están las decenas de comercios localizados en el edificio principal. Allí surge una particularidad: los que no son de empresas vinculadas a Otero, cuando firman su contrato de alquiler, se obligan a abastecerse de mercadería de un mayorista que sí está ligado al empresario. Sólo algunas marcas propias se escapan de la cláusula. Negocios amarrados.

Otero, dueño de la empresa TEBA, opera la terminal desde hace 20 años. Un relevamiento realizado por una de las interesadas, que llegó a conocimiento del regulador, da cuenta que prácticamente no funciona ninguna de las escaleras mecánicas, apenas un porcentaje menor de los baños están operativos y tiene un piso completo, donde funciona cargas, prácticamente sin utilizar. En medio de las incomodidades y la suciedad que padecen los pasajeros, los comercios florecen con precios exorbitantes.

En febrero, el primer llamado de licitación sorprendió a varios. Había varias cláusulas que levantaron sospechas de un traje amoldado para el actual concesionario. Por ejemplo, se entregaba a 20 años, un plazo corto si se tiene en cuenta que se deben invertir no menos de 500 millones de pesos en renovación del predio. Además, estableció un puntaje muy alto para el que pudiera acreditar una determinada cantidad de operación similar en el país. Casualidades regulatorias: Otero, dueño de la Estación Dellepiane, Mar del Plata y Santiago del Estero, era el único que podía llenar este casillero.

Finalmente, se incluyó otro requisito: que el nuevo concesionario se quedara con todos los empleados existentes a diciembre de 2015, respetando sueldos, antigüedades y demás beneficios. Claro que también se trasladaban todos los juicios laborales. El problema es que TEBA se negó a informar cantidad de empleados, sueldos, antigüedad y mucho menos, juicios o pasivos contingentes existentes.

Varios empresarios le llevaron las quejas a Dietrich, que finalmente, anuló aquella licitación. El ministro nunca lo reconoció en voz alta, pero las sospechas que se instalaron es que aquellas cláusulas estuvieron prolijamente camufladas por segundas líneas de su ministerio, con estrecha relación con Otero.

Finalmente, se dispusieron cambios. El plazo se pasó de 20 a 35, se colocó un requisito de acreditación de fondos propios suficientes para financiar el proyecto y finalmente, se autorizó a que los consorcios pudieron acreditar la experiencia con un contrato de transferencia de tecnología con un experto internacional en operación de buses.

Lo que no se cambió es la cláusula de absorción de personal, aunque se informó que habían 95 personas en la nómina de TEBA, sin contar el personal tercerizado y de limpieza, en la mayoría de los casos, también compañías relacionadas con el operador.

Finalmente, se confeccionó el pliego que mantuvo la exclusión de los dueños de empresas de colectivos como posibles oferentes. Durante este tiempo, varios operadores internacionales pasaron por Buenos Aires en busca de datos para evaluar la posibilidad de presentarse. Un grupo inglés mandó sus representantes, y otro grupo uruguayo hizo lo propio. Varios empresarios argentinos, de la construcción muchos de ellos, también miraron la carpeta. Varios de ellos fueron contactados por oficiosos gestores que los desalentaban. Otros, se retiraron.

Quedaron pocos. Mañana se conocerá quién se quedará con el codiciado rincón porteño. Un grupo brasileño que se presentaría con empresarios argentinos de la constructora Texinco, además de otra UTE con el actual concesionario camuflado, son algunos de los que estarán presentes. Se empezará así a orejear el futuro de la terminal de ómnibus más importante del país.

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