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El rock de Kuropatwa: retratos de una escena diseccionada con mirada de entomólogo

La revista Rolling Stone hace su primer desembarco en la feria BA Photo con una muestra del fotógrafo que capturó como ninguno la noche, la música y los protagonistas de los años 80 y 90

Martes 05 de septiembre de 2017
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PARA LA NACION
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Gustavo Cerati frente a la cámara de Kuropatwa
Gustavo Cerati frente a la cámara de Kuropatwa.

Aunque su nombre tuviera esa connotación de poeta japonés, su familia era polaca y había fundado un imperio cosmético. Justamente lo cosmético, el embellecimiento por la vía del glamour, el cuidado de la imagen, eran para Alejandro Kuropatwa parte del escenario pop que el rock argentino construía en la segunda mitad de los 80, en el pasaje del under al mainstream.

Kuro se volvió el retratista de lo que alguna vez Andrés Calamaro -joven y agudo por siempre en el retrato blanco y negro que le hizo- definió como "la aristocracia pop argentina". Su trabajo con Charly García para el álbum Cómo conseguir chicas (1988) y en muchos otros casos, con Gustavo Cerati y Fito Páez, con María Gabriela Epumer e Hilda Lizarazu; parte de estas fotografías se verán desde pasado mañana en BA Photo, en el marco de una muestra de la revista Rolling Stone.

A propósito de la serie "rock", el crítico Daniel Molina ensaya una posible explicación entre la cámara dandy y sus modelos: "Alejandro los retrataba como si los diseccionara: era la mirada de un entomólogo, más que la de un artista. Los confrontaba con algo que era de ellos, pero estaba más allá de ellos y parecían siempre alelados".

Hablando de esa mirada, el galerista Horacio Dabbah contó alguna vez: "Un día estaba manejando cuando una mariposa se posó sobre el vidrio y por mirar sus colores Alejandro estrelló el auto contra un árbol".

¿Se cura Kuro? Echando mano del bazar metalingüístico que llevó la vanguardia a la disco con el grupo Virus, Roberto Jacoby enunciaba esta pregunta frente a las grandes fotografías que Kuropatwa estrenó el 5 de noviembre de 1996 en Ruth Benzacar. La pregunta abría un juego de palabras que se espejaba en el nombre de la muestra. Aquello de "Cóctel" podía establecer continuidades con la sociabilidad festiva del planeta arte: cocktail, vernissage (ahora opening), pero lo que había era un retrato de la supervivencia en la brava tempestad del VIH. Kuro quería vivir y volvía de una temporada en una clínica de rehabilitación en California; las fotos eran retratos ambivalentes de la enfermedad y la cura, pero el protagonismo lo tenían las pastillas de colores, los envases, los blísteres. Kuropatwa inundaba la luz con los colores fuertes, pop, de las pastillas. Colores unidos contra la degradación y lo que empalidece hasta lo translúcido. Esa imagen de una cápsula verde avanzando sobre los pliegues de su lengua, con el borde de un bigote desparejo como todo marco fue, es, ícono global de la lucha contra el VIH, tanto como las obras de los canadienses General Idea que vimos en el Malba este año.

¿Se curaría Kuro? En la cuidada página web que hace de museo virtual de su obra (http://kuropatwa.org) hay una serie dedicada al autorretrato. De todos, hay uno que lo devuelve a la pintura (Kuropatwa trabajó con insistencia sobre los géneros clásicos) premoderna. Podría ser Kuro por Prilidiano Pueyrredón o por el uruguayo Blanes. Ese interior de hogar con chimenea en el que el fotógrafo arropado de pies a cabeza posa con el gesto adusto del noble o el burgués decimonónico es una constelación de ocres: otoño profundo de la madera al pelo, naranja apagado de bosque boreal. No tenemos certeza de la fecha en que fue hecho, sin embargo los ojos de Kuro detrás de sus anteojos circulares fijan el calendario en el 5 de febrero de 2003, cuando su cuerpo dijo basta. El autorretrato no puede llevar mejor epígrafe que las palabras que escribió en el texto de Manifiesto, su muestra retrospectiva en el Bellas Artes: "Mi corazón no se lo doy a nadie, mi alma sólo a la fotografía".

Manifiesto (2002) fue la primera exposición individual que Bellas Artes le dedicó a un fotógrafo. Se consagraba así a un outsider cuyas primeras paredes habían sido las de las discotecas de Nueva York en el último período del hedonismo rampante de los 70 y que había ingresado a la fotografía a través del cine. Faye Dunaway encarnando a Laura Mars (Los ojos de Laura Mars, Irvin Kerschner, 1978), la fotógrafa que a través de su cámara anticipaba asesinatos, y el set urbano encandilaron a Kuro, que, como otros (Diulio Pierri, Juan José Cambre, Charly García), eligió Nueva York como teatro de operaciones para la reformulación del lenguaje artístico. Este pasaje fue clave no sólo para Kuropatwa, sino también para la fotografía argentina. Retoma Molina: "Alejandro trajo la mirada norteamericana a nuestro medio, que aún estaba sumido en el preciosismo de la experimentación vanguardista europea de comienzos del siglo XX".

Charly, fito, y más allá

Los retratos de Charly García, Fito Páez, Gustavo Cerati, Los Ratones Paranoicos, Andrés Calamaro y otras figuras del rock se verán en la muestra Kuropatwa x Rolling Stone, curada por el editor Ignacio Arnedo, que llega a BA Photo. La 13a edición de esta feria pionera en la región, donde participan 40 galerías, se inaugurará el jueves y abrirá al público de viernes a domingo, en La Rural. Toda la info, http://www.buenosairesphoto.com/

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