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La pesadilla de la eliminatoria: la selección argentina, paralizada entre los miedos y la frustración

No llegar a Rusia es un fantasma que persigue a los jugadores, mientras Sampaoli se reprocha no haber cortado con la racha negra

Jueves 07 de septiembre de 2017
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LA NACION
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Icardi, la imagen de la impotencia de la selección
Icardi, la imagen de la impotencia de la selección. Foto: LA NACION

Ya no hay escudo interno. Los futbolistas entraron en pánico. La atmósfera es rancia y la tensión invade hasta los rincones. Sobrevuela una sensación de desprotección, como si una moneda al aire coqueteara con el destino. La selección está en trance. Mira alrededor y no lo cree posible, pero la realidad estalla ante sus ojos. ¿Y si la Argentina no se clasifica al Mundial de Rusia? El peligro es real y a los jugadores les atraviesa el cuerpo.

Al miedo del plantel lo acompaña la frustración de Sampaoli. Se castiga porque no torció una inercia negativa, pero está convencido de que la vía de escape será no abandonar una apuesta atrevida. Contra Perú y Ecuador, en esos 180 minutos que paralizarán los corazones. Cuanto antes habrá que superar el mazazo, porque aún aturdido se despidió el grupo rumbo a sus clubes. Esos lugares donde cada uno recupera la calma y el resplandor.

Se agota el tiempo. Cuando la Argentina perdió en Córdoba contra Paraguay, hace casi un año, se encendió la alarma. No todos la escucharon. Quedaban 24 puntos en juego y parecía un colchón tan mullido que despejaba los pronósticos más pesimistas. Ahora todos están advertidos que el tránsito por las próximas semanas se volverá incómodo y saber convivir con temores y desconfianza será mucho más trascendente que los análisis futbolísticos. Un laberinto del que sólo se podrá escapar con la clasificación a Rusia. Un hilo muy delgado.

Foto: Télam

Son horas de introspección. El cuerpo técnico está frustrado, le confiaron a la nacion desde su círculo más cercano. Horas y horas de estudio, de análisis, de charlas y viajes. y una raquítica cosecha de dos puntos. No estaba en los planes, claro. La inversión en atrevimiento, acaparando el protagonismo en el Centenario y sembrando cinco delanteros en el Monumental, creían que iba a ser recompensada con dos triunfos. Los números decepcionaron a Sampaoli, pero mucho más una sensación de vacío todavía ayer lo atormentaba: siente que no consiguió desbloquear a futbolistas que arrastran sus penurias pintadas en celeste y blanco. Como una deuda ante un grupo de jugadores, los históricos especialmente, que después de años de autogestión había aceptado que necesita ayuda, estructura, organización. Dejarse liderar, también.

Pero Sampaoli ya le advirtió a su cuerpo técnico que pronto habrá que dejar atrás el dolor y el enojo. Siente que no son buenos consejeros. La calma será imprescindible para corregir. ¿Ajustes urgentes? La eficacia, imprescindible. Pero además, sostener el dominio más tiempo y ajustar transiciones defensivas para no quedar tan expuestos. Sampaoli se impuso una obligación que pondrá a prueba su liderazgo frente al plantel: que la confianza persista en el fracaso. Que el plan original, bordado de audacia, no se resienta. Al contrario, va a insistir con la receta de asumir riesgos. Reclamará valentía para buscar la clasificación. Intentará persuadirlos de que el miedo -compañero inevitable hasta el final- no tiene que paralizarlos, sino precisamente llevarlos a desenfundar su rebeldía.


Diez partidos lleva jugados Paulo Dybala en el seleccionado argentino con una particularidad: pese a la muy buena temporada en Juventus, el cordobés aún no pudo convertir con la camiseta celeste y blanca.

Di María es el rostro de un desgarro emocional. Es el emergente de un pánico colectivo. Las sustituciones han sido frecuentes en la carrera albiceleste del delantero: fue reemplazado en 45 de sus 88 partidos. Pero brota un dato revelador, ya que seis veces en los últimos tres años salió por lesiones musculares: contra Bélgica en los cuartos de final del Mundial de Brasil; en la final con Chile de la Copa América 2015; contra Panamá y nuevamente Chile en la Copa América 2016; ante Bolivia en éstas eliminatorias, y anteayer. La angustia y la tensión, un cóctel abrasivo que deja huellas en el cuerpo. Bien al margen del clima traumático en el rival, Rafael Dudamel, el entrenador venezolano, actuó de psicólogo: "No están acostumbrados a transitar por estos momentos".

En dos semanas se conocerán los convocados para el asalto final. En octubre se resolverá el destino de la selección. En un parpadeo, en menos de un mes. El partido con Perú será el 5 y la visita a Ecuador, el 10. La selección nunca había perdido dos veces como local en la historia de las eliminatorias. Nunca habían ganado ni Ecuador ni Paraguay en sus visitas. Nunca Venezuela había rescatado un punto. Nunca la Argentina convirtió menos goles. La situación numérica es casi tan caótica como en los tormentosos días de Maradona como entrenador, y entonces la selección necesitó ganar los dos encuentros finales para asegurarse el vuelo a Sudáfrica 2010.

Foto: Santiago Filipuzzi

De las 16 fechas de las eliminatorias, en seis la selección terminó del sexto puesto para abajo; en otras seis, en repechaje, y apenas en cuatro en la zona de confort, en plaza directa. Síntesis contundente del calvario. Un viaje de dos años por Sudamérica con la Argentina casi siempre a kilómetros de distancia de Rusia. A muchos más que los 13.476 kilómetros que separan Buenos Aires de Moscú.

Si en las dos últimas jornadas se repitieran los mismos resultados que se dieron en los diez cruces de la primera rueda, los clasificados, además de Brasil, serían Uruguay, Colombia y Chile. ¿Argentina? Al repechaje. Vale recordar que con Perú, en Lima, con Bauza, apenas rescató un 2-2, y ante Ecuador, con Martino en el debut, cayó 2-0.

Sacar cuentas es inevitable. Con la cosecha ideal, 6 puntos, la Argentina terminará en el lote de clasificación directa y estará en Rusia. Probablemente con 4, al menos, se garantice el repechaje. Pero no sería irrelevante el orden de la suma: tres y uno, es decir derrotar a Perú y empatar en Quito significaría eliminar al equipo de Gareca, un rival directo. Al revés se extenderá la incertidumbre hasta el mismísimo cierre de las eliminatorias. Con 3 puntos, sólo quedaría elevar plegarias.

Y convendrá no perder de vista que en varias fechas los resultados de terceros sostuvieron a la Argentina. Como ahora, que la derrota de Paraguay en Asunción (Uruguay no le había ganado nunca por las eliminatorias) y la de Chile en La Paz (hacía 17 años que Bolivia no se imponía en la altura) le permitieron a la selección mantenerse en la línea de flotación. Si ellos ganaban, el equipo de Sampoli caía al estrepitoso séptimo escalón. Todo podría ser peor, un triste consuelo que la selección no debe atender.

Para tener en cuenta:

Cómo bajó la eficacia de Lionel Messi

El flojo momento del seleccionado argentino no ayuda para el lucimiento de Lionel Messi. El rosarino apenas convirtió un gol en el año para el conjunto albiceleste en cuatro partidos. Las comparaciones no resisten: en 2016, el N° 10 marcó ocho tantos; en 2015, cuatro, y en 2014, ocho.

Luque, sobre Leo: "Tuvo tareas buenas y otras flojitas"

Varios históricos opinaron sobre el seleccionado. Uno de ellos fue Leopoldo Luque. "No ganó nada con semejantes jugadores, todos en plenitud, y Lionel Messi está transitando una etapa de cambios. Está dejando de ser un récord de goles a ser un asistidor. Tuvo tareas buenas y otras flojitas", dijo, según Télam.

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