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La tensión espolea la carrera armamentística en una zona con históricas heridas abiertas

Asia gasta en la actualidad más dinero en armas que Europa; la llegada de Trump al poder alienta a muchos países a cambiar su estrategia de defensa

Martes 05 de septiembre de 2017
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PARA LA NACION
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PEKÍN.- El Extremo Oriente es la zona más caliente del planeta. Ahí se aprietan históricas heridas abiertas, reclamos territoriales, necesidades energéticas, nacionalismos inflamados, a lo que se suma la pulseada de las dos grandes potencias globales y una política de alianzas con aroma de Guerra Fría.

En respuesta a Pyongyang, Corea del Sur realizó prácticas ayer con sus propios misiles
En respuesta a Pyongyang, Corea del Sur realizó prácticas ayer con sus propios misiles. Foto: AFP

Los desmanes norcoreanos representan una patada al avispero asiático y alientan a los aliados estadounidenses a armarse, porque el paraguas de Washington ya no basta. Han convivido durante décadas con las amenazas de Pyongyang, pero la coincidencia en el poder de líderes tan turbulentos como Donald Trump y Kim Jong-un acerca de verdad la posibilidad de una guerra.

La tensión en el continente espolea una carrera armamentista que ya cabalgaba sin riendas. En 2012, Asia gastó en armas más dinero que Europa y la tendencia se ha acentuado desde entonces. Japón aprobará un presupuesto récord de 48 mil millones de dólares. La propuesta llegó dos días después de que un misil norcoreano sobrevolara el país y el grueso irá a equipos para derribarlos. La lista de compras incluye barcos de guerra, cazas y nuevas bases militares en Okinawa, cuya finalidad apunta menos a Pyongyang que a Pekín, con la que Tokio mantiene un pleito por las islas Senkaku/Diaoyu.

Será el sexto aumento consecutivo de Japón después de que el ultranacionalista Shinzo Abe acabara con una década de recortes. Al primer ministro le incomoda la ejemplar Constitución pacifista japonesa y estira sus costuras. El espíritu de la Carta Magna se tambalea tras el fin de la prohibición de exportar armas y la reforma del artículo 9, que sólo contemplaba la posibilidad de la autodefensa. Ese cambio preocupa a China. "Existe una desconfianza mutua entre Pekín y Tokio. La visión más extendida en China es que Japón exagera la amenaza norcoreana como excusa para revitalizar su propio poder militar", opina Tong Zhao, experto del Centro Carnegie-Tsinghua.

Corea del Sur, por su parte, destinará una décima parte de su PBI a la defensa tras un aumento presupuestario del 6,9%, el mayor desde 2009. Su presidente, Moon Jae-in, es un terco defensor del diálogo, con una paciencia sobrenatural para con Corea del Norte, pero estas semanas fragorosas recomiendan acompañar la diplomacia con munición. Acaba de exigir una reforma integral de sus fuerzas armadas y ayer aceptó cuatro nuevas baterías del escudo antimisiles estadounidense Thaad. Ese escudo resume la capacidad de desestabilización de Pyongyang. Seúl se resistió durante décadas a instalarlo. El Thaad arruinó las relaciones con China, su principal socio comercial, que está convencida de que Washington usará esos radares para controlarla.

Trump animó a sus aliados durante las elecciones de Estados Unidos a acumular armas nucleares para defenderse por sí mismos y dejar de desangrar las arcas estadounidenses. La sugerencia ya es contemplada por los halcones de Seúl y Tokio. Japón cuenta con plutonio, pero la oposición popular en el único país que ha sufrido la bomba nuclear es demasiada, incluso para un líder como Shinzo Abe, con probado desprecio por las encuestas. La situación es inversa en Corea del Sur: el 60% de la población apoya una propuesta que aterra al presidente Moon porque barrería las últimas esperanzas de convencer a Pyongyang de renunciar a su arsenal atómico.

Al inquietante cuadro contribuye el mastodóntico incremento militar estadounidense (10%) en relación a su economía, que apenas crece el 2,4%. Su objetivo, aclaró Trump, es "volver a ganar guerras". El grueso de esa partida irá a la marina y su lugar natural es el Pacífico. La única noticia saludable frente a la aceleración generalizada es el freno militar chino. Su aumento del 7% es el más bajo en seis años, acorde con su ritmo económico, a pesar de la acumulación de conflictos territoriales en el mar del Sur de China y la incómoda presencia estadounidense en su patio trasero.

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