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Cómo narrar la vida de tu padre

En El salto de papá, Martín Sivak enhebra la vida privada familiar con los vaivenes del país, a medida que reconstruye -y reivindica- la figura de su padre, Jorge Sivak. Un personaje expansivo, entrañable y contradictorio que ilumina un libro perdurable. Por Daniel Gigena

Miércoles 06 de septiembre de 2017 • 18:01
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Martín Sivak
Martín Sivak.

El nuevo libro de Martín Sivak (Buenos Aires, 1975) tiene varios puntos en común con trabajos anteriores y una sola característica que determina la gran diferencia, el paso cualitativo de una obra en desarrollo. Es, como Jefazo: retrato íntimo de Evo Morales o El doctor: biografía no autorizada de Mariano Grondona, un libro que se centra en la vida de un personaje histórico masculino. La cronología y las intervenciones del autor, que incluyen entrevistas, revelaciones y recuerdos personales, acompasan un relato que, como pocos en los libros escritos por periodistas, posee intriga y emoción. Por si fuera poco, la historia social se filtra en las páginas de El salto de papá.

La novedad reside en que el personaje histórico elegido en esta oportunidad por Sivak es Jorge Sivak, su padre. El salto del título se refiere al que dio, según relatos de obreros de la construcción que apenas procedieron como testigos impotentes, Jorge Sivak en diciembre de 1990, cuando decidió suicidarse, arrojándose al vacío desde un departamento situado en el piso 16 de un edifico porteño. A partir de ese hecho trágico, Sivak desanda una historia familiar que se entrelaza con el método elegido para escribir un libro como el que leemos. Martín Sivak era un adolescente cuando su padre se suicidó. Hoy ya es padre de un hijo, un profesional respetado y testigo lúcido del presente. La elección del epíteto familiar para contar la historia del padre ("papá" se repite de manera constante en todo el libro) es, además de una posición afectiva para afrontar el relato, una señal de la huella permanente del duelo.

Más que una elegía poblada de idealizaciones, El salto de papá es una suerte de reivindicación del padre, de la que no están excluidos el sentimiento de revancha ni el alegato. En la primera parte, el repaso del secuestro y asesinato de Osvaldo Sivak, tío de Martín y hermano de Jorge, describe el modo en que la mano de obra desocupada de los grupos de tareas (y vuelta a ocupar de inmediato) actuaba en los primeros años de la posdictadura. Policías, servicios de inteligencia, militares, políticos y sindicalistas se reúnen con Jorge, le sacan dinero a cambio de promesas e información inútil para resolver el secuestro. A ellos se suman periodistas y también médiums. Incluso Raúl Alfonsín teje hipótesis: "En el caso de Osvaldo, el propio presidente lo leyó, en un primer momento, como parte de un plan de desestabilización contra su gobierno". Años después del secuestro, cuando aparece el cuerpo del "tío Osvaldo" (que estuvo desaparecido por dos años), nuevas circunstancias afectan a Jorge. El caso Sivak, narrado por Sivak, emula la tensión conspirativa de Ricardo III.

El salto de papá de Martín Sivak Seix Barral
El salto de papá de Martín Sivak Seix Barral.

Es también un libro sobre libros. Desde 2010, cuenta el autor, todos los momentos libres fueron destinados a escribir. "Hasta que llegaron las vacaciones y me propuse interrumpir la escritura y dejar de leer memorias sobre padres -ya habían pasado Ackerley, Amis, Carver, Faciolince, Gosse, Kureishi, Roth, Trillin, entre otros- y sobre suicidios de padres", se lee al promediar El salto de papá, que une el testimonio con la pesquisa y el homenaje. Hay otro libro mencionado, que lleva la firma de Marta Oyhanarte y que da inicio a una serie de desagravios. En Tu ausencia, tu presencia, la viuda de Osvaldo deja mal parado a Jorge Sivak, al que describe más o menos como un impresentable. Desde el punto de vista que provee la intimidad y que "edita" el paso del tiempo, el texto de Sivak enmienda esa imagen sin contraponer la de un héroe cívico. No es ella la única figura de la política nacional que encarna un papel triste en El salto de papá: están también los testaferros de políticos como Antonio Tróccoli o José Luis Manzano (quizás el emblema del ascenso social gracias al dinero de los otros), Mohamed Alí Seineldín y Alejandro Agustín Lanusse.

"Empecé este libro con la pretensión candorosa de creer que así cerraría su historia -escribe Sivak-; en realidad, apenas pude continuar nuestras historias de otra manera". Esa continuación de las historias privadas y públicas, que en apariencia no caducan, es solo uno de los mayores aciertos de este libro perdurable.

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