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Lorenzo Aspe: un auténtico maestro, de principio a fin

Martes 05 de septiembre de 2017

La figura espigada de don Lorenzo Aspe será imborrable en la memoria de las casi ochenta promociones de estudiantes de la comunidad religiosa Marianista en la Argentina. Don Lorenzo ha muerto a los 104 años. Longevidad acorde con la austeridad ejemplar de su vida. "No comas pan, que echas panza. ¿Dónde has visto un vasco panzudo", repetía este hermano cuyos brazos fuertes prestaban utilidad en el oficio más inesperado: el de enfermero, albañil, peluquero, y desde luego, que también servían para batir el aire con el amago de coscorrón que calmaría algún desmán de los muchachos en los recreos, o el incidente que trababa un partido de fútbol de los muchos que animó a diario. Nadie se quejaba de aquellos límites, de leve recorrido físico, pero de efectos perdurables como tantas de sus lecciones de maestro y profesor.

Aspe había ingresado con apenas 10 años, en España, a la antigua comunidad Marianista. A esa edad partió en misión a Japón, donde vivió por una década. A los 16 años concluyó el noviciado y en 1939, cuatro años después de haberse fundado el Colegio Marianista, en Rivadavia y Emilio Mitre, quedó en el país para siempre. En esa institución de sólida disciplina y firmes principios religiosos y morales, podía impartir enseñanza en la materia que se le pidiera. "Profesor de lo que haga falta -decía-.Ya sé que habrá muchos, todos mejor preparados que yo, ahora que tan decididos, lo dudo...". Hoy se diría que don Lorenzo era un vasco de manual. Estuvo también en las sedes de 9 de Julio y Junín del Colegio Marianista, que no confundir con los maristas.

Había nacido en Vitoria, España, el 10 de agosto de 1913.

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