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Un clima de frustración del que es difícil salir

Diego Latorre

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LA NACION
Miércoles 06 de septiembre de 2017

Las cuestiones psicológicas juegan un papel muy importante en el desarrollo de un partido. Y esta selección sigue teniendo en el sistema nervioso un bloqueo que no logra desactivar. Como bien dijo al término del encuentro Dudamel, el técnico de Venezuela, se trata de un equipo angustiado.

En la primera media hora de juego, el conjunto de Sampaoli mejoró de manera notable respecto a lo hecho en Montevideo, incluso pudieron verse muchos rasgos del funcionamiento que pretende el entrenador. Pero el gol es un karma para este grupo. Se niega por uno u otro motivo hasta en las mejores condiciones y en las jugadas mejor elaboradas.

Y como en la medida que no se encuentra la recompensa va creciendo la ansiedad, la cabeza empieza a funcionar a otra marcha, la mente se va cerrando y se cae en la precipitación. Uno siempre habla de la táctica y la estrategia pero hay una conexión muy grande del cerebro con lo que pasa en el partido, y aunque en la cancha hay más de una cabeza, las malas sensaciones se van impregnando de todas ellas.

Mientras el encuentro resistió el análisis puramente futbolístico, Argentina se vio muy bien. Fueron 30 minutos excelentes, jugados con calma, con Mascherano siendo un mediocampista más, con mucho desborde por los costados, un Di María que estaba jugando un grandísimo partido hasta su lesión, Icardi trazando diagonales interesantes y Acosta y Dybala intercambiando posiciones por el otro lado.

Pero el primer tiempo se fue con el 0 a 0, Venezuela pegó en la primera llegada que tuvo en el complemento, y aunque el empate fue instantáneo el equipo demostró no estar en paz consigo mismo. Y durante todo el complemento pudo comprobarse que los cambios, las tácticas, las modificaciones de cualquier tipo están envueltos en un clima de impotencia y frustración del que es difícil salir.

Se puede hablar más del juego pero si al primer contratiempo se cae preso del murmullo, del fastidio y del descontrol la consecuencia es la anarquía, y el resultado, el arrebato individual que no soluciona nada y que acaba por dañar al conjunto.

Es duro comprobar que falta lo primordial, el sostén para soportar lo que la competencia te va entregando, para imponerse sobre las adversidades que te crea el mismo partido. Lo que gobierna el andar de esta selección excede los nombres y los planteos tácticos. Y nada puede ser más decepcionante.

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