Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Siga el baile, la historia de un amor que trascendió prejuicios y fronteras

Divorcio en mano, a los 35 Daniel creyó que su vida sentimental estaba terminada; pero unas vacaciones en Brasil y un baile que nunca aprendió cambiaron el curso de su destino.

Señorita Heart

SEGUIR
PARA LA NACION
Viernes 08 de septiembre de 2017 • 00:58
0

A los 35 años, Daniel creía que su vida estaba en orden y con los objetivos que se había propuesto, ya superados. Tenía un matrimonio estable, un trabajo que le permitía vivir tranquilo y gozaba de buena salud. Pero en 2004, cuando nada hacía pensar que su destino daría un giro inesperado, su esposa decidió poner fin a la pareja y le pidió el divorcio. "Si bien con el paso del tiempo la relación se había deteriorado, la crisis económica de 2002 nos derrumbó como pareja en todo sentido. Yo sabía que estábamos pasando por un momento difícil, pero su decisión me tomó por sorpresa. Resolvimos la cuestión en ocho meses y yo entré en una etapa muy triste de mi vida: sentía que había fracasado y no tenía ganas de salir de mi casa", recuerda.

Su familia, un pilar fundamental en esos momentos sombríos, decidió sacarlo de la depresión y lo invitó a pasar las vacaciones en el destino que elegían siempre para esas fechas: Porto Seguro, en Brasil. "Mis hermanos, que son diez años menores que yo me convencieron con diferentes argumentos que, básicamente, se resumían en buenas playas, noches de fiesta y diversión asegurada. Sin nada que perder, armé entonces las valijas y me animé a la aventura". Ir a la playa fue todo un desafío: con 35 años y algunas canas, Daniel percibía que estaba un "poquito viejo para ese público y escondía mis canas mojándome periódicamente la cabeza en una ducha que estaba al lado de un playón donde un hormiguero de mujeres y algunos jóvenes bailaban perfectas coreografías de las músicas de moda".

En una de las visitas a la ducha, Daniel se quedó observando maravillado los movimientos que hacían los que bailaban y sin darse cuenta dijo en voz alta: "yo para bailar así necesito una profesora". Casi como un deseo que se hace realidad, una chica que estaba a su lado le dijo "yo soy profesora". Era la oportunidad perfecta para Daniel: ella era joven, simpática y parecía bien predispuesta a enseñarle pero la magia se rompió en cuanto ella aclaró. "Soy profesora de geografía y no sé bailar tan bien". A Daniel no le importó, necesitaba simplemente distraerse, tener una conversación amena y pasar un buen rato sin angustia. "Pudimos dar unos pasos juntos y conversar la poca media hora que se quedó hasta que desapareció. Logré conseguir el teléfono del hotel donde se estaba alojando, la llamé esa misma tarde pero no la pude convencer de ir a cenar. Sin embargo me prometió encontrarnos para ir a bailar al día siguiente en un parador playero. Llegué temprano para encontrarla pero me clavó", recuerda con un dejo de bronca.

Sin embargo, el destino quiso que Daniel y Debora se cruzaran una vez más. Ese día pasaron un largo rato juntos y hablaron con naturalidad, a corazón abierto. "Me gustó su espontaneidad y que me aceptara por lo que yo era. En esa época, yo mentía con mi edad y solía decir que tenía 29 años cuando tenía 35. Tenía miedo que la gente pensara que era un tipo mayor. Debora me preguntó en qué año había nacido; nervioso, hice mal las cuentas y me equivoqué. Ella, entre risas me dijo: uai! (expresión típica de Minas Gerais, de donde ella es oriunda) ¿las matemáticas son distintas en Argentina que en Brasil? ¡No me dan las cuentas! Entonces tuve que confesar mi edad y ella simplemente me sonrió". Cuando Daniel regresó a la sombrilla donde estaban sus hermanos no pudo contener la emoción y les aseguró que con esa mujer se iba a casar. "Prácticamente me sacaron la roja. ¿Sos o te hacés? Me increparon. Te trajimos para que te despejaras y ¿te enamorás a los tres días?". ¿Estaban en lo cierto? Nada era seguro en el corazón de Daniel, entonces ¿todo era posible?

"Le hice la cruz"

Esa tarde Daniel y Debora habían acordado visitar, al día siguiente, unas playas que se encontraban a 30 km de donde ellos se hospedaban. Debora iba a ir con sus amigas, Daniel con sus hermanos. Pero las mujeres y mucho menos Debora, nunca aparecieron. "Le hice la cruz", dice él. Pasaron otros tres días y una fiesta en la isla significó una nueva oportunidad de encuentro. Pero Daniel estaba desilusionado, entonces se limitó a saludarla y aunque ella lo invitó a bailar, él no aceptó. Pero su hermano logró convencerlo, Daniel recapacitó y accedió.

"A los diez días estaba en su Minas Gerais natal conociendo a su familia. A los veinte días de conocernos ella ya viajó a Buenos Aires a conocer a mi familia... y a los noventa días había renunciado a sus tres trabajos y estaba viviendo conmigo acá", detalla Daniel. El capítulo siguiente era casi una formalidad, ¿contraerían matrimonio? ¿Daniel no tenía miedo a repetir su experiencia anterior? "Desde un principio sentí una sensación muy intensa que me indicaba que esa persona me la había enviado Dios para ayudarme a rehacer mi vida y volver a creer en el amor y en el matrimonio. Ya en el primer viaje a su ciudad, fui sincero y aclaré que no tenía intenciones de noviar a distancia por mucho tiempo y que, de prosperar la relación, no iría a vivir a Brasil pero sí estaba decidido a casarme, porque presentía que era el amor de mi vida".

Convivieron un año en la capital porteña y un 8 de septiembre de 2006 dieron el sí para sellar su amor con ese compromiso. Hoy Daniel y Debora cumplen 11 años de casados, tienen dos hijos, Sofía y Lucas y siguen juntos, sin saber bailar.

Si querés que la Señorita Heart cuente tu historia de amor en sus columnas, escribile a corazones@lanacion.com.ar con todos los datos que te pedimos acá.

En esta nota:
Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas