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Recomendado del fin de semana: CheChelos, la revelación de Cosquín

El dúo de chelistas sorprende con su original formación, tocando nuevos arreglos del folklore con la influencia del rock y el jazz

Viernes 08 de septiembre de 2017 • 12:35
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LA NACION
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Mauro Sarachian y Ramiro Zárate Gigli, integran este original dúo
Mauro Sarachian y Ramiro Zárate Gigli, integran este original dúo.

Todo sucedió muy rápido. Se formaron en enero de 2016 y un año después se convertían en el grupo Revelación del Festival de Cosquín 2017. El dúo de violonchelos -formado por Mauro Sarachian y Ramiro Zárate Gigli- sorprendió al público con una idea muy simple, combinar el sonido de ese instrumento con un repertorio del folklore que abarca desde autores clásicos como Los Hermanos Abalos a autores contemporáneos como, Ramiro González y José Luis Aguirre. El ensamble presentará su primer disco Instinto, hoy, a las 21, en el Café Vinilo, Gorriti 3780

-¿Cómo surgió la idea del proyecto?

-El dúo comenzó durante una gira de la Orquesta Filarmónica de Río Negro. En esa época vivía en Córdoba y viajaba una vez por mes para tocar con esa orquesta que es itinerante y reúne músicos de todo el país. Durante una de sus giras por Río Negro, en un pueblito llamado Maquinchao, se armó una guitarreada entre todos los músicos. Nosotros estábamos con Mauro, mi compañero, y los únicos instrumentos que teníamos eran los chelos, así que nos pusimos a tocar folklore con ese instrumento. Como vimos que sonó tan lindo en esa zapada, en cada gira tocábamos un tema como soporte de la orquesta. Nos entusiasmó la idea de hacer folklore con chelos y armamos una gira de cinco conciertos por Córdoba, donde vivía. En ese momento, nos enteramos que estaba el certamen de la Chaya en La Rioja. Nos presentamos y ganamos. Así que en una semana de vida ya estábamos tocando en festivales de folklore.

-¿Qué repertorio sentían que podía adaptarse bien al sonido del chelo y cómo lo eligieron?

-Como los dos vivíamos lejos y sólo nos veíamos cuando tocaba la orquesta empezamos a armar el repertorio folklórico con aquellos temas que sabíamos tocar cada uno. Algunos los escribimos en partituras. Otros, jugamos con la improvisación y la espontaneidad. Los temas de alguna manera nos fueron eligiendo a nosotros. Muchos años fui músico de la banda de Ramiro González (un cantautor riojano) y a raíz de eso propuse sus canciones para grabar en nuestro primer disco. También incluimos obras de otros autores, que eran vecinos míos, como José Luis Aguirre y Pachi Herrera que tocó con Ricardo Vilca. Y, también, queríamos abordar repertorio tradicional y que esté bien metido en el oído popular como "El Cosechero" de Ramón Ayala o la obra de los Hermanos Abalos.

-¿Cúal fue la recepción de la propuesta, al principio?

-Con el chelo se puede tocar folklore tranquilamente sin que deje de sonar folklórico. Cuando tocamos una chacarera la gente baila. Hace poco nos pasó que fuimos a tocar la peña oficial de Cosquín y estaba todo el mundo bailando nuestras versiones de las zambas. Desde el principio nos aceptaron. Otra cosa que nos pasó es que tuvimos buena aceptación del folklorista en general como de los músicos. Nosotros, por ser violonchelistas, pertenecemos al mundo académico y, a la vez, al hacer folklore entramos en el mundo de la música popular. Conocemos a muchos músicos de ambos lados y recibimos una buena onda de todos. Incluso, además de los seguidores del folklore más under, conseguimos aceptación del folklorista más conservador.

-¿Cómo abordaron las versiones y los arreglos de esos temas folklóricos con un instrumento que viene del mundo académico?

-Para que el folklore suene a folklore y no suene a música clásica estamos desarrollando técnicas para poder tocarlo. Lo que inventamos fue adaptar el "chop", una técnica estadounidense que simula un chasquido de guitarra que se usa en el violín para tocar música country. Lo que hicimos fue reproducir las onomatopeyas rítmicas que se hacen en la guitarra y reproducirlas en el violonchelo. Eso le da una base rítmica. Así como utilizamos la formación de acordes usando la mano derecha como los guitarristas. Eso hace que cuando tocamos folklore con los chelos tenga ese sonido de raíz y no sea un conjunto de música académica que toca una arreglo de folklore, que es lo que suele pasar. Son instrumentos nada habituales para el género, pero por eso creemos que cuando los bailarines nos escuchan se animan a bailar.

-¿Qué influencia tuvieron o reconocen en el concepto de este proyecto?

-No hay referentes del folklore en el chelo y ese es un camino que estamos empezando de alguna manera. Pero si hay agrupaciones que tocaron versiones de folklore trabajados como música académica. Obviamente algo que nos influenció, no musicalmente ni artísticamente, fue la aparición de 2Cellos. Igual, nosotros encaramos una búsqueda distinta en lo musical con una raíz más telúrica, apuntando a la defensa de nuestra música. Pero sí nos ayudó ese impulso masivo que tuvieron los 2Cellos y que popularizaron el instrumento. De repente la gente empezó a ver videos de chelos y hacer viral un instrumento que nunca fue masivo. Nosotros igual no quisimos hacer una versión argentina de ese proyecto. Nosotros le dimos otra personalidad, porque cantamos y tenemos un repertorio folklórico. Esa es la gran diferencia.

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