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American Horror Story: Cult define al triunfo de Trump entre el horror y la sátira política

Esta poco sutil pero muy efectiva metáfora de la actual situación social en los Estados Unidos tiene guiños cinéfilos y notables ideas de puesta en escena

Jueves 07 de septiembre de 2017 • 09:54
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Sarah Paulson como Ally Mayfair-Richards en American Horror Story: Cult
Sarah Paulson como Ally Mayfair-Richards en American Horror Story: Cult. Foto: FX

American Horror Story: Cult (Estados Unidos, 2017). Creadores: Ryan Murphy y Brad Falchuk. Elenco: Sarah Paulson, Evan Peters, Alison Phill, Billie Lourd, Leslie Grossman. Emite: FX. Nuestra opinión: Muy buena

"Lo que comenzó como lo indeseado, como lo imposible, hoy se ha convertido en realidad". La frase del periodista de Fox en la noche del inesperado triunfo de Donald Trump en las elecciones presidenciales de los EEUU es el eje que atraviesa la nueva entrega de American Horror Story . La antología de terror ideada por Ryan Murphy y Brad Falchuk convirtió lo siniestro en parte de su identidad, y en esta nueva temporada de muertes y pesadillas es la realidad política la que ha devenido en el peor de los mundos imaginados. La lectura del presente desde un género como el terror le permite a Murphy & Falchuk combinar el horror más espeluznante, con clowns asesinos y psicópatas esquizoides, con la sátira más negra que se haya visto sobre un presidente, sus detractores, y los miedos más irracionales que cimentan la vida del país más poderoso del mundo.

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Todo comienza esa noche: fatídica para algunos, orgásmica para otros. "La revolución ha comenzado". Kai ( Evan Peters ), con su pelo azul y sus ojos desorbitados, se erige como uno de los grandes villanos de la serie, retrato del white trash humillado por una Norteamérica que le ha dado la espalda y que ahora le regala el tiempo de su postergada venganza. La furia nace de sus ojos y se adhiere a su piel como la máscara de chizitos naranjas que evoca el bizarro bronceado de su líder. Las consignas de Trump adquieren en su voz un eco extraño, entre la broma y la locura, como las confesiones finales de Anthony Perkins en su encierro de Psicosis.

Si Kai representa el éxtasis del triunfo, del lado de los perdedores encontramos a Ally ( Sarah Paulson ), prototipo de la América de Obama: casada con una mujer, madre moderna de un hijo pequeño, bienpensante y luchadora por la diversidad. Para ella, el triunfo de Trump representa la explosión de lo atávico y lo brutal, la reaparición de las peores fobias, el miedo a los agujeros, a la oscuridad, a todo aquello que creía superado. Ya no hay, como para la Dorothy de El mago de Oz, ningún feliz regreso a casa. Es el hogar -el país- el que se ha poblado de payasos diabólicos sedientos de sangre. Murphy y Falchuck dan una vuelta más al tono habitual de la serie, transformando la conducta ciudadana en el disparador de una interminable pesadilla. Con guiños cinéfilos (la objetivación de la fobia como en la Repulsión de Polanski) y notables ideas de puesta en escena (el uso ambiguo de la subjetiva) nunca pierden de vista la gestación de una atmósfera de inquietud y extrañeza que resulta ser el retrato más oscuro de un presente caótico.

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